De esa forma, la mañana se fue volando, y finalmente la hora de la comida llegó. Eru se sentía sediento y hambriento, porque desde que llegó al castillo de los Gastrell, no había bebido una gota de agua, y mucho menos probado alimento alguno. De esa forma, todos los esclavos se dirigieron a un área bastante alejada del castillo, en los terrenos traseros, allí reunían a todos los esclavos para alimentarlos. Todos debían hacer filas, dividiéndolos entre hombres, mujeres y niños, en los cuales, al llegar, debían coger un tazón, y un vaso de madera, donde les servirían comida tres mujeres esclavas que se encargaban de la cocina. Eru observaba como todos poco a poco iban avanzando, y él cuando veía que los humanos les llenaban un tazón de una comida liquida, más un vaso grande de agua, no pudo

