JULIA Volví a mirar la hora en el reloj. Había perdido la cuenta de cuántas veces lo había hecho. Me quedé despierta toda la noche. No podía dormir. No sabía si era por los nervios o por el arrepentimiento. Se marchó justo después de decirme esas palabras anoche. Nunca volvió. Estaba aquí. Sabía que estaba aquí. Todos sus coches estaban aparcados en el mismo sitio. El reloj marcó las ocho y corrí hacia la puerta. La vida de mi hermano pequeño estaba en juego. Llamé a la puerta. —¡Ramón!—, grité. —¡Sé que estás ahí fuera! ¡Déjame salir! Silencio. —Por favor—, lloré. —¡Va a matar a Everth! ¡Necesito hablar con él! Silencio. —Por favor—, supliqué. —Sé que estoy pidiendo mucho, pero por favor. Es mi hermano pequeño. Preferiría morir antes que él. La puerta hizo clic y me aparté.

