Episodio 1

3421 Palabras
Era solsticio de invierno, y todas las embarazadas de esa aldea en el bosque, de la isla de los elementales, se preparaban para dar a luz. Según la tradición, todas las mujeres debían dar a luz al mismo tiempo, y aunque sonara imposible, para los elementales era algo común, que el acto de nacimiento fuera sincronizado, ya que a mediados del periodo solar (en la tarde) todos debían reunirse con los bebés, y así celebrar el nacimiento de los nuevos integrantes de la aldea del bosque, y, además, festejar otro tiempo más en el mundo para el resto de los suyos. Sin embargo, un embarazo estaba presentando complicaciones, y el esposo, junto con la partera, se podía dar cuenta que la madre lucia muy mal, algo que nunca había ocurrido, es por eso que la partera encargada de mantener la tradición, tuvo que acercarse al padre para decirle lo que ella a simple vista pudo notar.   −Elrond… tenemos que hablar−Dice la partera, apartando al padre, el cual podía ver como su elemental lucia muy mal.   El preocupado elemental se aleja, viendo con temor a la partera, porque esta lucia demasiado seria.   −Puedo sentir que Erwin no soportará este embarazo. El pequeño viene en una posición distinta a la acostumbrada, si da a luz al bebé en esa posición, la destrozará por dentro y morirá. Eso significa que el cielo ha decidido acabar con la vida de Erwin hoy, porque otra opción sería matar al bebé, y así ella pueda vivir, sin embargo, eso está prohibido, no podemos quitarle la vida a un ser que está a punto de nacer−Explica la partera, sabiendo que nunca había ocurrido algo similar en siglos.   Elrond, al escuchar esa terrible noticia, abre sus ojos por el horror que sintió, ya que cualquiera de las dos opciones era terrible para él. No quería perder a su esposa por cumplir con los designios del cielo, ni tampoco a su primer hijo. El elemental sintiéndose en una encrucijada, se coloca las manos en la cabeza, mientras siente como un nudo se forma en su garganta, por la impotencia que comenzó a sentir en ese instante.   − ¿Realmente no hay otra opción? ¿No podrías cambiar al bebé de posición? Para que nazca a mitad del crepúsculo como todos−Pide Elrond, con una pequeña sonrisa llena de preocupación, la cual se desvaneció al ver como la partera con pesar, negó con la cabeza.   −Ya lo intenté, pero el bebé no se mueve… se niega a cambiar de posición−Declara la elemental, ahora viendo con tristeza a Erwin, quien respiraba entrecortadamente, porque ya se sentía cansada.   −Salva a Erwin… diremos que el bebé nació sin vida. Nadie se enterará, que esto sea un secreto entre tu y yo−Murmura Elrond… pensando que, en esa situación, lo más razonable, era sacrificar al bebé, y volverlo a intentar en el siguiente solsticio de invierno−Yo se lo diré−Indica, acercándose a la madre para decirle su decisión.   Con lentitud, Elrond se acerca a Erwin, viendo como su esposa, la cual era un elemental azul, se encontraba empapada en sudor, respirando entrecortadamente, sintiendo que cuando tenía ganas de pujar, le venía un dolor insoportable que la hacía gritar.   −Amor… ha ocurrido un problema−Le dice Elrond, agachándose para estar a la altura de su esposa, mientras le acaricia su cabello azul.   − ¿Q-Que ocurre? −Pregunta la mujer, volviendo a quejarse después de hacer esa pregunta.   −Si el bebé nace, te destrozará por dentro y morirás… pero la partera puede ayudarnos, te salvaremos a ti… tendremos otro hijo en el siguiente solsticio de invierno−Explica el elemental sin demasiados preámbulos, a su esposa que se torna seria de inmediato, negando con la cabeza.   −No, no podemos matar a nuestro hijo−Dice con mucha certeza, viendo a Elrond, el cual ahora miraba a su esposa como si esta hubiese perdido la cabeza.   −Pero si no lo hacemos, él te matará a ti… podemos intentarlo el otro…   − ¡NO LO MATARÉ! −Grita a todo pulmón la esposa de Elrond, al compás de otra dolorosa contracción−S-Si así quiere el destino, d-debemos aceptarlo, Elrond. Nuestro bebé de-debe nacer… la naturaleza así lo dispuso, y si yo tengo que morir, no es nuestro deber contradecir a la madre tierra ni al cielo−Indica la hermosa elemental con una pequeña sonrisa, mientras que Elrond niega con la cabeza, al mismo tiempo que las lágrimas que tenía contenidas desde hace minutos atrás, comienzan a recorrer sus mejillas.   − ¡No, no puedes morir! −Exclama el elemental, sujetando la mano de su esposa, para reposar su rostro sobre ella sin dejar de llorar.   −Ya está decidido… partera, haga lo que tenga que hacer. No puedo esperar más… siento… mucho dolor. Los de la aldea comprenderán…−Indica Erwin, mientras que Elrond quien, en el fondo, sabe que no debe ir en contra de la madre naturaleza, ni el cielo, entiende que la decisión de su esposa era la más acertada, a pesar de su propio egoísmo por tener al amor de su vida a su lado.   Elrond, prefiere salir de la habitación, para dejar a solas a la partera con su esposa, porque él realmente no quería ver como su hijo al nacer, destrozaría a su amada Erwin, quien, como él, también dominaba el poder del aire, y ya tenían 103 años juntos, hasta que finalmente decidieron tener un hijo que, los llevó a ese final tan trágico.   El elemental se sentó en el suelo, escuchando los gritos desgarradores que hacía Erwin, y él, ahora hecho un ovillo en el suelo, se cubría los oídos, para no escuchar el sufrimiento por el que estaba pasando su amada, hasta que luego de unas dolorosas 2 horas, Erwin deja de gritar, y lo que escuchan es el llanto de un bebé. Elrond se levanta del suelo sintiéndose exhausto mentalmente, entrando a la habitación, viendo primeramente como la cama donde yacía Erwin estaba llena de sangre, y ella más pálida que nunca, tenía los ojos entreabiertos con una mini sonrisa en sus labios resecos. Elrond ni siquiera se acercó a la partera y al bebé, ya que este lo que hizo fue acercarse a su esposa, la cual todavía respiraba un poco, esta con las pocas fuerzas que le quedaban se volteó para ver a Elrond, intentó levantar su mano, pero no pudo, es por eso que el elemental la ayudó sosteniéndola.   −C-Cuídalo… c-con tu vida a… Eru… ese será s-su nombre…−Murmura la mujer, mientras que la partera, ahora tenía al bebé cubriéndolo con una manta de seda, pero esta se mostraba tan petrificada por ver a ese bebé, que no sabía con qué cara se lo iba a enseñar a Elrond, y a una moribunda Erwin.   −Este bebé… es… un engendro…−Murmura la partera, cubriéndole el rostro al recién nacido, pensando que ahora comprendía, porque este había nacido matando a su madre.   − ¿Erwin? ¡Erwin! −Grita Elrond, al ver que el brillo en los ojos de la elemental se desvanecía, y la mano que le sostenía, perdía fuerzas−No…−Susurra Elrond sin dejar de llorar, ahora reposando su cabeza, sobre uno de los hombros de Erwin.   La partera también con el recién nacido en sus brazos, observa como Erwin ya había muerto, y Elrond sin dejar de llorar sobre su esposa, se inmutaba a ver a su bebé, hasta que la elemental quien era de cabello verde, al igual que Elrond, se acerca a él, porque, aunque le doliera, tenía que darle esta nueva mala noticia, y realmente ella no estaba segura que ese desdichado elemental la soportaría.   −Elrond… tuvieron un varón… Eru, es un lindo nombre…−Murmura la elemental con tristeza, viendo como lentamente, Elrond se levantaba, para acercarse a la mujer, la cual tenía al bebé, cubierto hasta la cabeza con esa manta blanca de seda.   