Capítulo 1: ¿Tú también te atreves a tocar su ataúd?
Cuando el paraguas n***o de Lucas Southgate rompió la cortina de lluvia, el alma de Elena Lin flotaba sobre la lápida…
La comisura de sus labios se curvó en una sonrisa fría y sedienta de sangre. Sus nudillos golpearon la piedra, y con la yema de los dedos acarició las palabras grabadas en la lápida: “Esposa de Henry Grant”.
—¡Señor! —El mayordomo cayó de rodillas en el barro—. La señorita Elena ya está muerta, por favor, déjela descansar en paz.
—¿Descansar? —Lucas Southgate soltó una risa baja—. Incluso muerta, su lápida me molesta la vista. Moss, cambia el epitafio por: “Propiedad de Nanchuan”.
La lluvia azotaba sin cesar. Elena vio cómo Lucas arrojaba el paraguas, revelando un rostro bello y enfermizo.
El agua corría por su mandíbula afilada, colándose en su camisa. Se agachó y levantó la primera palada de tierra. El mayordomo, llorando desesperado, trató de detenerlo:
—¡Señor, el cuerpo de la señorita Elena aún no está frío!
Lucas lo apartó de una patada, riendo como un loco:
—¡Qué bien que esté muerta! ¡Se lo merece!
Su rostro era tan hermoso como envenenado, con ojos profundos y facciones impecables.
Elena Lin estaba furiosa. ¡Incluso muerta, estos hombres no la dejaban en paz!
Había muerto de forma injusta, traicionada por su esposo Henry Grant. Le arrancaron el corazón mientras aún vivía.
Ese hombre sonreía dulcemente: “Sin anestesia. Quiero que esté despierta. Sus ojos son tan hermosos… Perfectos para donar”.
Estaba embarazada de siete meses cuando la ataron a la mesa de operaciones.
Y él, sin piedad, pateó su vientre hasta matar al bebé. Sangraba sin parar.
La lluvia caía como una maldición.
Lucas Southgate hundía sus manos en la tierra mojada, desenterrando puñados con frenesí.
—Elena Lin, aunque estés muerta, deberías pudrirte en mi cama… —sus dedos estaban desgarrados, su rostro enfermo de locura. La sangre goteaba en la fosa.
Elena frunció el ceño. ¡Este lunático!
Vio cómo los brazos del hombre se desgarraban entre la tierra y las piedras, pero él seguía cavando con desesperación. Su sangre empapaba el barro.
Con los dedos ensangrentados, Lucas soltó una carcajada salvaje y levantó la tierra hacia el cielo:
—¿Una tumba tan superficial? ¿Y se atrevieron a ponerla tan lejos de mí?
Poco a poco, apareció el ataúd tallado.
—¿Dónde está el abridor de ataúdes? —Su camisa empapada de sangre se pegaba a sus músculos—. Quiero oír cómo se quiebra su columna cervical.
El mayordomo se arrojó junto al ataúd, suplicando:
—La señorita Elena lo odiará…
Pero Lucas le rodeó el cuello con su corbata:
—¡Apártate! ¿Tú también crees que puedes tocar su ataúd?
Elena Lin observaba desde arriba al hombre completamente fuera de control.
—¡Si tienes agallas, sal de ahí y mátame! —Lucas se arrancó la camisa ensangrentada. Su sonrisa era la de un demonio—. Elena Lin, fingir estar muerta no te sale tan bien como fingir ser inocente.
Habían pasado tres años desde que se separaron.
Ella había huido de él con todo su ingenio, incluso fingiendo un intento de suicidio. Solo así logró que este enfermo obsesivo la dejara ir.
—¿Creías que con morir pagarías tus pecados? —Lucas arrancó los clavos del ataúd con las manos desnudas, mientras una aguja atravesaba su dedo meñique—. Voy a hacer de tus ojos un espécimen. Y luego te mostraré cómo arrojo a Henry Grant y a esa perra de Lucia Delgado a una fosa séptica.
Elena tembló. ¿Había matado a Henry y a Lucia?
¡Boom! El ataúd se abrió de golpe.
