Nicolas Stone Me quedé de pie unos instantes junto a la cama, observándola mientras dormía. Tenía el cabello dorado extendido sobre la almohada, un contraste perfecto contra la manta oscura que cubría su cuerpo. Su respiración era suave, y el leve movimiento de su pecho subía y bajaba en un ritmo que, aunque no lo admitiría, resultaba hipnótico. Era hermosa, a pesar de su carácter explosivo y su maldito afán por insultarme cada vez que abría la boca. Sus ojos verdes agua eran un imán cuando estaban abiertos, pero en ese momento, cerrados y con las pestañas descansando sobre sus mejillas, transmitían una paz que parecía irreal viniendo de ella. Me incliné un poco, sin saber exactamente por qué. Tal vez era curiosidad, o tal vez quería confirmar que aquella fierecilla realmente podía qued

