JULIA Pasé toda la mañana siendo un desastre emocional. Se acercaba el momento en que me vengaría de él, pero por ahora tramaba y lloraba. Él me observaba mientras yo intentaba recomponerme, pero no podía. Llevaba toda la mañana luchando. Echaba de menos a papá, a Everth, mi casa, acababa de tener la regla y, para empeorar las cosas, ese estúpido recuerdo de mamá volvió a aparecer en mi vida. —Eres débil—, dijo, lo que no mejoró las cosas. —Me has decepcionado por lo rápido que te rindes. Pensaba que serías mucho más fuerte. Lo ignoré y me metí en la cama. Me mordí el labio para evitar llorar tanto y terminé sollozando. Él seguía en la misma posición en la que lo había dejado. —Deja de hacer eso. Me volví hacia él. —No puedo. ¿No ves que estoy intentando no hacerlo? —Voy a vol