Elrond, con una pequeña sonrisa entristecida, no le alegra demasiado escuchar que tuvieron un varón. El bebé era demasiado pequeño, pensaba el elemental mientras se acercaba, y cuando le quita la manta del rostro para verlo, abre sus ojos horrorizado. De inmediato le quita la manta por completo al bebito, dándose cuenta que sus pequeñas alas, eran completamente translucidas, no tenían color alguno, la piel del bebé era completamente pálida, no tenía orejas puntiagudas, y el poco cabello que tenía, era n***o. Jamás, en todo el tiempo que tenia de vida, había visto a un elemental de piel pálida, alas sin color, orejas pequeñas, y cabello oscuro, además era demasiado pequeño ¿Cómo ese extraño elemental pudo matar a Erwin? Piensa Elrond, sintiendo repulsión al instante, porque su esposa, dio su vida, para traer al mundo a ese elemental enfermo y deforme.   − ¿Qué es esto?... esto no parece uno de los nuestros, parece un hibrido entre humano y elemental ¿Este engendro mató a Erwin? ¿La madre naturaleza me quitó a Erwin por esto? −Dice de inmediato Elrond con tanto rechazo y rabia, que la partera al instante sintió pena por ese bebito.   −Es tu hijo… Elrond… además no hables de esa forma, el cielo te escuchará−Previene la partera, pensando que Elrond debía buscar una forma de aceptar a su hijo, aunque en apariencia fuera diferente a cualquiera de la aldea, y podría decirse, de la isla.   6 solsticios de inverno después   Elrond no podía evitar sentir odio y repulsión hacia su propio hijo, quien, en ese momento, tenía 6 años. El niño tenía la piel pálida, sin color alguno, aunque cuando se agitaba, su piel se enrojecía de una forma desagradable desde el punto de vista de Elrond, su cabello resultó ser n***o como la noche, sin ondas, ya que, a diferencia del resto, el cabello oscuro del pequeño era liso e insípido, pero lo que Elrond encontraba más insoportable, aparte de todo lo mencionado, era su pequeña estatura, poca aptitud física, y, además, sus extraños ojos de colores distintos, ya que el ojo izquierdo del niño era de color azul celeste, y el derecho lo tenía color ámbar, muy parecido a la miel pura. La diferencia de colores entre sus ojos era tan evidente, que el ojo azul, daba la ilusión que era más grande que el de color miel. El pequeño elemental por donde lo miraran era extraño, y esto ocasionó que el resto de las elementales no se acercaran de forma amorosa a Elrond, porque pensaban que, si llegaban a tener intimidad, y quedaban en estado, podrían caer con la mala suerte de tener a un pequeño deforme como su hijo.   La voz se corrió, y toda la isla se enteró del nacimiento del elemental de cabello n***o y piel pálida, tanto que muchos pensaban que era un mal auspicio, otros decían que podría ser alguna maldición, y algunos simplemente decían que era un error en la naturaleza que ocurría a cada cierto milenio. Gracias a su hijo Eru, Elrond poco a poco lo fueron rechazando en la aldea, ya que estos pensaban que ese niño era un mal presagio, y Elrond tenía algo que ver, la partera del embarazo, asumía que eso se debía a que posiblemente como el elemental prefirió salvar a Erwin, el cielo lo castigó convirtiendo a su hijo en “eso”, durante el proceso de parto. Sin embargo, ese no era el fin de sus desgracias, ya que muy pronto vendría una de las peores hasta ahora.   Luego de haber pasado los seis solsticios de invierno, en la primavera, los niños elementales debían hacer su primer vuelo en una ceremonia, ya que, para ese momento, sus alas estaban lo suficientemente fuertes, para soportar un vuelo corto, y así de esa forma, los niños y sus alas, fueran acostumbrándose a las alturas. Elrond al ser parte de la aldea, también fue a la ceremonia del vuelo, bajo la mirada y murmureos del pueblo, dejando a su pequeño con el resto, observando como los demás niños, se alejaban de su hijo, y él, ciertamente no los culpaba, porque Eru era desagradable a la vista, mientras que el pequeño rechazado, al ver que todos se alejaban de él, se entristecía porque él deseaba ser parte del grupo de elementales que nacieron con él, no obstante, a causa de esa fealdad que su padre le decía que él tenía, lo apartaban dejándole solo.   