Era la sombra de esta mariposa. Mire la forma del ala. Esta especie vuela alto, con un vuelo muy fuerte. Levanté la vista y la vi alejarse aleteando. Pienso… ¿será posible? Y la pierdo. Desmonté y seguí con gran lentitud, llevando mi caballo de la brida, sosteniendo el revólver con una mano, y mis ojos yendo de arriba abajo y de derecha a izquierda, ¡por todas partes! Por fin la veo sentada en un montículo de tierra, a tres metros de distancia. El corazón me palpitó con rapidez. Solté el caballo, conservé el revólver en una mano, y con la otra me saqué de la cabeza el sombrero de fieltro blando. Un paso. Tranquilo. Otro. ¡Plaf! ¡La atrapé! Cuando me levanté temblaba como una hoja, de excitación, y cuando abrí estas hermosas alas y me aseguré de lo raro y extraordinariamente perfecto del

