Capitulo 3

1225 Palabras
Días similares se repitieron desde entonces. Ha pasado mucho tiempo desde que no encontré a nadie en el castillo. Porque si, era un castillo lo supe al tercer día de recorrer los pasillos vacíos. Me adentre en el bosque nublado y pude ver el castillo de arquitectura gótica desde la cima de un árbol no muy alto. Es inmensamente grande, grandes paredes que parecen murallas, ventanas apuntadas por doquier, arcos de todo tipo, ventanales y vitrales góticos que no hacen más que lucir la impresionante estructura con pilares fasciculados y pináculos. Un jardín inmenso en la parte trasera, fue sorprendente saber que no estaba marchito. Hileras de esculturas bañadas en oro al otro extremo formando un semicírculo. Mi reloj interno estaba estropeado, así que ni siquiera podía decir cuántos días habían pasado después del tercero. Mastiqué y corté las uñas de mis manos con los dientes. Me alimente de agua durante todo este tiempo. Me estaba volviendo loca, no había señales de vida, y tampoco conocía el lugar donde me encontraba. Curiosee unas habitaciones y descubrí un salón —igualmente grande, todo aquí es en grandes proporciones— de paredes como vidrio, luces tenues se perdían por el piso de madera pulida, casi brillante. Aparte habitaciones a las que no pude acceder. Por las noches lloraba acurrucada entre las sábanas, cubierta de pies a cabeza por los abrumadores relámpagos que no hacían más que traer recuerdos de esa noche donde mi vida cambió drásticamente. Pase de estar encerrada en casa a estar en un castillo. ⚕ Me dirijo hacia el bosque, otra vez, como todas las tardes desde hace un tiempo, aunque lo que sucedió ese día me asustó hasta la mierda, la curiosidad por saber sobre ese lugar, por supuesto, la curiosidad no era la única razón por la que iba. Necesitaba volver a comprobar con mis ojos si lo que vi era realmente verdadero. La forma en que el hombre salió de la nada, a pesar de haber estado mucho tiempo sentada contemplando el lago me paralizó. Un escultural cuerpo llamativo, deslumbrantemente hermoso. Un largo brilloso y sedoso cabello n***o mas oscuro que la noche, que hacia un excelente contraste con su piel inmaculada, rasgos afilados, grandes e impactantes orbes amarillentos casi ambar y un toque carmín. Largas pestañas oscuras, labios carnosos, perfectos para ser besados. Unos hombros anchos y cuerpo esbelto que da paso a unos buenos abdominales, piernas gruesas y musculosas, igual que el resto de su inmaculado cuerpo. Su asombrosa belleza me dejó sin aliento. Tanto así, que termina huyendo por su perfección y mirada felina. Una simple humana como yo debió inclinarse, independientemente de quien fuera, su estatus estaba sobre el mío. Tendría que adorar el suelo sobre el que caminaba, o las gotas que deslizaban por su cuerpo, si, me quedo con lo segundo. Quedé atrapada por sus orbes oscuros y misteriosos, y esos labios curveantes y sonrisa maliciosa a pesar de no verme. Sacudo el barro que se ha aferrado a mis pies descalzos, es asqueroso sentir la viscosidad de lodo junto con pequeñas ramas y hojas. El lago hace acto de presencia frente a mi, igual que ese día la calma entra en mi sistema. Tomo asiento en unas de las rocas a orillas, dejando que los pies toquen la fría agua cristalina. Una luz brillante se abre en el centro y algo rojo, parecido a la sangre emana de él. El olor estupefacto provoca arcadas que retuercen el interior de mi estómago, cubriendo mi nariz retrocedo temerosamente, dando traspiés hasta ir de bruces al suelo, acto seguido una luz cegadora sale del portal. —¿Tu eres la muerte o el paraíso? —le pregunto antes de caer a la inconsciencia. ⚕ Cuando algo es demasiado bueno para ser cierto, es porque lo es, y lo confirmo cuando lo veo moviéndose libremente entre las sombras. Debería estar asustada. Debería estar huyendo… Debería, debería estar haciendo muchas cosas, menos estar aquí, pero no lo hago, mi cuerpo no se mueve, reacciona a su presencia como si fuese algo natural y eso es lo que más me asusta. La naturalidad con la que lo recibo no es normal. No es normal. No soy normal. —Hola cariño —apreto con fuerza la tela del vestido al oír su voz profunda y ronca, pero aterciopelado. —¿Qué estás haciendo? —pronuncio. Maldiciéndome a mi misma por tartamudear, cuadro los hombros tratando de parecer fuerte. No funciona. Se levanta de la cama, con pasos meticulosamente lentos emerge de las sombras. Su aspecto tétrico provoca que retroceda con el corazón en la mano —o apunto de salirse. —Tu cama está fría —su voz resuena en la estancia— ¿Dónde estabas? Sus hermosos rasgos parecen más siniestros debido a la oscuridad. —¿Dónde estabas? —vuelve a preguntar. —Salí a caminar —una de sus comisuras se alza en una leve sonrisa. —¿En medio de la noche, cuando las sombras se mueven y las personas no están mirando? Mi espalda choca contra la madera, produciendo un pequeño sonido. Su mano agarra con fuerza mi cintura. Uno de sus dedos recorren mi cara, deslizándose lentamente por mi clavícula hasta posar la mano en el valle de mis pechos. —Si... —Oh cariño —sonríe divertido— ¿Me mientes a mi? Mi pulso se acelera con las caricias que reparte sobre mi muslo, mis labios se abren con horror. Deja escapar una risa fría y oscura. No hay lugar donde escapar. Respiro profundo, siendo la presa atrapada por el depredador. Una sonrisa traviesa juega en sus labios. Inclinándose roza mi oreja. —Mi dulce cachorro satánico —su aliento cálido abanica mi oreja causando cosquillas. Pellizca la parte inferior de mi muslo, mi respiración es un desastre que trato de calmar, como si nada, siento el estomago caliente y cosquilleante. En circunstancias normales me habría alejado. Pero no, tenía que hacer lo contrario. Como aquella vez que no aguante cargar la pañoleta y la deje a un lado, un segundo que me costó la vida. Si es lo que creo, entonces… se porque estoy aquí— ¿Qué pasa, cariño? ¿No estás lista para soportar lo que causaste? Su olor a canela entró a mis fosas nasales. Suavemente elevo mi pierna dejándola a un lado se su cadera, la otra sostenía mi peso en el suelo. Su respiración se fundió con la mía cuando traté de aferrarme a sus hombros para no caer. Justo ahora, este podría ser el momento perfecto donde el antagonista besaba a la protagonista bajo la luz de la luna que cae en cascada sobre nosotros, creando la atmósfera de dos amantes que se escabullen a medianoche para encontrarse. Su voz baja y magnética suena particularmente sexy mientras susurra palabras que no escucho debido a l delirio en mi cabeza. —Dulce, dulce cachorro —ríe suavemente— Hazme inmortal con un beso. La desesperación me domina cuando el eco de su voz perpetra mis oídos, la respiración se estanca en mi garganta. Jadeo desesperada en busca de aire, mis ojos arden y siento como si arrancaran un pedazo de mi piel, la presión sofocante en mi corazón amenaza con desgarrar mi pecho. veo borroso, su imagen se desvanece en la oscuridad. Me ha mordido.
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