Acabo de llegar del aeropuerto y el calor de la bienvenida me envuelve tan pronto como salgo de la terminal. Allí están, mis padres, con sonrisas radiantes y brazos abiertos. Mi madre, con su cabello castaño y sus ojos amables, me abraza con fuerza, como si intentara absorber todo el tiempo que hemos estado separados. Mi padre, siempre el pilar de nuestra familia, me da una palmadita en la espalda que mezcla orgullo con cariño. Ellos son los mejores padres que pude tener en el mundo, y no hay nada más reconfortante que su amor y su apoyo.
—¡Matías, qué bueno verte de nuevo! —dice mi madre, su voz llena de emoción. —Te hemos extrañado tanto.
—Yo también los extrañé —respondo, sintiendo una oleada de gratitud y felicidad al verlos.
Mi padre se pone serio, pero sus ojos revelan la misma alegría. —Hijo, estamos muy orgullosos de ti. No puedo esperar a que te adaptes a tu nuevo rol y veas cómo sigue todo aquí.
—Gracias, papá. —Lo miro con aprecio. —Voy a hacer todo lo posible para no defraudarlos.
Nos dirigimos a casa, y mientras viajamos en el coche, la conversación fluye naturalmente, llena de anécdotas y planes. El regreso a la rutina familiar es un alivio, y el mundo parece encajar de nuevo en su lugar. Aunque tengo muchas cosas en mente, como adaptarme a mi nuevo rol y los desafíos que vienen, estar rodeado de mi familia me da una confianza renovada.
Al llegar a casa, el ambiente es cálido y acogedor. La familiaridad de cada rincón me envuelve, y sé que estoy listo para enfrentar los próximos desafíos con el respaldo de mis seres queridos.
Cuando llegué a casa, el bullicio del aeropuerto se desvaneció en el cálido abrazo de la familiaridad. Lucia, mi hermana menor, me vio desde la entrada y su expresión de alegría se transformó en una sonrisa radiante. Sin dudarlo, corrió hacia mí y saltó a mis brazos. La atrapé con firmeza, y no pude evitar girarla en el aire, riendo al sentir su risa contagiosa.
—¡Matías, te extrañé tanto! —exclamó Lucia, su entusiasmo evidente mientras la sostenía. Me sorprendió lo grande que se ha hecho. La última vez que la vi, era una niña pequeña, y ahora es toda una mujercita de diecinueve años, hermosa y llena de vida.
—Yo también te extrañé, Lucía. —La puse suavemente en el suelo, sintiendo una mezcla de orgullo y asombro por lo mucho que ha crecido.
Después de ese cálido reencuentro, mi atención se dirigió a Ellian, mi hermano que también ha crecido mucho. Ahora es un joven de dieciocho años, con una presencia imponente que contrasta con el niño que solía conocer. Me acerqué a él y le di un abrazo amistoso, notando cómo ha cambiado y se ha convertido en un hombre joven.
—Ellian, ¿cómo has estado? —le pregunté, mientras lo abrazaba.
—Todo bien, Matías. —Ellian sonrió, mostrando una madurez que me sorprendió. —Me alegra verte de vuelta.
La familia reunida en casa me llenaba de un sentido de pertenencia y alegría. Aunque me esperaba un ajuste significativo a mi nuevo rol y las responsabilidades que conlleva, estar rodeado de mi familia me daba la fortaleza y el apoyo que necesitaba para enfrentar lo que estaba por venir.
Mamá nos miró con ternura y nostalgia, sus ojos llenos de una mezcla de felicidad y tristeza.
—Finalmente tengo a mis tres pequeños juntos... —comentó, con la voz entrecortada—. No quiero irme...
Lucía, con su pragmatismo habitual, le respondió suavemente:
—Claro que te irás, mamá. Papá ha planeado este viaje durante meses. Ustedes dos merecen disfrutar de su tiempo juntos. Ya somos grandes.
Yo asentí, reafirmando las palabras de Lucía:
—Lucía tiene razón, mamá. Papá y tú deben aprovechar la vida. Yo me encargaré de mis hermanos y de la empresa. Además, no moriremos en un año sin ustedes.
Mamá sonrió, aunque su mirada aún reflejaba una mezcla de emociones. Sabía que dejar el control de la familia y la empresa en nuestras manos no era fácil para ella, pero también comprendía que era el momento adecuado para que se tomaran un merecido descanso.
Me dirigí a mi habitación para darme una ducha rápida y cambiarme de ropa. Aunque quería refrescarme, el pensamiento de la conversación con papá me inquietaba. Bajé nuevamente al salón, donde él me esperaba con una expresión grave.
—Papá, no te preocupes. Yo estaré bien —le aseguré—. Te prometo que no te llevaré a la ruina. Tengo grandes planes para nuestra empresa.
Papá, con una expresión que mezclaba preocupación y resignación, me interrumpió suavemente:
—No se trata de eso, Matías. Quiero hablar de Katia.
Mi corazón se tensó al oír el nombre de mi hermana. Sabía cuánto le dolía a papá, y a mí también me afectaba profundamente.
—Sé que te duele y lo entiendo, papá —dije con voz firme—. A mí también me duele la pérdida de Katia, pero es mejor resignarnos. Lo más probable es que Bruno o su tía se la hayan llevado lejos. Tú hiciste todo lo posible. Has gastado una fortuna en detectives y nunca te rendiste en los últimos dieciséis años.
Papá asintió lentamente, su rostro marcado por el tiempo y el dolor.
—Hace dos años cancelé la búsqueda. Quiero cerrar el ciclo. —dijo con una tristeza palpable—. Pero aún siento que necesito decirte esto, porque eres el único que queda que podría entenderme completamente.
Me acerqué a él, poniendo una mano en su hombro con comprensión.
—Lo entiendo, papá. Y aunque el dolor siempre estará ahí, lo importante es que seguimos adelante. Estoy aquí para ti y para la empresa. Vamos a enfrentar lo que venga, juntos. Diviértete con mamá.
Fuimos interrumpidos cuando mamá entró en la sala y abrazó a papá con calidez.
—Troy, no le hables de negocios a Matías. Él acaba de llegar y debe divertirse —dijo mamá con una sonrisa.—Mi amor, me encanta que seas un hombre exitoso, pero yo quiero verte enamorado.
Me eché a reír de nuevo.
—Enamorado... —dije, bromeando—. Aún no he encontrado a una mujer tan perfecta como tú, mamá.
Papá rió y mientras la rodeaba de la cintura.
—Debes esforzarte. Yo tenía tu edad cuando ella me encontró. Pronto encontrarás a tu Ally. Ella estaba tan nerviosa que tartamudeo su nombre, soy Lu, Lucia.— Se burla papá — Porque ni siquiera uso su nombre verdadero. En ese momento me enamoré de ella.
— Eres un torpe — Se burla Troy.
— Pero un torpe sexy.— Bromea él mientras deposita un beso en su mejilla.—Bueno, entonces, Matías, diviértete. Lucia organizó una fiesta y seguro que será una gran ocasión para ponerte al día con todos. — Informa papá — Les dejaremos la casa solos con sus amigos. Sean responsables.
— Claro, los amo.