Leonardo Está sentada a horcajadas en mi regazo y los labios de su v****a, están abiertos sobre mi erección y no puedo pensar en nada más que en sus pechos con sus pezones duros, apoyados en mi pecho y en su sexo en contacto directo con mi sexo. Si, talvez sea un pervertido, pero esta hermosa mujer, mi prometida, me hace hervir la sangre. Me muevo un poco, para frotarme en ella, mientras mi boca toma su pezón derecho y chupo, suave y dejo que mis dientes rocen su piel sensible. - Leo, estamos en la casa de tus padres... - Amor, ellos duermen al otro lado y los cuartos están lo bastante alejados... - Igual, no deberíamos- Vuelvo a moverme y jadea... Tomo sus caderas y la hago moverse adelante y atrás. su humedad ayudando a que se deslice por mi erección que palpita y duele de excitación

