Capítulo 1

1656 Palabras
En un pequeño pueblo de Zirania donde solo viven humanos, la noche volvió a caer. El viento sopla juguetonamente sobre los frondosos árboles y la plateada luna brilla sobre la oscuridad trayendo la sombra a la gente y su entorno en una figura aterradora. Las estrellas brillan en el cielo nocturno. Hoy, la noche era más aterradora que de costumbre, tal vez fue por el hecho de que corría por el bosque huyendo de aquellas personas que solo quieren hacerme daño. No podía entender porque aquellas personas que dicen ser mi familia, amigos o conocidos pueden ser insensibles y entregarme ante él. Desvíe la mirada de la luna, los pasos crujen a mi espalda. Miré alrededor con desconcierto y miedo. Una capa de sudor recorrió mi frente hasta perderse en mi cuerpo mientras el frío viento corta mis mejillas. Mi pecho sube y baja, entrecortadamente. Las risas se escuchan alrededor, miré por encima del hombro antes de ir bruscamente al suelo al chocar con una piedra en el camino. La sombra del hombre aparece frente a mí. Debido a la escasa luz, no puedo ver claramente su expresión, pero estaba segura que su mirada era despectiva. Bajé la mirada hacia los pies. Desde que tengo memoria, mis ojos siempre estaban pegados al suelo, sin mirar nunca al cielo ni a los rostros de las personas que hablaban conmigo. Mi madre dijo que estaba maldita desde que nací. Mi padre escapó y al final a mi madre le tocó cuidarme junto a mis tías y primas. Desde pequeña tenía prohibido muchas cosas que para el resto era normal. No podía salir de casa sin compañía. Siempre debía cargar una pañoleta cubriendo mi cabello junto a una sombrilla. Los vestidos debían ser largos y cubrir toda piel que mostrase. La mayoría del tiempo la pasaba en casa, salía una o dos veces a la semana y si es que ellos querían. Lágrimas ruedan por mi mejilla y vuelven hacer secadas por la estilista que mi madre contrato. —Silencio, querida —se acerca y soba mi cabeza tal cachorro sin familia—. Debes hacerlo. —Por favor, mamá —me aferró a su vestido. Pensé que me había preparado lo suficiente, desde hace un mes dieron el anuncio e hice la idea de mi nueva vida. Lo intenté, juro lo intenté, al final terminé huyendo una semana antes con ayuda de mi amigo. Sale dejándome sola en la habitación. Mis ojos viajan al espejo y estudio mi reflejo. Mi cabello estaba perfectamente arreglado: pequeños mechones de cabello caen sofisticadamente delante de mi rostro. Un moño alto y medio suelto con rizos elaborados. Un hermoso maquillaje que resalta mis orbes grises claros haciéndolos lucir peligrosos. Es un vestido rojo elegante: mangas largas dejando al descubierto hombros y clavícula, el corsé ajusta cada curva de mi cuerpo de una manera que delinea mi figura y realza mis pechos haciéndolos lucir voluptuosos, está tan apretado que la respiración me falta. Tiene unos bordados espectaculares en la parte frontal y adquieres una caída fluida desde la cintura, la capa sobre mis hombros se siente pesada, igual que la carga en mi pecho. La puerta es abierta por mi tío. Camino por el frío pasillo silencioso. Finalmente ha llegado el día, el día de mi boda. Solía fantasear con ella, un hermoso lugar alumbrado por el brillante sol y rosas cubriendo la decoración. Diciendo "si" frente al hombre de mis sueños, un hombre al que seguramente amaría y estaría dispuesta a lo que sea por él. Rebosando de felicidad, llena de emoción y deleite. Pero era solo eso: una fantasía. —Por lo menos, ¿Puedes sonreír? —sisea mi tío—. Estás por casarte y frunces el ceño como si estuvieras asistiendo a un funeral. —Quizás lo esté haciendo —susurro. Inclinó la cabeza y miro el suelo pulido. —Es un sangre pura, debes complacerlo. Solo ofrécele lo que quiera a ese hombre desalmado y vivirás cómodamente. Si no me mata antes. Había olvidado la historia. Los seres míticos han coexistido con los humanos durante más de mil años. Fueron vistos de manera conflictiva ante los ojos de las personas. Algunos acordaron coexistir con ellos, pero otros no quieren saber de su existencia. Devastaron el mundo moderno con fuerza bruta y una belleza fascinante. La guerra comenzó entre los humanos y los seres míticos. Era el mismo cuento cliché del bien contra el mal. Los vencedores siempre cuentan la historia. Reinaban de forma suprema. Fueron elogiados como las razas más elitistas. Tomaron posiciones abrumadoras, desde el gobierno monarca hasta las grandes empresas corporativas. Pronto, se infiltraron en todos los aspectos de la vida. Durante años se creyó que habían desaparecido, solo se escuchaba de ellos en los cuentos de hadas. Hasta que volvieron a aparecer. Justo aquí, en un pequeño pueblo chapado a la antigua, desconocido para la gente de la ciudad, turistas y cualquier ser, bueno, ni tanto. —N-necesito aire fresco —tartamudeó. Sentía que mis fosas nasales no permitían