Señorita Baby Doll

1102 Palabras
Zaid Ella tiene muy mala suerte o el destino se empeña en que la arrolle, verla tirada en el suelo por mi causa una segunda vez me hace sentir el hombre más torpe de la historia. Olvide que Chantal venía conmigo, que me besara delante de ella, no me agrado ¿El motivo? A decir verdad lo desconozco. Trago grueso al querer probarla, no soy un adolescente, pero me estoy comportando como uno. Llevarla al hospital fue sencillo, el problema radica en que dilate sus chequeos, solamente para tenerla unos minutos más, patético lo sé. —¿Discutías con tu novio? —Pregunto rompiendo el silencio incómodo. —No, dejo de ser mi novio. —Su tono lleno de amargura y decepción se distingue. —Lo dejé atrás al volver a la ciudad, no merece ese título, le quedó grande. De igual manera, un amor a distancia no era conveniente para ninguno. —Comprendo, eres soltera —Afirmó —Lamento arruinar tu mañana. —No la arruinas. —Dice bajito, debí mirarla y sus ojos se conectan con los míos. Es una mujer realmente hermosa. —Lamento, si he sido grosera, no soy así, mis padres me educaron correctamente, no soy una niña rica malcriada por sus padres, ni mucho menos. Por supuesto que es rica, aclarando, está rica que es distinto. —No diría eso, mis sobrinos son consentidos por sus padres y no son malcriados, solo saben defenderse, que es distinto. Diría que eres una consentida, recibir amor es maravilloso, valora a tus padres —No sé porque le dije tal cosa. —Además, me gusta tu carácter. —No pensarás igual si conocieras a mi gemela, ella es… —Sentí algo más en sus palabras. —Una diosa carismática y yo siempre he sido la tonta Payge, demasiado noble y… —Perfecta, eres realmente perfecta, si tu gemela te hace sentir así deberías hablarlo y trazar un límite. —Solté la lengua de más. Seguiré en la misma onda, somos adultos y es claro que ambos nos gustamos, estoy comprometido, eso es malo. —Note que al enojarte tus mejillas toman un color carmesí hermoso y tus ojos se vuelven más azules. —Aprovecho el semáforo rojo para mirarla —También muerdes tu labio cuando te encuentras nerviosa, el problema es que me haces antojar de ellos. —Solté con toda la sinceridad que me caracteriza, las ganas de besar sus labios se está convirtiendo en un reto, no de mala manera, el reto es controlar mis impulsos. —Eres observador, pero le diré doctor corazón, no me acostaré contigo solo por un desayuno. —Lo arruiné una vez más, la sinceridad se pasó de sincera. ¡Maldición! —Es claro, no soy de ese tipo tampoco, señorita Baby Doll —Una vez más la hago enojar y avergonzar. —Abre el coche o romperé la ventanilla. —Suelta rabiosa. —Eres un imbécil, aparte de torpe, claro está. Si soy la señorita Baby Doll no es tu asunto. Ahora tengo una nueva misión: calmar a Payge —Hicimos las paces, el odio solo envenena el alma. —Exhala con brusquedad y me mira mal. —Además, la única manera que te ofrezca desayuno y sexo, es que pases una noche conmigo, amanezcas en mi cama y gustoso te haría el desayuno. —¿Así conquistaste a la sangrona que te besó? —Recuerdo que fue Chantal quien me conquistó a mí. —No, ella me tendió una trampa para enamorarme. —Rueda los ojos y chasquea la lengua, el timbre del claxon del coche de atrás me trae a la realidad, avanzó por las calles de la ciudad, necesito conseguir un lugar discreto, apartado donde seamos ella y yo. —¿Cómo lo hizo? ¿Te amarró a una silla hasta que dijeras que sí? Soy de las primeras impresiones y ella es amarga. —Una carcajada sale de mi garganta. —En cambio, tú, eres un torpe noble. —Sonrió. —Demasiado noble para ser sincero, tenemos algo en común. —Nuevamente, el silencio se cuela entre ambos. —Le ayudo a bajar, la traje a un café apartado, es un lugar bastante discreto. —Es lindo. —Suelta relajada, una llamada entra a su teléfono. —Hola madre, estoy bien, me encontré con un amigo y me invitó a desayunar. Iré en un par de horas, me pondré al día, estuve muchos años fuera, es mucho lo que tenemos por conversar. —Es mentirosa, me agrada. —Claro, madre, lo invitaré a cenar luego. Nos guían a la mesa con mejor vista. Lo divertido de este lugar. Al colgar hale su silla y posicione la mía muy cerca. —Amiga, debes ponerme al día. —Solté divertido y sus mejillas se tornaron rojas, es vergüenza de haber mentido. —¿Cuéntame dónde estabas? ¿Por qué no te conocí antes? —Me fui a Sídney a estudiar. Australia parecía un buen lugar para alejarnos de los problemas. —¿Qué estudiaste? —Fui a la facultad de ingeniería, escogí la rama industrial. Luego me arrepentí, quisiera ser abogada y encargarme del despacho de mi padre. —Nunca es tarde, puedes hacerlo. —La imaginé vestida de abogada y bajo de ese traje sus prendas transparentes ¡Dios! Mi mente se está enfermando. Pedimos dos cafés, ella solo panqueques con crema y nada más, por mi parte solo un café. La observó comer y una pequeña gota de la crema escurre por la comisura de sus labios. Tener control es difícil, me acerque, lleve mi pulgar al área, retiré el exceso y lo lleve a mi boca. Se queda mirando fijo —Es la crema más deliciosa que he probado antes. —Traga grueso y sus ojos oscurecen. Estamos solos, unta sus labios por completo y en un segundo se acerca a mí. —Puedes probar si quieres. —Maldición, claro que quiero, me acerco, mis dedos rodearon su nuca y mi boca se come la suya. Jadea al sentir que succiono su labio inferior. El beso se intensifica cuando se sube de piernas abiertas en mi regazo. Sus labios son más dulces que la miel. Nos olvidamos de respirar jodida química que me enloquece, es tan sencillo sentirme en confianza. Me levanté, deje dinero en la mesa, desconozco cuanto, salimos del lugar para subirnos al coche. Mis manos se cuelan debajo de sus mallas y su pelvis se mueve magreando mi hombría. Jamás le había sido infiel a Chantal, esta sin duda será mi primera vez. No pienso dejarla ir, no sin antes probar su cuerpo.
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