Capítulo//03

1049 Palabras
El día de conocer a su prometida, había llegado. Amir tenía esa cara se seriedad y agria, tener que estar con ella toda la noche, sería una tortura para él. Tenia puesto un esmoquin azul marino y su pelo peinado. Salió de la habitación con seriedad, en el salón se encontraba todos, menos Amira que no estaba, para Amir fue raro no verla. Bajó las escaleras y caminó hasta el jeque y sus padres, saludó al jeque con educación y se sentó a su lado. Abdel le miraba, había notado que su hermano delicadamente miraba por toda la casa, por si veía a Amira. Hasta que de pronto, se escuchó unos tacones golpear el suelo se mármol. Amir se giró y se habia quedado petrificado al verla, tenía un vestido azul largo, ajustando a su cuerpo. Unos zapatos altos y su pelo liso por sus hombros. No podía negar que era hermosa, que tenía cara de muñeca. Pero su corazón seguía amando a otra mujer. Se levantó y se acercó a ella para darle dos besos en la mejilla. —Hola, Amira. — ella sonrió de lado. —Estas hermosa. —Gracias, Amir. — agradeció. Amir pasó su mano por la espalda de ella y una corriente eléctrica recorrió su cuerpo, no entendió aquello. Pero se hizo el loco y la llevó hasta el sofá donde estaba todos. Quería ser amable delante de los presentes, aunque esa mujer no le gustara. Amir ya tenía su juego hecho, cuando se casarán, él iba hacerle la vida imposible, para que le pidiera el divorcio. Iba hacer que ella misma, se cansara de él y lo dejara. Pero ahora mismo jugaba con su simpatía y su amabilidad hacia ella, la estaba engañando con su sonrisa y su buena actuación. Pobre Amira, ella si lo amaba. Ese hombre era el dueño de su corazón y pensar que iba a ser su marido, era un sueño hecho realidad. Pero ella no sabía que Amir, amaba a otra mujer. Qué él solo se casaba con ella por obligación. Abdel sabía lo mal que lo iba a pasar su cuñada con su hermano. Él intentó hablar con él, pero fue caso perdido. Pero dejaría que él mismo, se diera la hostia. No iba a dejar que la hiciera daño a Amira. Él iba a intentar, protegerla de su hermano. Amira se disculpó, fue hacia los baños y cerró la puerta. Se miró en el espejo y sonrió mirando su reflejo. Iba a casarse con el hombre que más amaba, con su amor más profundo. Se colocó el maquillaje y salió del baño para reunirse con los demás. Los duques y el jeque, se fueron a los jardines y ellos se quedaron solos. Amira era muy tímida, pero solo cuando tenía Amir presente. Él la ponía nerviosa y le hacía temblar como una gelatina. —¿Tú estás bien con la boda? — preguntó, Amir rompiendo el silencio. —Digo, tal vez, no quieres casarte conmigo. —Bueno, no me desagrada. — respondió. —¿Tú quieres casarte conmigo? — le miró. «No» pensó él. —Si, me gusta que me casen contigo. — mintió con una sonrisa. —¿De verdad? — él asintió. —Prometo, ser una buena esposa. — Amir bajó la mirada, quería reírse en su cara y escupirle todo lo que sentía. Pero tenía que aguantar y fingir. —Claro, yo también te haré feliz. — respondió y ella sonrió feliz. —Al menos lo intentaré. —Sé que no es la mejor forma de casarnos, pero podemos ir conociéndonos. — dijo y Amir, asintió. —Claro, nos iremos conociendo. — ella asintió. —Los jardines, los tienes precioso. — la voz del jeque, les interrumpió. —Amira ama las flores. —Si, me gustan. Me parece que dan vida a la casa y son preciosas. — habló ella y la madre de Amir, sonrió. —Pues aquí, te vas a hartar de flores. — dijo su suegra. —¿Puedo verlas? — preguntó. —Claro, vamos juntas. — Amira se levantó y se fue con su suegra, dejando a los hombres solos. Amir se disculpó y fue al despacho, se sentó en el sofá y suspiró. Estaba harto de fingir, aunque llevara poco haciéndolo. Pero si quería que su juego funcionara, tenía que aguantar hasta casarse. Sacó su cartera y sacó la foto que tenía de él con Jade, cuando estaban juntos. Ambos sonreían a la cámara. La extrañaba mucho y solo pensar que otro le hizo suya, que se habían acostado. Esperaba que nunca quedará embarazada de él. No quería ni imaginar verla embarazada y ser mamá con otro hombre. No quería ni pensarlo, no. Jade era su vida entera. La puerta fue abierta y Amir guardó la foto con rapidez, Abde entró y miró a su hermano. —¿Qué haces aquí? Ya está el sherk. — dijo Abdel. —No puedo más con esto, ahora solo hay que firmar el contrato y luego la boda. En el salón estaba el sherk, el magistrado islámico, para el contrato matrimonial. El «walli» que en este caso en el tío de ella, por lo tener padre y ser su tutor. Él verificaba que el contrato estipulara bien todo, es las leyes islámica, el novio la dejaba una cantidad de dinero por si él marido fallecía o se divorciaban. Una cantidad necesaria, para que ella pudiera sobrevivir. Ellos firman y en ese momento, los novios están unidas legal y espiritualmente. Eso no quería decir que podían tener relaciones íntimas. Amira después de aquel contrato, se iba a su casa juntos con sus tíos. —¿Me dejas tu teléfono? — ella extrañada, se lo dio. Amir apuntó algo en el teléfono y se lo dio. —Mi número, así podemos conocernos más. Claro, si el jeque me da su permiso. —Teneis mis permiso, van a ser marido y mujer. — respondió el jeque con una sonrisa. —Esta bien que queráis salir y conoceros. —Pues, Amira, escríbeme y salimos mañana para comer o cenar. — ella asintió. —Claro, te escribo luego y así también tienes mi número. — Amir la dejó un beso en la mejilla y ellos se fueron. «Comienza el juego, amira.» pensó con una sonrisa ladina.
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