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Entre Susurros y Risas

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HE
destinado
segunda oportunidad
de amigos a amantes
drama
sweet
alegre
ciudad
Oficina/lugar de trabajo
mentiras
secretos
love at the first sight
nurse
passionate
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intro-logo
Descripción

Un relato que resonara en todos aquellos que han sentido la magia de lo inexpresado...

En un pequeño hospital de cuidad donde la rutina diaria se mezcla con momentos de tensión y esperanza, Leah una doctora delicada y reservada se topa inesperadamente con Reynald un enfermero cuyo carisma ilumina incluso lo días mas grises. Desde su primer encuentro en la sala de espera, la química entre ellos es palpable. A medida que comparten largas jornadas, su relación evoluciona de colegas a amigos inseparables, intercambiando confidencias y risas.

Sim embargo, bajo la superficie de su amistad florece un torbellino de emociones no expresadas, ambos anhelan dar el salto hacia lo más profundo, pero el temor al rechazo y la posibilidad de perderse mutuamente los mantiene en un delicado equilibrio. ¿Tendrán Leah y Reynald el valor para abrir sus corazones y arriesgarse a transformar su conexión en algo inolvidable? Una historia cautivadora sobre la belleza de la amistad, el poder de los sentimientos no confesados y un viaje hacia el descubrimiento del amor verdadero.

