Un humo gris que con el paso de los segundos se tornaba n***o salía por el tubo de escape. Cientos de pinos a los lados de la carretera adornaban pobremente su paisaje. El pavimento acababa en el kilómetro que recorrían en ese instante. Luego tendrían que conducir sobre una trocha llena de múltiples huecos e inconsistencias. Las llantas delanteras lamentaban su andar por cada metro de la ruta. — No aguantaremos mucho más — dijo la copiloto, agarrándose fuerte de lo que podía debido a los estrujones que sufría. Debemos parar lo más pronto posible. — Sabes que no puedo hacerlo, debemos ver primero a dónde estamos llegando. — ¡Sebas! Hazme caso, tenemos que parar. En cuánto mire la primera vivienda te parqueas ahí ¿Estamos de acuerdo? El hombre aún seguía hechizado por la mag

