Narra Fernanda ¿ Dejarían de llegar algún día las conmociones? Lo dudé. No a este ritmo. Estaba feliz por todo lo que había pasado. Sentarme en el asiento del pasajero, junto al ídolo de un hombre que ya me había consumido una y otra vez, era otro episodio completamente diferente de ensueño. Una loca e increíble pelea en la tierra de los sueños. —¿Les enviaste un mensaje a Hanna? —preguntó mientras indicaba que saliera de su calle, y yo asentí, con mi teléfono aún sujeto en mi regazo, encima de la falda escolar plisada que realmente no esperaba usar en público. —Sí. Él asintió. Ojos todavía en el camino. —Bien. Tardaremos un rato. Sonreí para mis adentros. Una sonrisa que se hizo tan amplia. Realmente esperaba que estuviéramos un tiempo. Uno realmente largo. Nunca me cansaría de

