POV Alexander. Han pasado dos meses desde que el juez firmó el divorcio y me concedió la custodia exclusiva de los niños, un veredicto que se sintió como el fin de una guerra larga y sangrienta. La mansión, que una vez fue un campo minado de tensiones y secretos, ahora respira un aire de paz inesperada. Los pasillos amplios sin gritos o silencios acusadores; en su lugar, hay risas infantiles flotando desde el jardín o la sala de juegos. Los niños extrañan a Belén, por supuesto —es su madre, y no hay forma de borrar eso—. Sofía pregunta por ella de vez en cuando, con esa inocencia que me rompe el corazón: "¿Mami vendrá a mi cumpleaños, papi?" Lucía, más sensible por su salud aún delicada, a veces se queda callada mirando fotos viejas, pero su anemia está controlada ahora, gracias a la esta