Ahora bien, Elrond junto con el resto de los padres veían como los niños comenzaban a correr dejando que sus pequeñas alas se desplegaran, y así ir separándose del suelo poco a poco. Varios niños al primer intento luego de correr un par de metros, ya estaban volando, y así iban, subiendo de a poco, mientras los padres orgullosos aplaudían y sonreían por ver a sus pequeñitos dar su primer vuelo, sin embargo, el único que no despegó del suelo, fue Eru, ya que el niño, aunque aleteaba, y corría, no logró volar, tanto así que el niño saltaba para ver si así ayudaba, pero lo que hacía era tropezarse y caerse, bajo la risa de todos los ahí presentes. Elrond sintiéndose frustrado, fue hacia donde estaba el pequeño, para buscarlo y sacarlo de allí, ya que era evidente, lo inútil que resultaba que siquiera intentándolo.   −No puedo creer que ni para volar sirvas… ¿No puedes ser más inútil? Que desgracia tengo sobre mis hombros ¡Porque me haces esto, cielo! −Exclama Elrond, llevándose al niño en brazos, para irse volando de allí.   Mientras iban en el cielo, por la mente de Elrond pasó la idea de tirar a su hijo desde esa atura, y que muriera por la caída, pero sabía que no podía hacerlo, ya que matar a otro elemental, y más si este era su hijo, era un pecado imperdonable que jamás seria olvidado, y él a pesar de todo, no quería más manchas a su ya mancillada existencia.   −Lo siento, papá…−Murmura Eru sintiéndose triste, porque él ciertamente quería volar como el resto de los niños, y no comprendía, porque no pudo hacerlo.   −Guarda silencio−Reprende Elrond con rencor−Quizás necesites tiempo… eres más pequeño que el resto ¿Por qué Erwin tuvo que morir para traerte al mundo? Es lógico que no sirves para nada…−Murmura el padre con el mismo rencor con el cual siempre le hablaba a Eru, el cual, en los brazos del elemental, se encogía de hombros, sin decir nada más al respecto.   Cuando llegaron a la casa, el hombre soltó al niño sin delicadeza alguna, en la rampa que tenían todas las casas del árbol, las cuales habían sido diseñadas, para seres alados. El niño ya estaba acostumbrado a que su padre lo soltara así luego de volar juntos, y es por eso que, ocultando su dolor por la abrupta caída, se levantó del suelo, yendo hacia otro lugar, porque él podía notar que su padre parecía molesto, y en esta ocasión tenía un motivo sólido, ya que, en la ceremonia del vuelo, fue un fracaso. Por otro lado, Elrond veía como Eru pretendía esconderse, mientras él se acercaba, puesto que, aunque no podía matarlo porque estaba prohibido, en ningún lugar decía que estaba prohibido lastimarlo, es por eso que Elrond cada vez que podía golpeaba a Eru en lugares que este pudiera ocular con su pequeña túnica de lana de oveja, porque este no merecía tener una de seda y mucho menos lino, como el resto.   −Si no aprendes a volar, serás un completo inútil en este mundo… Por tu culpa no tengo derecho a enamorarme nuevamente, no podré tener más hijos, todos en la isla saben que tú eres mío, y hoy, en la ceremonia, todos se reían, se burlaban de ti, de mí. Ya estoy cansado… no puedo abandonarte, no puedo matarte ¿Por qué no te mueres y me dejas en paz? Tu… engendro… −Murmura Elrond mientras empuña sus manos, acercándose lentamente al niño, que se escondía de él sin lograrlo con éxito, porque el elemental de inmediato le sujetó por sus alas, levantándolo del suelo, escuchando como el niño comenzó a llorar del dolor.   −Papi… me duele, por favor… bájame, papi−Chilla Eru, al instante que Elrond al ver su desagradable rostro pálido ahora enrojecido por el llanto, y sus ojos extraños inundados en lágrimas, no lo pensó dos veces cuando empuñó su mano dándole un puñetazo directo en toda su nariz, en esta ocasión tenía tanta rabia, que no le importaba dejarle marcas visibles.   