Rey y Leah caminaban por el aeropuerto, sus maletas rodando tras ellos, mientras compartían sonrisas llenas de ilusión y una pizca de nerviosismo. Habían decidido tomarse unas vacaciones después de su reciente compromiso, y aunque la idea de escapar de la rutina diaria del hospital era emocionante, el destino del viaje había sido una elección particularmente especial. Leah había sugerido una pequeña isla en la costa, donde había pasado veranos de su infancia con su familia. La isla tenía un significado emocional para ella: recuerdos de momentos felices y de libertad que quería compartir con Rey. —No puedo creer que estemos haciendo esto —dijo Leah, tomando la mano de Rey mientras atravesaban la terminal. Rey sonrió, mirando los brillantes ojos de Leah. —Bueno, después de todo lo que hemo

