Leah colgó el teléfono y dejó caer el dispositivo sobre su mesita de noche. Se frotó los ojos y se levantó con pasos pesados hacia el baño, necesitaba una ducha rápida que la despertara. El hospital no podía esperar. El agua tibia despejó su mente, y en menos de quince minutos estaba lista, vestida con una camisa de rayas negras y blancas, jeans ajustados y un par de tenis blancos. Tomó su bolso blanco y salió de la habitación.
Caminaba por el vestíbulo cuando su teléfono vibró en su mano. Al leer el mensaje, su respiración se detuvo por un momento. Era de Rey.
"Hay problemas internos aquí. Ten cuidado con lo que dices..."
El mensaje la dejó inquieta. ¿Qué problemas? No había tiempo para pensar demasiado. Leah se apresuró a tomar un taxi, dando la dirección del hospital al conductor.
Cuando llegó al hospital, la atmósfera estaba tensa. Una mujer embarazada había ingresado de urgencia, y en la recepción estaban Michelle, Camila, Rey y Brian. Algo iba mal. Camila parecía alterada, Rey la sostenía con ambas manos sobre sus brazos, mientras Michelle y Brian intercambiaban miradas de frustración.
Leah apenas llegó cuando Michelle la fulminó con la mirada.
—¡Entren todos a mi despacho, ahora! —ordenó, sin dejar espacio para objeciones.
Rey intentó hablar.
—Pero tenemos una situación aquí... Alguien debe quedarse en la recepción, yo...
—¡Te di una orden! —Michelle lo interrumpió—. ¡Al despacho, ahora!
Leah frunció el ceño, algo no cuadraba. ¿Por qué todo el mundo parecía estar en tensión, excepto Brian? Él se movía con una calma inquietante mientras el resto parecía al borde del colapso.
En el despacho, Leah se quedó apoyada contra la pared junto al escritorio de Michelle. Rey permaneció en la puerta, mientras Camila y Brian se sentaron frente a Michelle, quien no perdió tiempo.
—Nadie aquí ha hecho un buen trabajo hoy, —comenzó, su tono afilado.
Leah la interrumpió, confusa.
—¿Qué quieres decir con eso?
Michelle no vaciló.
—Esta mañana, Camila arremetió contra el doctor Brian, y Rey fue testigo. No objetó en ningún momento.
Rey alzó la voz, visiblemente incómodo.
—Con todo el respeto, Michelle, ni Camila ni yo somos culpables. Brian cruzó una línea, y Camila se sintió ofendida, con razón.
Leah miró a Camila, que parecía estar al borde de las lágrimas, no de tristeza, sino de pura indignación. Leah se acercó y le puso una mano en el hombro.
—Tranquila, cuéntame lo que pasó. Quiero saberlo todo, con detalles.
Camila respiró hondo antes de hablar, sus palabras temblaban de rabia contenida.
—Estaba en emergencias, arreglando las camillas, cuando Brian... —su voz se quebró, pero continuó—. Se acercó y me agarró por la cintura. Sin mi consentimiento.
—Oh, por favor, —interrumpió Brian, con tono sarcástico—. ¡Siempre te haces la ofendida! ¡Estás amargada!
Camila se levantó de golpe, temblando de rabia.
—¡Alterada dices! Me tocaste sin permiso. ¡Eso es una falta de respeto! Yo no soy tu amiga, soy una compañera de trabajo que exige respeto. ¿Cómo querías que reaccionara? —sus palabras ahora eran casi un grito—. Cuando te pedí que me dejaras en paz, intentaste abrazarme. Tus palabras fueron "relájate, nena, aquí nadie nos está viendo".
Rey intervino, su voz firme.
—Yo estaba allí. La abofeteó, y con razón. Fue un abuso.
Leah asintió.
—Estoy de acuerdo con Rey. Abusar de la confianza de alguien de esa manera es inaceptable.
Michelle golpeó el escritorio, interrumpiéndola.
—¡Silencio! Esto es un malentendido. Si alguien está causando problemas en el personal, es Camila. Lamentablemente, tendré que despedirla.
—¿Despedirla? —Leah dio un paso adelante—. Eso sería una injusticia. Ella es la víctima aquí.
Michelle la miró con frialdad.
—¿Y qué sabes tú? Apenas llevas un mes aquí.
Rey intentó intervenir de nuevo, pero Michelle lo cortó de inmediato.
—¡Silencio, Rey! No te he pedido tu opinión.
Leah sintió la tensión crecer, pero no retrocedió.
—Dame dos meses para conocer mejor al equipo. Si después de eso sigues creyendo que Camila es el problema, entonces tomaremos la decisión correcta. Pero despedir a alguien sin justificación es una injusticia. Yo no lo permitiré.
Michelle la fulminó con la mirada, furiosa.
—Espero que estés contenta. Vamos a perder a un doctor valioso por tu terquedad.
Leah se mantuvo firme.
—Si fuera tan profesional, no tendría ese comportamiento tan irrespetuoso.
Michelle no respondió. Solo murmuró entre dientes antes de despedirlos del despacho. Al salir, Leah se dirigió a Camila, que estaba visiblemente agotada.
—Oye, todo va a estar bien. —Leah la miró con suavidad—. Si vuelve a ocurrir algo así, cuéntamelo. Necesitamos pruebas para atrapar a Brian con las manos en la masa.
Camila asintió, aunque su voz sonaba débil.
—Gracias, Leah. Pero Michelle es horrible. Quiero irme de aquí.
—No lo hagas por ella. Dame una oportunidad para que esto cambie. —Leah la miró con seriedad, y Camila le devolvió una pequeña sonrisa antes de retirarse hacia los baños.
Leah suspiró, agotada, cuando Rey se le acercó.
—Gracias por defenderla. —dijo él—. A veces no hace falta mucho tiempo para ver quién es quién. Eres justa.
Leah asintió, pero su mente aún estaba confusa.
—No esperaba que Michelle fuera así.
Rey soltó una risa amarga.
—Y eso que no has visto nada todavía.
Leah lo miró a los ojos.
—¿Y tú, Rey? —preguntó—. ¿De qué lado estás?
Rey sonrió con ironía antes de marcharse sin responder.
De vuelta en casa, Leah dejó caer su bolso en el sofá. Todo parecía un caos. Camila, Rey, Michelle... ¿A quién debía confiar? Justo cuando se sumergía en sus pensamientos, su teléfono vibró de nuevo. Lo tomó, y al leer el mensaje, se quedó inmóvil.
"Hola, soy Camila. Este es mi número. Dijiste que te diera una oportunidad. Brian no será fácil, pero Fabián sí. Tengo un plan. ¿Nos vemos?"