POV Belén. El hotel era un refugio temporal en las afueras de la ciudad, un lugar discreto con habitaciones impersonales y cortinas gruesas que bloqueaban la luz del día, perfecto para lo que necesitaba: privacidad y un escape del caos en la mansión. Había salido esa tarde después de otra discusión silenciosa con Alexander —él evitándome en los pasillos, yo fingiendo indiferencia mientras planeaba mi próximo golpe—. El escándalo que había desatado con la irrupción en la oficina de Brenda me había costado caro: llamadas ignoradas de Marta y Sandra, mensajes de "lo siento, pero no podemos involucrarnos" de mis supuestas amigas. El aislamiento me carcomía, un vacío que llenaba con sorbos de whisky del minibar, el alcohol quemando mi garganta y nublando los bordes de mi mente. Pero no estaba

