Capítulo XXXV A la mañana siguiente, en el primer recodo del río que borraba las casas de Patusán, todo eso desapareció de mi vista físicamente, con su color, su dibujo y su significado, como un cuadro creado por la fantasía en un lienzo, al cual, después de larga contemplación, se le vuelve la espalda por última vez. Permanece en mi memoria inmóvil, no desconocido, con su vida detenida en una luz inmutable. Allí están las ambiciones, los temores, el odio, las esperanzas, y quedan en mi mente tal como los vi entonces… intensos y como suspendidos para siempre en su expresión. Me volví de espaldas al cuadro, y regresaba al mundo en que los acontecimientos se mueven los hombres cambian, las luces parpadean, la vida fluye en un claro torrente, no importa si sobre fango o sobre piedras. No pe

