Capítulo 2

943 Palabras
Siento el cuerpo pesado y adolorido, caigo de espalda de vuelta a la cama al tratar de levantarme. Mi vista se aclara y no puedo evitar la mueca de dolor. Fue un sueño, pienso por un momento. Me obligo a levantarme a pesar del dolor de espalda. Estoy segura de que tengo una herida o un horrible hematoma. Necesito asegurarme. Miro alrededor buscando orientarme. Desde ya aseguro que no estoy en mi habitación, lágrimas vuelven a descender de mi rostro, esta es la jodida realidad que no quiero aceptar ver como tus sueños se desvanecen y no puedes hacer nada por controlarlo. Estoy casada. Me. He. Casado. Recorro el cuarto con la mirada, el interior es sublime, exquisito. Puede que esté exagerando, pero para alguien de pueblo que está acostumbrado a la simplicidad de las cosas es un contraste bastante fuerte. Enormes paredes blancas y candelabros de pared con velas encendidas, estanterías gigantes y armarios de roble decorados con complicados patrones en la madera pulida, una recámara descomunal, más grande de lo que era mi casa. La fina tela que cubre mi cuerpo toca el frío mármol bajo mis pies, y sobre mi cabeza, del alto techo pintado en tonalidades oscuras y formas extravagantes, pende un gigantesco candelabro de araña elaborado de cristal con piedras como diamantes que reflejan la luz del gran ventanal e iluminan alrededor a través de las cortinas translúcidas rojas. ¿Cómo diablos llegué aquí? Repaso el tocador a una esquina no muy lejos de la cama. La tela se desliza por mi hombro dando una vista al reflejo de mi espalda. A primera vista, veo un dibujo lineal simple de lo que parece una cara con cuernos en la parte superior, en el lado izquierdo del símbolo hay una luna creciente. En el centro una luna llena. Y a la derecha, una menguante y moribunda luna «triple luna». Parece como una luna delgada descansando sobre la creciente luna llena. La cara se distorsiona cuando intentó llegar a él, manifestando una cara diferente. Dos caras de la misma moneda. Símbolos visualmente similares pero diferentes. Busqué inquietamente alguna señal o indicios que me pudiera ayudar o comprender lo sucedido, por más que me esfuerzo es inútil, ya que no encuentro nada que explicará lo acontecido. Esquivo los muebles antes de salir por la gran puerta sin causar ruido. El pasillo desolado me da la bienvenida y me escabullo entre los grandes pilares que toman formas irregulares por arriba de mi cabeza. Ventanas con azulejos donde entra la poca iluminación haciéndose lucir apocalíptico. No sé por qué, pero sentía, más bien tenía una especie de percepción con respecto a algo inexplicable, como una especie de energía oscura y hostil acechándome. Una ventisca de aire provino de donde mantenía la mirada, desordenando un poco mi cabello. Era extraño. Seguí con la mirada fija, no sucedió nada. Concluí que pudo ser el viento. El suelo que me rodea está cubierto de hierba verde oscura, el olor a tierra, el canto escalofriante de los animales, los susurros lejanos, la brisa entristecida y las sombras de ojos rojos escondidos entre los arbustos, y por arriba de mi cabeza en los grandes y frondosos árboles. Estoy convencida de que estoy viviendo mi propio cuento de terror. Me pregunto si podré vivir aquí durante lo que me resta de vida. Mi único deseo es volver a huir. —Maldita sea su existencia. ⚕ El agua cristalina corre silenciosamente, la brisa primaveral golpea mis mejillas, mi cabello se mueve levemente. Cierro mis ojos dejándome llevar por el momento, sucumbiendo a la tranquilidad que causa estar sola en un lugar pacifico, un sedante natural. Quiero quedarme aquí durante horas sin preocuparme de cuando tendría que regresar a ese lugar y encerrarme en la habitación. Pero la tranquilidad es rota por un hombre saliendo del lago completamente desnudo. Pequeñas gotas de agua corriendo su cuerpo, deslizándose de manera lenta, muy lenta. Paseo la lengua por mi labio inferior sin poder contenerme. Una gota de sudor recorre de mi frente hasta mi cuello, su proceso es desestabilizador y frío, igual que la mirada de aquella persona. La desesperación me golpea junto con las ganas de sobrevivir, sin dudar huyó del lugar sin dar vistazo. El crujido de las ramas en mis pies y el dolor punzante a causa de las piedras filosas no me detienen. Sombras negras se esconden detrás de los arbustos, entre los troncos, rostros amorfos se mueven de un lado a otro. Corro sin distinguir nada con claridad, todo se veía difuso, borroso. Entró por el largo pasillo, el cual se ve más espeluznante que antes, la noche a caído y la desesperación de no encontrar el cuarto me rompe a llorar silenciosamente escondida entre los pilares, los ruidos aterradores y los murmullos no ayudan se ponen en mi contra. Los murmullos se alzan y apretó los ojos susurrando la única canción que he prendido a lo largo de los años cuando mamá cantaba por la noches acariciando mi cabeza hasta quedar dormida. Me imagino en la plaza caminando y sonriendo a la gente mientras admiró las luces y destellos del cielo. Justo cuando creía que abría los párpados, como si vivir fuera castigo vislumbro un cuerpo moverse en la oscuridad. El órgano en mi deja de latir. Los sollozos se vuelven débiles y acurruco mi cuerpo lo más que puedo encogiendo mis rodillas, abrazando mis piernas y mordiendo los labios para que nada escape. «No quiero morir» Y si lo hago sería dormida. En algún momento los párpados me pesan, dejó de temblar y siento mis hombros ser acariciados antes de que algo cálido cubra mi cuerpo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR