Las amigas lloraron junto a Lucía y tomaron su mano, sintiendo la tristeza de su partida. Hasta Olivia, quien las acompañaba con una taza de café, compartió su pesar. El funeral fue triste y sencillo, con la presencia de ellos y Sofía, la hermana de Lucía. Las cuatro amigas dejaron cinco rosas entrelazadas con un lazo blanco, un tributo a su amiga. Lucía parecía estar dormida, con una serena sonrisa en el rostro. Aunque ninguno de ellos podía dudar de su partida, aún les resultaba difícil creer que Lucía ya no estaba presente en sus vidas. El dolor de su ausencia dejó un vacío en sus corazones, pero también conservaron los recuerdos de los momentos felices que habían compartido con ella. Fue un último adiós a Lucía antes de que sus cenizas fueran esparcidas en el mar. Los días siguientes

