Payge Mientras observaba con detalle su rostro, sus pestañas largas rojizas, sus pecas repartidas en los pómulos y la nariz, sus labios provocativos y sus ojos brillantes. Por alguna razón mi cuerpo entró en combustión, es como si él fuera gasolina cerca de una chispa que se acrecienta en cada gesto. Es cautivante, único e inexplicable. Confieso lo que nadie más sabe y me atrevo hacer lo que jamás haría con un desconocido: besarlo, dejar que me toque. Dos segundos después estábamos dentro de su coche. Estoy loca, pero, por una vez en mi vida, deseo arriesgar el qué dirán por un poco de locura, olvide que mi pierna dolía, sus labios gruesos succionan los míos de manera indecente, sus dedos se encajan en la carne de mi trasero y mi humedad se extiende. Estoy sedienta de un poco más. —Est