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Episodio1
Quién diría que el amor a veces duele... Pensó mientras miraba por la ventana del avión, sintiendo un dolor asfixiante en su pecho. Ese tipo de dolor que surge cuando no tienes el valor para admitir lo que sientes, o peor, cuando temes perder a alguien preciado. Si pudiera regresar al principio, tal vez... sólo tal vez, habría hecho las cosas de otra manera. El sonido del despertador la sacó abruptamente de sus pensamientos. La luz de la mañana se colaba por las cortinas, iluminando su rostro. Leah abrió los ojos lentamente, adaptándose a la claridad. Estaba en su cama, en su apartamento. Miró el reloj y, de un salto, comprendió que llegaba tarde. Su primer día en el hospital Bartels como subdirectora no podía empezar peor. Saltó de la cama, dejó caer las sábanas al suelo y corrió hacia el baño. Una ducha de dos minutos bastó. Se secó apresurada, y se enfundó en su uniforme médico. Frente al espejo, repasó su imagen: cabello castaño largo, ojos del mismo tono, piel blanca y una figura delgada pero esbelta. Aunque no le sobraba tiempo, siempre se aseguraba de que todo estuviera en orden antes de salir. Tomó su bolso y, sin pensarlo dos veces, salió corriendo a la calle en busca de un taxi. Mientras esperaba, pensó en su nueva vida. Médico general y subdirectora... parece un buen inicio, se dijo, aunque sentía cierta nostalgia por los colegas que dejó atrás. Subió al taxi y dio la dirección del hospital. Durante el trayecto, miraba por la ventana, tratando de calmar sus nervios. Sabía que este hospital era más pequeño que su anterior lugar de trabajo. Solo contaba con áreas esenciales como emergencias, maternidad y quirófano. Un buen lugar para empezar de nuevo, pensó mientras el paisaje cambiaba. El hospital apareció frente a ella: un edificio de una planta, con paredes blancas y cristales transparentes, rodeado de plantas en macetas. Respiró hondo, tratando de calmarse. Era hora de su primera aventura en Bartels. Al entrar, una enfermera la observaba con curiosidad. Leah la saludó con un leve gesto de cabeza, pero la mujer no respondió. Siguió su camino hasta la recepción, donde un joven con cabello castaño claro y tatuajes en el rostro la recibió con una sonrisa que, inesperadamente, le devolvió. —Hola, buenos días. Siento el retraso. Soy Leah Bianco, la nueva subdirectora —dijo, intentando sonar profesional mientras miraba su reloj. Las 9:30 a.m. —Hola, Leah. Soy Reynald Fiore, pero todos me dicen Rey. —Él la estudió por un segundo antes de continuar—. Dame un momento, voy a avisarle a la doctora Broyer que has llegado. Reynald desapareció por una puerta, y Leah aprovechó para observar el lugar. No era nada ostentoso, pero tenía un aire acogedor. Al poco tiempo, Rey regresó. —La doctora estará aquí en un momento. Mientras tanto, ¿te gustaría un café? —ofreció con una sonrisa. —Sí, claro. Gracias —respondió Leah, sorprendida por la amabilidad. —Llámame Rey, con confianza —dijo mientras servía el café. Leah sonrió tímidamente. —Gracias, Rey —dijo, tomando la taza. —¿Y qué trae a una chica como tú por aquí? —preguntó él, con un toque de picardía en la voz. Leah levantó una ceja. —¿A qué te refieres con "una chica como yo"? Rey rió. —Pareces reservada, seria. Este lugar a veces puede ser... complicado. Yo que tú, estaría alerta. Antes de que Leah pudiera responder, una puerta se abrió, y apareció una mujer de mediana edad, rubia, con una mirada calculadora. Era Michelle Broyer. —Doctora Bianco, bienvenida —dijo Michelle con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos—. Me alegra tenerte como compañera. Leah estrechó su mano, sintiendo una extraña tensión en el ambiente. —El gusto es mío. Estoy lista para empezar. Michelle asintió. —Perfecto. Le pediré a una de las enfermeras que te dé un recorrido por el hospital. Si tienes alguna duda, no dudes en llamarnos. Leah agradeció el gesto. Mientras Michelle se alejaba, una enfermera llamada Camila se acercó. Era una mujer de cabello n***o, con una expresión seria que no invitaba a la conversación. —Sígueme —dijo sin más. Camila la guió por las instalaciones, mostrando cada área de manera eficiente, pero sin un solo comentario extra. Al terminar el recorrido, la dejó frente a la entrada de emergencias. —Espero que recuerdes cada sección. En una emergencia, no querrás estar preguntando dónde están las cosas. Leah asintió con una sonrisa, pero no recibió una respuesta. Vaya primer día, pensó. Mientras caminaba por los pasillos, Leah notó la presencia de dos médicos conversando en una sala de descanso. Al entrar, ambos la observaron con una mirada incómoda. —¿Y quién es esta belleza? —dijo uno, un hombre flaco y moreno. Leah mantuvo la compostura. —Leah Bianco, la nueva subdirectora. —Encantado, soy Brian. Es un placer tener a alguien como tú trabajando aquí —respondió, con una sonrisa cargada de insinuaciones. —Disculpa, ¿qué has dicho? —Leah frunció el ceño, incómoda por el tono de su comentario. —Nada, nada —intervino el otro médico, Fabián, con una risa burlona—. Tranquila, Leah. Aquí estamos para lo que necesites. Leah agradeció cortésmente y decidió terminar la conversación. Algo en ellos no le inspiraba confianza. El resto del día transcurrió con cierta normalidad, aunque las interacciones con algunos de los compañeros dejaron una sensación amarga. Este lugar tiene sus sombras, pensó. Cuando la noche llegó, Leah se retiró al área de descanso, esperando que el segundo día fuera más fácil. Al sentarse en el sillón, la cortina del vestidor se movió, revelando a Reynald, quien soltó una carcajada al ver su reacción. —Estás tensa, Leah —bromeó él—. ¿Todo bien? —Muy gracioso, Rey —respondió ella, algo molesta—. No sabía que estabas aquí. —Coincidencia, supongo —dijo él con una sonrisa despreocupada. Antes de que Leah pudiera responder, Michelle apareció de nuevo, mirando a ambos con cierto recelo. —¿Descansando en tu primer día, Leah? —Sí, tomando un respiro antes de seguir —respondió Leah. Michelle asintió. —Perfecto. Rey, ven conmigo. Tenemos asuntos pendientes. Leah observó en silencio cómo Reynald se marchaba con Michelle. Un sentimiento de intriga se apoderó de ella, pero lo desechó rápidamente. No es mi problema. El transcurso de dos semanas para Leah transcurrió común y corriente, con la misma rutina diaria. Esta vez se encargaba de vigilar las relaciones entre el personal y cómo competían por la destreza laboral que se requería. Al principio, todos parecían compatibles, sin importar las conversaciones de doble sentido de Fabián y Brian. Sin embargo, algo no se sentía bien, y las máscaras de algunas personas comenzaron a caer. Leah estaba dormida plácidamente en su día libre cuando su teléfono comenzó a sonar con una llamada entrante. Aún adormilada, dirigió su mano torpemente hacia la mesita de noche, buscando el dispositivo. Al rozarlo con los dedos, lo tomó y contestó la llamada. —¿Sí? —respondió con voz somnolienta. —Necesito que vengas al hospital ahora —dijo la voz firme de Michelle al otro lado—. Hay algo de lo que tenemos que hablar.

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