Todo lo relacionado con la historia es ficticio, los nombres de los pueblos son imaginarios, NO existen. Lo mismo pasa con los años, lugares o sucesos dentro de la historia, nada tiene que ver con la realidad. Es posible que no entiendan la historia al principio, poco a poco se irán revelando los secretos.
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Año 1510—. Década 151
Después de la ira del dragón.
No entiendo qué hago aquí.
No podía moverme y mi cuerpo no respondía aunque lo intente. Miró alrededor, como si nada, mis ojos se mueven de un lado a otro y viceversa, recorriendo la nube espesa grisácea que toma el lugar, siento frío, y a la vez algo extraño recorrer la parte posterior de mi espalda. Tengo calor, y a la vez una calidez irreconocible que no hace más que levantar sospechas.
¿Dónde estoy? ¿Qué hago aquí? ¿Cómo llegué a este lugar?. Las preguntas comienzan a asfixiarse, así como el hecho de no entender porque mi cuerpo no obedece mis acciones, como si este cuerpo no me perteneciera.
El cielo arrebolado, repleto de nubarrones violetas anaranjados llama mi atención por muy encima de mi. Es abrumador y hasta cierto punto terrorífico, igual que el. ¿Quién es él? Lo más extraño es que no logro acordarme de nada, es como si mi mente estuviera en el limbo. A mi alrededor todo está nublado, repleto de rocas y parece que estuviera sobre una montaña. Suelos negros y fuego mas oscuro toma el lugar dejandome en el centro encerrada en una especie de cupula que me protege.
Todo es rojo, violeta, n***o, color naranja. Patrones que se repiten en cada lugar que mire.
Caótico; esa es la palabra que define este lugar.
Cuatro caminos aparecieron frente a mí, aquello solo llamó mi atención, y esta vez mi cuerpo se movió. Puentes de tablas, y sogas aferrándose a la madera vieja. No se ve más allá del camino por la neblina que empezó a esparcirse como si nada, el brutal frío se perpetuó mis entrañas. Los pasajes largos no se ven precisamente seguros.
La curiosidad le ganó al raciocinio y comencé a caminar sobre el tercer pasaje-puente, pisando con seguridad la madera como si hubiese estado ahí antes. Mi cuerpo tembló involuntariamente, sosteniendo las cuerdas al notar como los otros tres caminos cayeron del precipicio, dejando un leve eco a su paso.
Altos árboles, arbustos y flores, un suelo lleno de vida tocó mis pies. El cielo había cambiado rusticamente, ahora, uno completamente azul lleno de vida igual que su alrededor me dieron la bienvenida al otro lado.
Una ventisca de aire proviene de la cueva donde mantenía la mirada.
«Es extraño»
Fijó la vista en una flor exótica que sobresale entre la maleza. Curiosa me acerco a ella esquivando las otras llenas de espinas, admirada deslizo uno de mis dedos por sus pétalos platinados y hojas rojizas.
Absorta por su belleza no siento cuando parte de mi cuerpo se hunde y las espinas de las otras flores se aferran a mi pantorrilla, gimo de dolor y me remuevo queriendo salir. No sucede, las plantas suben hasta aferrarse a mis mulos, gotas de sangre se caen al suelo esparciéndose alrededor de mi cuerpo.
Nubarrones cubren dando un aspecto escalofriante, las copas de árboles se estremecen fuertemente, sin embargo no hay viento. Un escalofrío me recorre al mismo tiempo que un ruido sordo me hace voltear la cabeza.
Los grandes y gruesos árboles se convierten en pilares, aparecen puertas gigantes curvadas y con puntas como decoración.
Intento moverme de nuevo pero como al principio no puedo, es como si estuviera pegada al piso, mi cuerpo se mueve cuando quiere y no cuando yo quiero. Me siento angustiada con las sensaciones perturbadoras.
Quiero escapar de esta pesadilla.
—Él me va a sacar —me repito.
«¿Quién es él?» —me pregunta la conciencia.