Al instante, un caudal de sangre salió de la nariz del niño, el cual quedó noqueado de inmediato después de semejante golpe, porque incluso dejó de llorar, y ya con eso fue más que suficiente para Elrond, tirándolo al suelo nuevamente, para después irse volando a otro lugar lo más lejos posible de esa maldición que él sentía que tenía encima. Eru se quedó en el suelo, hasta que el mareo por el golpe de su padre desapareció, y cuando se sintió estable, rápidamente buscó algo para limpiar la sangre del suelo, y luego ir a su habitación, la cual luego de 6 años, continuaba siendo una recamara para bebés, ya que aún conservaba la cuna, y el resto de los adornos que los padres primerizos, habían creado, antes del nacimiento del niño que, no tenían idea, que resultaría como era ahora. Eru ya no cabía en la cuna, es por eso que él mismo se encargó de hacer su propia cama, en un rincón de su habitación, la cual a él le encantaba, a pesar que tenía adornos, y cosas que ya a él no le quedaban.   En los días posteriores, Elrond comenzó a enseñarle a volar a Eru sin resultados positivos, ya que el pequeño no lograba elevarse, porque sus alas parecían estar muertas. Pero pese a todo, Elrond no se rindió, y continuó intentándolo por todo un año, estimulando las pequeñas alas de su hijo, bajo la risa y la burla de los elementales que lo veían, pero luego, cansado de fracasar tanto, el padre se dio cuenta que ya era inútil, que las alas de su hijo no servían para nada, es por eso que se rindió, esperando que, en ese año, todo cambiara cuando los niños recibieran la bendición del cielo, y Eru por lo menos, pudiera ser útil para la madre naturaleza.    Cuando todos los elementales cumplían 7 solsticios de inverno, se les otorgaba su poder de los elementos, es por eso que Elrond asumía que, por lo menos la madre tierra y el cielo, que le permitió vivir a su hijo, no lo abandonaría esta vez, otorgándole algún poder de los cuatro elementos. Elrond ciertamente sentía mucho temor, porque el cielo era el que se encargaba de conceder sus poderes durante la ceremonia, no antes, ni después, es por eso que, si Eru no era bendecido en ese momento, no lo seria nunca más, lo cual podría realzar la idea que el chico era una maldición, o un mal presagio para los elementales.   Elrond no golpeó ni lastimó de ninguna forma a su hijo en las semanas cercanas a la ceremonia, e incluso todas las noches le pedía al cielo que le otorgaran cualquiera de los cuatro elementos a Eru, porque lo más normal, era que su hijo tuviera el poder del aire, como su difunta esposa Erwin y él, sin embargo a estas alturas, a Elrond ya no le importaba, él solo deseaba que su hijo quien no podía volar, y aparte tenía una apariencia horrible, por lo menos fuera útil para la naturaleza, es por eso que cuando el día de la ceremonia llegó, Elrond le compró una túnica de seda blanca a Eru, sandalias de cuero decentes, le soltó su horrible y largo cabello n***o, poniéndole un adorno con flores que era parte de la vestimenta de la ceremonia, viendo como el niño lucia espantoso, a causa de su fea cara.   −El adorno de flores se está cayendo. Tu horrible cabello liso ni siquiera puede sostenerlo… acomódalo, estoy tratando de que luzcas decente, para que no se burlen de ti−Indica Elrond con aspereza, viendo como el niño recogía del suelo el adorno de lirio blanco, colocándoselo a un lado de la cabeza, pero nuevamente se deslizaba entre sus lacios mechones.   −Se cae… lo siento−Dice, tratando de colocárselo una vez más, pero Elrond cansado de eso, cogió el adorno con molestia, lanzándolo por la ventana.   −Ya, es inútil. Todos debían usar ese estúpido adorno, pero tú no podrás… en fin…−Se detiene, viendo como los ojos del niño comenzaban a llenarse de lágrimas− ¡Ni se te ocurra ponerte a llorar, inútil! Vámonos, se nos hace tarde−Exclama, sujetando un brazo de niño con violencia, para salir rápidamente de la casa.
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