Leonardo Lombardi Vi como Alaia se iba molesta y tenía razón para estarlo. Me acerqué a una pared y comencé a golpearla furioso había sido un maldito imbécil. ¿Cómo se me había ocurrido decirle eso? Los celos me habían cegado de sobremanera no había analizado la situación y ahora tenía todo este desastre encima. Enrique había jugado bien sus cartas había jugado desestabilizarme y lo había conseguido había cumplido su objetivo porque yo lo había dejado pero esto no iba a volver a suceder. — Señor detengase — Ignacio me empujó para que dejara de golpear la pared— el que usted haga eso no lo va a ayudar en nada, necesita hablar con la señora Alaia, estoy seguro que si usted le explica ella lo va a entender— Necesito hacer algo más que explicarle dejé salir el monstruo en mi interior

