En un pueblo desconocido un chico practica la espada contra un muñeco hecho de madera mientras la brisa marina movía su cabello. Su postura era perfecta, el agarre de la espada estaba a la altura de cualquier maestro y el ataque resultante de esa combinación fue suficiente para causar daños significativos al muñeco sin lastimar el entorno. —Perfecto, has mejorado mucho. —Todo es gracias a ti papá. ¿Papá? — ¿Qué sucede hijo? — ¿Has sabido algo del imperio? —mmm, déjame recordar, no, no lo creo. Lo último que supe era que Mots seguía siendo el emperador. —No papá, yo hablo de tu imperio. —Buenos días. —Interrumpió la charla una abuela—. —Señora, buenos días, ¿viene a cobrar la renta? —No, claro que no, pero si ya la tiene le puedo dar el recibo correspondiente al mes. —Por supuesto