Las voces se convierten en desgarradores gritos de sufrimiento, su garganta ardía, proclamaba por más. El dolor calaba hasta sus huesos que crujían con cada movimiento realizado.
El miedo de estar sufriendo en soledad le causaba pavor, nunca había necesitado de nadie tanto como ahora, su lucha interna, mental y física hizo que el cansancio se apoderaba de su cuerpo.
Sus ojos se cerraban y volvían abrir, una y otra, y otra vez, en una lucha constante entre la conciencia y el cansancio. Lucharía hasta el final, si moría lo haría con la cabeza en alto, orgulloso de lo que es.
—Mums atlicis maz laika.
«Nos queda poco tiempo»
—Mums no viņa ir jāatbrīvojas
«Hay que deshacernos de él»
—Trīs tūkstošgades.
«Tres milenios»
Susurran las voces.
Alza la voz con desesperación, sin embargo, los gritos se atoran en su garganta. Nadie responde a su llamado, pero sabe que no está solo, ellos están a su lado, ellos lo salvarán.
Un fuerte ardor recorre su espalda, hasta llegar a su torso, atraviesa su pecho y ahoga gritos de dolor. Se estremece, le duele, pero el deseo de vivir permanece ardiendo en su ser.
Su mata de cabello oscuro cubre su rostro, su piel amoratada cubierta de sangre debido a los raspones en su cuerpo. Su pecho sube y baja con dificultad.
—mēs atkal maz redzēsimies
«Nos volveremos a ver pequeño»
Sus labios se mueven susurrando palabras incomprensibles.
—Es él —Cubro mi boca con las manos, evitando el sollozo que se aferra a mi garganta.
De repente una serie de imágenes pasan frente a mis ojos, ya no estoy en ese lugar oscuro.
Observo a una chica agonizando en el suelo, una daga posa en su vientre mientras la sangre recorre entre sus piernas y lágrimas su rostro. Risas escandalosas se escuchan en la lejanía.
Ojos mirando fríamente la escena, su rostro terriblemente distante, estaba lleno de desesperación familiar.
—No —suelto un grito desgarrador.
Mis manos comienzan a temblar debido al miedo, el dolor y otra cosa que no puedo reconocer me tira al suelo.
Suelto un alarido con el dolor que se produce debajo de mi nuca, específicamente entre mis hombros. Los rayos forman un escudo a mi alrededor quitando toda posibilidad de huir, aunque ni lo haría, todo lo que puedo hacer es retorcerte de dolor en el suelo. El impacto del aire sofocando mis pulmones me alerta, la respiración comienza a fallarme, mi visión se nubla y puedo sentir el hundimiento de mi estómago. Es jodidamente doloroso. Siento mi piel fría y un pitido fuerte en mis oídos.
Siempre tuve la idea que iba a morir, pero no de esta manera, no en un lugar desconocido donde no podrán encontrar siquiera mi cuerpo. En el pasado me imaginaba en un mundo perdido, igual que Alicia en el país de las maravillas, descubriendo secretos y haciendo amigos en el camino. Ahora comienzo a hacerme la idea de que soñar es estupido y no debí haberlo hecho.
La piel me arde, quema, siento que estoy siendo desgarrada desde dentro, como si estuvieran penetrando mi piel con el filo de un cuchillo.
La tierra vuelve a vibrar, el cielo exclama truenos y relámpagos que empeoran la tempestad. Las gotas de lluvia perforan la piel. El agua cae por mi cuerpo en un lento y desesperante descenso a punto de asesinarme.
Una descarga eléctrica cerca de mi oído izquierdo me desorienta. Cuerpos con túnicas negras se esconden detrás de los arbustos, entre los troncos, moviéndose de un lado a otro.
Todo se ve difuso, deforme.
Algo cálido se aferra a mi cuerpo y me eleva a la superficie, el viento golpea mis mejillas, medio me orientó para ver como los truenos siguen impactando en círculo el suelo.
—Después de esto nada será igual, ni tú, ni yo, ni el mundo.