Pelirrojo arrollador

1506 Palabras
Peyge Despierto a las cinco de la mañana, me doy una ducha y uso mallas negras, sudadera y zapatillas deportivas, abro las cortinas y pude ver algunos chicos deambulando, el equipo de seguridad es importante para la familia O’Neill Dormí plácidamente toda la noche, saber que estaba bajo el techo de mis padres es reparador. Despertar temprano es parte de mi rutina diaria, correr y ejercitar mis músculos me ayuda a drenar, distraer mi mente y a olvidar. Salgo en silencio, sin embargo, ya mi madre se encontraba levantada, usa un camisón largo, su cabello suelto y justo me esperaba con una taza de café, sé lo que significa. —Buenos días, amor. —Besa mi mejilla, gesto que devuelvo. Huele delicioso, es perfecta. —Buenos días, madre. ¿No es muy temprano para que estés despierta? —Pregunté un tanto preocupada al verla sola. —No, mi cielo, quería preparar tu café, sé que no puede faltar para iniciar tu mañana. —Hago un puchero. —Eres mi nena ¿Lo sabes verdad? Trago grueso —Lo sé madre, gracias por estar siempre atenta, eres la mejor madre que la vida me pudo haber regalado. —Y tú la nena que Dios me dio. Te amo y en mí puedes confiar, lo sabes, puedes contar conmigo, no te juzgaré. —Dejé la taza de café. —Sé que entre Payton y tú sucedió algo, estoy respetando su privacidad, porque comprendí que ya crecieron, son unas profesionales con una vida planeada, pero el amor de una madre dura para siempre. Si ella te lastimo debes hablarlo, no es la crianza que su padre y yo les dimos, el respeto familiar debe existir. —Debí abrazarla y llorar en su hombro ¿Cómo le cuento? —Gracias mamita, solo puedo agradecerte, te contaré a su tiempo, por el momento iré a correr. Juro que es muy difícil conversar este tema. —Bese su frente. Sus manos delinean mis mejillas. Esto es el verdadero amor, que sana simplemente con una caricia. —Ve amor, te esperaré con un desayuno nutritivo. Estaré lista el día y a la hora que sea para escucharte. —Sonrió. —Mamita ya sé lo que tramas con el café y el desayuno… —Se queda mirando un punto fijo —No quieres que busque apartamento. —Sus mejillas se tornan rojas, la descubrí. —Esta es tu casa, sé que cada uno hará su vida, pero aquí fácilmente pueden vivir todos, cuando se casen y me veo con los nietos corriendo por todos lados. —Me tenso al escuchar lo de los nietos. —Saldré a correr mamita, te amo, iré por las adyacencias. —Asiente —Estaré sola. —Aclaro, no deseo compañía. Salgo fuera de la fortificación de la residencia, enciendo mis manos libres, coloco mi Playlist favorita, guardo mi celular en unos de los bolsillos internos de mis mallas y sin más corrí calle abajo, despacio, un gimnasio no me da la libertad de ver a las personas ajetreadas, son las seis treinta de la mañana. Algunos caminan relajados por las calles de la ciudad, otros corren, algunos distraídos chocan con otros. Antes de cruzar la calle me fijo que se encuentre la señal del semáforo como corresponde, avanzó dos calles más hasta encontrarme en pleno centro, una llamada entra a mi celular y de forma automática se responde —Nena al fin contestas —Detengo mi andar, mis piernas se quedan ancladas al piso. —Drew vete a la mierda. —Dije molesta, olvidé que me encontraba de regreso a New York hasta que de pronto un coche me golpea tirándome al suelo. Mis glúteos se magullan, mi pierna duele y mi cabeza un poco más. Intento moverme, pero es imposible, la puerta del coche se abre, un par de zapatos negros brillantes, es lo primero que pude mirar, lo demás no lo esperé. —¿Tú? —Se arrodilla, lo que me faltaba, primero la maleta, ahora intenta asesinarme. Deseo hablar; sin embargo, las palabras no salen, Drew pregunta desesperado si estoy bien, el derrape del auto se escuchó a kilómetros. Se detuvo antes y me golpeó de manera sutil, si no otra historia sería contada. —Lo siento, perdóname, no te muevas, llamaré a la ambulancia, lamento que nuestros encuentros sean aparatosos. —El dolor continúa en aumento. Una mujer bastante odiosa se acerca. —No puedo llegar tarde, pedí al chófer de mi padre que viniera por mí, tú, —Tiene la osadía de señalarme —Mira por dónde caminas la próxima vez. —Se despide con un beso en la boca, que él responde de manera fugaz, una molestia se instaló en mi ser. —¿No puedes hablar? —Pregunta. —¿Quién es ese? ¿Payge qué sucedió contigo amor? —La voz de Drew me enerva, es un hijo de su madre descarado, tomé airé suficiente para poder responder, no comprendo, bloquee su número y el de toda su familia. —No me digas mi amor imbécil —Me observa como si fuera una desquiciada, con gran esfuerzo saqué mi teléfono celular y colgué la llamada. —Pensé que era conmigo. —Deseo abofetear a este tonto pelirrojo arrollador, me puse de pie. —Estoy bien. —Solté de mala gana, mi día se arruinó. Su expresión facial me indica que difiere de mi declaración —Puedes tener una contusión cerebral, alguna fractura, no puedes irte. —Debo alejarme del hombre que me intentó asesinar, primero intentas robar mi maleta, ahora en venganza me lanzas tu carro encima. —Al ejercer un paso estuve por caer, cierro los ojos esperando el impacto; sin embargo, un par de brazos fornidos sostienen mi cuerpo impidiendo el golpe. —Juro que fue casualidad, el semáforo estaba en verde, fuiste tú quien se atravesó. Nunca asesinaría a nadie, así fueras tú—Me dedico a mirarlo de mala gana. ¿Qué significa eso? Tonto. El corazón se me saldrá por la boca ¡Dios! Es hermoso. Mis pezones se irguen delatándome, su tibieza es agradable y su rostro desde cerca es perfecto. Tiene infinidades de pecas que por alguna razón me encantaría contarlas con besos ¡Que tonta! —Suéltame. —Realiza lo contrario, su agarre se intensifica. —No puedo, te lastimé, debo ser responsable, déjame llevarte a un centro médico. Todos nos están mirando y me insultan por tu culpa. —Es lo menos que mereces. Ciego. —Te pido disculpas. Más que dolorida, me encuentro nerviosa, corrijo, el pelirrojo me hace sentir nerviosa. Debo distanciarme, no quiero sufrir más, tiene pareja, no es correcto desear probar sus labios perfectos, me trago parte de mi orgullo y sedo aceptar sus disculpas, que no remedian el golpe, pero me servirán para huir. —Acepto tus disculpas, ahora déjame continuar. —Sostiene mi cuerpo entre sus brazos enmudeciendo por completo, me apresa y mi cuerpo empeora, estoy a pocos segundos de un paro cardiaco, zafarme se me es imposible, me sube al su coche y el perfume de esa mujer es tan odioso como ella. El silencio me invade, los nervios se apoderan de mí. —Te llevaré a un hospital. —No es necesario. Estoy bien. —En serio lo lamento —Su auto no se detiene. —Te llevaré a que te chequeen. —Me observa. El dolor es fuerte, mi pierna duele, espero no sea nada grave. Sentí un leve mareo, cerré los ojos y reposé mi cabeza del asiento, segundos después un apretón en mi mano me hace sobresaltar. —No puedes dormir. —No lo estoy. —Dije huyendo de su tacto, al recordar que me toqué pensando en él, me hace jadear, apreté mis piernas y se preocupó. El auto se detiene y una vez más me sube a sus brazos, enmudecí, su aroma es suave, pero él es tan varonil. —Doctor ¿Qué sucedido? —Necesito que la atiendan de inmediato, le realicen rayos X y una resonancia magnética. —Es exagerado de tu parte. —Deja mi cuerpo en una camilla. —Tal vez, pero prefiero ser exagerado que no examinarte correctamente, no es mi área, pero me encargaré de ti, luego te llevaré a tu casa. —Asiento, saqué el celular y le escribí a mi madre, no le diré dónde estoy, se preocupará. Como lo ordenó el tomate me examinaron de pies a cabeza, tengo rosetones en la pierna y rasguños, nada grave, sin embargo, la doctora recetó un par de medicina. No se aparta de mi lado. —Tomaré un taxi. —Dije cuando al fin me dieron de alta. —No, te debo un desayuno de recompensa ¿Podemos empezar desde cero? —Extiende su mano, esa pregunta me deja en blanco, como lo hago, si me toque pensando en él, vio mi ropa interior, mi juguete y aparte casi me mata, bueno, estoy exagerando. —¿Desayunamos? —Trago grueso, sus ojos verdes son intensos, extendí mi mano para recibir la suya.
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