Leonardo Lombardi No tenía tiempo para esto, debía irme y hablar con mi esposa pero quizás lo mejor era darle tiempo para que se calmara y darme tiempo a mí mismo para pensar que decirte. — ¿Por qué te quieres torturar de esa manera?— Le pregunté mientras me levantaba y caminaba al minibar a servir dos vasos con whisky y le di uno sé que es muy temprano pero definitivamente después de todo lo que ha pasado yo necesito alcohol y por la actitud y cómo estás rica sé que él también lo necesita. Enrique no me decepcionó cuando tomó el vaso y se lo tomó todo de golpe, le serví otro poquito esta vez lo dejó en el escritorio, camina hacia el sofá y le hice seña de que se sentara junto a mí. Hace demasiado tiempo que Enrique y yo no convivíamos de hecho dejé de verlo cuando era solo un niño.

