Isabela, finalmente entendiendo la perspectiva de Adán, lo abrazó. Había extrañado tenerlo cerca y a pesar de todo, seguía sintiendo amor por él. La mañana transcurrió con agilidad, y los días se volvieron más ligeros y felices para ambos desde que se habían reencontrado. Sin embargo, Isabela sabía que había algo pendiente: hablar con Lucía. A los dos días de haberse reconciliado con Adán, decidió enfrentar esa conversación. Cuando se acercó a la camilla de Lucía en el hospital, notó a una chica de ojos verdes y cabello corto que la miraba con una mirada brillante. “Tú debes ser Isabela", murmuró la chica, extendiendo su mano, y Isabela la tomó. “Lo soy", respondió Isabela. “Qué bonito encontrarlos aquí", continuó la chica. "Quería darte las gracias porque desde que está contigo, él es

