JULIA Me acerqué a la torre de champán y empecé a beber. No me daba miedo emborracharme porque en Estados Unidos solía beber mucho. Tenía una gran tolerancia al alcohol y esos champanes no eran nada para mí. —Deberías tomártelo con calma—, oí decir a una voz femenina. Me giré y vi a una preciosa mujer pelirroja con un vestido largo verde esmeralda. —Estoy bien—, dije. —Solo estoy pasando el rato. —¿No es lo tuyo?—, me preguntó, y yo negué con la cabeza. —Sí, a mí tampoco. Solo estoy aquí para representar a mi padre. —Ah—, dije mientras miraba a Damien, que parecía muy molesto al ver a los hombres hablando con él. —Estás muy guapa—, me dijo, y yo me sonrojé. —¡Tú también! ¡Eres literalmente impresionante!—, le dije. Ella se rió y, de repente, me agarró la mano. —¡Rayos, tu anillo

