Sandra La sensación de mareo no me había dejado en todo el día. Salí del hospital con la cabeza llena de pensamientos y, a pesar de que había decidido ir al departamento para confirmar todo, no lograba quitarme la idea de lo que me había dicho el doctor. Estaba embarazada. ¿Qué haría con un bebé? ¿Cómo iba a seguir mi vida? El futuro parecía borroso, como si se estuviera desmoronando frente a mis ojos. Llegué al edificio, aún con el corazón pesado. Mis pasos eran lentos, como si cada uno de ellos me estuviera llevando hacia algo que no quería enfrentar. Al llegar al lugar, la misma agente que me había mostrado el departamento estaba allí, esperándome con una sonrisa que no encajaba en mi estado de ánimo. —Hola, ¿cómo estás? —me saludó. —Bien... —respondí distraída, incapaz de disimula

