Cuando llegué mi nana me mencionó la condición de mi hermana. Subí a su habitación y toque la puerta, después de rogarle que abriera por fin lo hizo. En cuanto me vio me abrazó por la cintura. —No quiero que se muera—pronunció entre llantos, refiriéndose a nuestro padre, eso me conmovió de inmediato. La aleje de mi por un momento, le pedí que tomáramos asiento y eso hicimos. —Se como te sientes, pero no podemos hacer nada para evitarlo—le explique—. Lo único que podemos hacer es pasar tiempo con él, cuidarlo, y darle amor, con eso él se sentirá mejor y su partida no será tan dolorosa—agregue, acariciando su cabello. Ella me escuchaba, mientras lágrimas se deslizaban por su mejilla. Zoé era una niña muy dulce, sentimental y también muy madura para su edad y eso daba la ventaja que ent

