Capítulo//01

989 Palabras
Hoy se casaba Jade con el rey de Alemania, Amir se encontraba en la salida de la iglesia donde se celebraba la ceremonia de su amada. Queria interrumpir la boda, pero no podía hacer eso y mucho menos formar un escándalo. Los novios salían felices de la iglesia, y los invitados les echaba arroz. La veía tan feliz, ella era una mujer prohibida. Otro hombre la tenía, otro hombre la tocaría, tenía el apellido de otro. Jade, ya era una mujer casada y no era con él. Amir tenía ganas de llorar, tenía ganas de que todo fuese una pesadilla, pero no, ella era una mujer casada. Cuando la iglesia quedó vacía, Amir se fue al bar más cercano y beber. Quería perder los recuerdos en alcohol, deseaba perderse en el alcohol. Quería olvidar este día, olvidar que ella se había casado, olvidar a Jade en alcohol. Copa tras copa, Amir empezó a sentir el efecto del alcohol. Sus ojos empezaban a ponerse rojos. Su escolta apareció y le vio en aquella mesa totalmente ebrio, se acercó a él y Amir le sonrió. —Señor, Amir. — le dijo el escolta. —Vamos, le llevaré a casa. —Se ha casado, Mohamed. Jade, se casó. — habló con voz ebria y con hipo. —Creía que me amaba. —Pues me alegro que no se haya casado con usted. — respondió con sinceridad. —Vayamos a casa. Mohamed, le llevó hasta el coche y le metió en la parte de trasera del coche y Amir se quedó dormido en el asiento. Mohamed, sintió pena por él, esa mujer le destruyó, destruyó su corazón. Ese hombre que era feliz y alegre, ella lo mató. Ojalá que esa mujer, jamás volviera a su vida y que jamás volviera a Arabia. Cuando llegaron Mohamed, le cogió en brazos, ya que el duque no iba a despertar ni con agua helada. Llevó hasta el interior de la casa y se lo llevó hacia su habitación, lo tumbó en la cama y le quitó los zapatos. Salió de allí, para dejarle descansar. Al día siguiente, Amir despertó y el sol lo había dejado ciego, esperó unos segundos hasta que se acostumbró. Se incorporó y el dolor de cabeza, le empezó a golpear fuertemente. No recordaba como había llegado a su cama, ya que aún seguía vestido. Se levantó y fue hacia el baño para darse una ducha con agua caliente. Cuando terminó, se puso unos vaqueros oscuros, camiseta blanca y zapatillas. Salió de la habitación y se encontró con su padre, que le esperaba totalmente serio en aquél salón. Amir, no entendía su actitud, ni su mirada asesina. —Padre, ¿Qué pasa? ¿Qué haces aquí?— preguntó este acercándose a él. —¿Y me lo preguntas? — exclamó el padre. —Ya me cansé de tu actitud y que hagas estas cosas por esa mujer. Beber hasta perder tus primeros recuerdos, beber y estar de esta forma. Esa mujer te ha cambiado, te ha hecho perder a ese hombre alegre. —Padre... —Padre, nada. — le cortó. —Ya me cansé de tus niñaterias. Te vas a casar y me da igual si estás o no de acuerdo. — Amir abrió sus ojos como platos. —Asi maduras de una vez, ya bastante aguanté tus salidas, borracheras y todo por esa mujer. —No me puedes hacer eso, no puedes obligarme a contraer matrimonio con una mujer que no amo. — dijo serio. —¿Ah, no? ¿Y qué hacemos Amir? — se cruzó de brazos. —Hemos aguantado tus salidas, tus borracheras, tus deseos de seguir a esa mujer. Ya nos cansamos de tu comportamiento y que sigas detrás de esa mujer. Así que te casarás, en unos días conocerás a tu futura esposa. —¿Crees qué me voy a casar? — Amir se rio. —No voy a casarme, padre y menos con una mujer que no amo. —Lo harás, te guste o no, lo harás. — Amir se quedó mirando a su padre que se había ido. Amir, se iba a casar con una mujer que no conocía y mucho menos que no amaba. Su padre le iba a casar, tenía que convercerle de alguna manera, tenía que decirle que no le casará. No podía permitir que le casarán. Su madre apareció y vio a su hijo serio y con mala cara. —Hijo, ¿Todo bien? — Amir miró a su madre y negó. —¿Tú sabía que padre quería casarme? — su madre asintió. —¿Quién es la mujer que quiere que sea mi esposas? —Amira, la sobrina del jeque de Dubái. — Amir se asombró. —¿Con la temida? — exclamó. —Esa mujer no habla, es como si tuviese miedo a vivir. —No es tímida, Amir. — respondió su madre. —Es una niña que no habla con gente que no conoce, no es como la golfa que tú iba detrás y te dejó por otro. —Madre no la insultes. — advirtió. —Ella no es una golfa, solo se fue con otro hombre. —Si, estuvo contigo y a la vez con el rey de Alemania. — Amir se calló. —Se fue porque sabe que el rey es más poderoso que tú. —Dejalo ya, me voy a ver Zayn. — dijo este saliendo de casa. Todos sabían cómo era Jade, pero el único que no lo veía era él. Creía que era buena e inocente, pero no, él no veía como realmente era ella. Pero casarse con una desconocida, bueno él la había visto, pero jamás le había prestado atención. Era muy callada y tímida, hablaba como con miedo. Era bonita y hermosa, si, pero no era una mujer para él, no era su tipo. Amira, no era para él. Tenía que hacer algo y no casarse con esa tímida mujer.
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