POV Belén. La puerta de la celda se abrió con un chirrido metálico que resonó en mis oídos como una victoria tardía. Una semana. Siete días interminables en esa cárcel asquerosa, con olores a sudor rancio y desinfectante barato, rodeada de mujeres que me miraban como si fuera una más de ellas —una delincuente común—. Pero yo no era como ellas. Yo era Belén Campos, la mujer que había construido una vida de lujo desde la nada, y ahora, gracias a Esteban, salía libre. Él había pagado la fianza y mis deudas con sus "contactos" —no pregunté cómo, solo sonreí cuando el guardia me devolvió mis pertenencias y me dejó ir. Caminé por el pasillo gris con la cabeza en alto, ignorando las miradas envidiosas de las otras presas. Afuera, Esteban me esperaba en su auto n***o reluciente, con esa sonrisa c

