Por alguna razón terminamos nuevamente en Baker Beach, la playa en donde Alex y yo construimos aquel castillo de arena años atrás y él hizo aquella promesa de cuidarme siempre y la cumple hasta el día de hoy. Estamos sentados lado a lado sobre la arena y él pasa su brazo por mi espalda para que me acomode contra su pecho y así lo hago pudiendo escuchar los latidos de su corazón ya más calmo. —Sabes… te confieso que no recordaba aquel día— me dice haciéndome reír. —Éramos muy pequeños, no tendrías por qué recordarlo— le respondo y eso pareciera tranquilizarlo un poco. Sé que ambos seguimos bastante movilizados por todo lo ocurrido y que ni siquiera sabemos muy bien que decir o que hacer —¿de verdad aun tienes el collar? — pregunta y rio. —De verdad…— respondo mirándolo y su sonrisa de