El aliento de Lucas mezclado con el olor metálico de la sangre se condensaba en el aire…
Dentro del ataúd, el rostro de una mujer increíblemente hermosa quedó al descubierto. Su largo cabello n***o como la seda, su piel impecable, sus labios rojos como rosas barrocas. Vestía un vestido n***o. Era como una obra prohibida, simplemente parecía dormida.
—Despierta —la sonrisa de Lucas se congeló en sus labios. Su mano ensangrentada le golpeó la mejilla, dejando huellas rojas sobre su piel de porcelana—.
—¿Quién te dio permiso para morir?
El mayordomo temblaba mientras se inclinaba para verificar si respiraba, pero Lucas le rompió la muñeca.
De pronto, Lucas la atrajo a su pecho, bajó el rostro y besó sus labios con un temblor incontrolable.
Elena estaba completamente atónita.
—Elena Lin… —él mordió sus labios—. ¿Cómo te atreviste a morir?
Cuando se dio cuenta de que su cuerpo estaba frío y su pecho ya no latía, sacó un cuchillo y lo colocó en su mano rígida:
—¿No ibas a matarme? ¡Clávalo en mi corazón!
“…”
—¿Dónde está la fuerza que usaste para apuñalarme antes? —la sangre fluía con locura—. ¿No dijiste que querías verme desangrar hasta morir?
Su mano grande envolvía la suya pequeña, y la hundía aún más en su pecho…
—¡Señor! —gritó el mayordomo, horrorizado.
Un insecto subió al rostro pálido de Elena, y las pupilas de Lucas se contrajeron.
Aplastó al insecto:
—¡Quítenle estas porquerías! Ella… le tiene miedo a los insectos.
Elena lo miraba mientras, con los dedos en carne viva, él retiraba cuidadosamente los insectos de su oído…
El cuchillo seguía hundido en su pecho, la sangre brotando sin control.
—Con mi sangre, te reviviré… —las lágrimas y la sangre de Lucas caían sobre su rostro—. O llévame contigo al infierno…
¡El joven amo está loco otra vez!
El mayordomo, en pánico, sacó un sedante, pero se quedó paralizado al ver cómo Lucas sacaba una jeringa con formalina del ataúd y se la inyectaba en la arteria del cuello:
—¿Quién te dio permiso para separarnos?
Abrazó el cuerpo femenino dentro del ataúd, con una devoción enfermiza:
—Eres mía… aunque te oxides y te pudras, seguirás siendo mía…
La lluvia lavaba la carne desgarrada de su pecho. Volvió a besar sus labios fríos, con la misma locura dominante de antaño.
La sangre se mezclaba con saliva y caía sobre el anillo de bodas.
Lucas sacó el cuchillo de su pecho y abrió su muñeca, dejando que su sangre bañara el pecho de ella:
—¿Fría? Te calentaré con mi sangre.
El alma de Elena fue arrastrada de nuevo hacia su cuerpo en descomposición. Vio cómo Lucas le sacaba su corazón y lo colocaba dentro de su pecho vacío:
—Ahora… estamos igual de fríos.
Cuando el amanecer rompió las nubes, los dientes de Lucas estaban incrustados en su garganta. Los cuerpos de ambos yacían fundidos en barro y sangre.
La noticia sacudió a toda la Nación del Norte: el joven amo de Nanchuan, Lucas Southgate —famoso por su trastorno obsesivo y su crueldad innata—, había muerto por amor.
…
Una luz intensa la cegó. Elena Lin abrió los ojos.
—Señorita Elena, ha despertado. El informe médico confirma su recuperación. Está lista para el alta. Sus maletas ya están preparadas. Podemos llevarla fuera de Rose Manor cuando desee.
En la lujosa sala de estar, el mayordomo de uniforme n***o se inclinó respetuosamente.
Este era Rose Manor, ¡la jaula negra que Lucas Southgate había construido para ella!
Tal como lo sospechaba. Al levantar la vista, vio el enorme retrato frente a la cama. Un hombre bellísimo besaba suavemente sus labios.
Como un vampiro besando a su sacrificio…
¿No estaba muerta? ¿Por qué había regresado…?
—Diez propiedades, incluida la villa en Westport y el penthouse en Thompson One; mil millones en efectivo y un Rolls-Royce Cullinan. Todo está a su nombre, cortesía del joven amo.