la entrada de aire a los pulmones. —Dios, no otra vez. Lo mínimo que puedes hacer es mostrar tu jodido rostro... —Lo-lo siento. El destino del pueblo depende de mí. Temía de los seres sobrenaturales, nunca me he topado con uno, sin embargo, el miedo seguía latente. Para mi eran los monstruos malvados que mi madre siempre utilizaba para asustarme y mantenerme encerrada. Y, aquí estaba yo, a punto de casarme con uno de ellos. Camino la hilera formada por las personas del pueblo, una ligera niebla flota sobre el suelo, y la temperatura bajó varios grados. Sentí un escalofrío recorrer mis huesos cuando la brisa me atravesó. Tratando de mantener el calor de mi cuerpo frotó las palmas de mis manos. Las rejas fueron abiertas dando paso al denso bosque. Hombres salieron de la densa oscuridad, túnicas cubriendo sus cuerpos, realizando una reverencia formaron un círculo. Llamas emergieron de sus manos y flotaron alrededor de mí y el pueblo a mi espalda. De la nada apareció un altar con una vasija negra y piedras blancas perfectamente redondas dentro de esta. Respiro profundo antes de tomar la daga a un lado de la vasija, suelto un chillido agudo al cortar la palma de mi mano, la sangre cae, y segundos antes de tocar la piedra se vuelve negra, esparciéndose densamente cubriendo todas hasta volverse negras. Ramificaciones emergen de la tierra formando una circunferencia a mi alrededor, otro círculo aparece este más pequeño que el anterior, líneas azules se unen con el círculo más grande hasta formar un doble pentagrama, uno más grande que el otro. Símbolos extraños cubren cada punta de la estrella. El miedo se arraiga en mi sistema quedando paralizada ante tal acto. Mis labios tiemblan, apretó fuertemente los dientes mientras retrocedía levemente. La atmósfera se volvió densa, pesada y puedo admitir que es lúgubre. Un doloroso gemido se escapa de mis labios, mi cuerpo arde en el interior. Doy varios pasos hacia atrás. El dolor se intensifica en mi pecho y me llevo la mano a la frente limpiando la capa de sudor. Siento algo caliente y húmedo deslizarse lentamente por mi columna. Tragando saliva con nerviosismo, busco a mi madre con la mirada. Los dolorosos gemidos comienzan hacerse más fuertes, cada uno más fuerte que el otro. Sin idea de lo que está pasando, estiró la mano hacia mi madre en busca de consuelo, duele, siento como si enterraran una daga en mi espalda y se abriera camino poco a poco, el escozor penetra mi piel, un extraño dolor se arraiga en mi corazón. Nubarrones cubren el cielo oscuro, la luna antes plateada se vuelve rojo oscuro. Los hombres con capas se paran en cada punta del pentagrama, las letras se iluminan y el dolor se vuelve más fuerte. Me aterrorizó cuando mi cuerpo se movió solo, instintivamente mis piernas se abrieron, mis manos están esposadas por ramificaciones de plantas, y las piernas igualmente atadas, restringiendo mis movimientos. Quiero gritar, pedir que me ayuden, que me duele el corazón. No puedo evitar llorar, mis gritos son ahogados, mi cuerpo pesa y los párpados se cierran sin poder contenerlos. Murmuran algo inexplicable. Imágenes llenas de sangre, dolor y crueldad cruzan por mi cabeza como flashback. —Көн җитте —mientras la lluvia parece volverse más densa y fría, el sonido de los rayos va en aumento, suenan tan, pero tan cerca que podía ver como los árboles son partidos en dos. Sin embargo, esto no es lo más raro, nada que ver, ni te lo puedes imaginar, a pesar de que la lluvia se escucha por todas partes y veo las gotas de agua deslizarse fluidamente los rayos parecen no acercarse, es como si alrededor hubiese una especie de escudo sobreprotector que no les permite el paso—. Сез тәмугта янырга әзер. Сез аңа тиеш. Тыныч консенсуста акылсызлык һәм обсессия, сез шулкадәр күп дәүләтләрдән качарга тырышсагыз —la sensación de escalofríos y algo parecido a familiaridad recorre mis muslos, parte del vestido está envuelto en la sangre que recorre mis piernas. Palidezco al ver mis venas negras moverse. Los gritos se escuchan como susurro—. Кызның ялгыз акылыннан туган. Көчле һәм көчле, фатиха һәм юк итү... «Ha llegado el día. Estas listas para arder en el infierno. Tú le perteneces. La locura y la obsesión en un tranquilo consenso, mientras más intentes escapar más atados estarán. Nacida de la mente solitaria de una niña. Poderosa y fuerte, bendición y exterminación...» Mi cabeza se llena de un inquietante y macabro horror, logrando causar en mí, una sensación de intenso estremecimiento y monstruosidad mezclada con calma. Nubarrones cubren el cielo, dando aspecto tenebroso, las copas de los árboles se estremecen fuertemente, sin embargo, no hay viento. La respiración empieza a fallarme y puedo sentir el hundimiento en mi estomago Lo último que veo son unos ojos brillantes mirándome desde el cielo.
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