Dos autos negros se parquearon muy cerca de ellos, cuatro hombres salieron a toda prisa, agarraron a Alez e intentaron meter a Sara al auto. —¿Qué sucede? ¡Suéltala!— Alez repartía y recibía golpes con dos de esos sujetos, mientras los otros llevaban a Sara, ella intentó zafarse pero no podía, pronto dos disparos se escucharon. Los dos hombres que llevaban a Sara cayeron desplomados dejando en libertad a la mujer, al escuchar los disparos Alez corrió abrazar a su amada. Uno de los hombres con los que el peleaba escapó y el otro quedó quejándose ante los golpes que él le propinó, los otros dos estaban muertos, recibieron los disparos directo a la cabeza. La adrenalina los invadía y estaban atentos a cualquier evento que pudiese ocurrir. Recorrieron el lugar con sus miradas pero no lograr

