Las tradiciones quizás no son lo nuestro, es más, creo que hemos roto todas las reglas más de una vez, pero, por alguna razón esta nos parece muy importante y mi esposo me carga entre sus fuertes brazos mientras cruzamos el umbral de nuestra increíble suite. Podría perderme eternamente en su mirada sin ningún problema y ni hablar de su sonrisa —señora Mancini, le doy la bienvenida a nuestra primera noche como esposos. — me dice de una manera que me roba el aliento y lentamente deposita mis pies en el suelo para que ahora estemos frente a frente. —Que bien suena eso. — digo y muerdo mi labio inferior, mientras que nuestras miradas no se separan, pero un golpe en la puerta nos interrumpe. —Deben ser del hotel con nuestras maletas, no te muevas de aquí. — me pide y rápidamente va hacia la

