Suspire antes de abrir la puerta de la habitación. Eché la cabeza hacia atrás, hice tronar mi cuello y estiré mis dedos hacia el pomo de la puerta. Entré lento al gran cuarto, caminé hasta mi habitación pero no pude evitar la tentación de echar una mirada hacia el cuarto de Gwen. Allí estaba, la puerta estaba abierta, me apoyé en el marco de la puerta mirándola en silencio. Gwen estaba en ropa interior, tomando whisky recostada sobre la ventana, dando la espalda al paisaje que se desplegaba esa tarde. Me miró un poco sonrojada, pero sin intenciones de tapar su cuerpo.
─ ¿Qué haces aún despierta y semidesnuda? ─ Pregunté, mientras me quitaba la chaqueta con cuidado, la tiré sobre su cama y me senté a ver a Gwen, quien ladeaba la cabeza.
─ No podía dormir, el jetlag creo que me dejó un poco afectada. ─ Explicó con la voz serena. Dejó el vaso sobre la mesa de noche, y se sentó en el centro de la gran cama.
De alguna manera, su piel blanca resaltaba sobre las sabanas aún más blancas y mullidas.
─ ¿Y crees que te levantarás sin problemas mañana, si estás bebiendo ahora? ─ Pregunté, sin ocultar mi sonrisa.
Sus mejillas se tornaron más rojas.
─ Es apenas el primer vaso. ─ Prometió. Suspiró, y se acercó a mí con timidez, la lentitud de sus gestos me indicaban que no era el primer vaso, pero no discutiría eso con ella.
─ Pensé que sólo hablaríamos. ─ Bromeé y se echó a reir. Su risa era dulce, encantadora y seductora. Complementaba muy bien con su físico, pues incitaba a capturarla con dulzura entre mis brazos y no soltarla.
Me sacó la camisa con cuidado, pasé mi dedo índice desde el medio de su cuello, bajándolo con lentitud entre sus pechos, hasta llegar a su ombligo, sin dejar de mirarla con una sonrisa en mis labios. Me besó, había lujuria y alcohol en sus labios, jugueteó con mi lengua y jadeó cuando pasé mis manos por su espalda. Apreté sus costados, me alejé un poco de ella para acomodar su cabello, coloqué los rizos detrás de sus orejas, dejé un beso en su cuello que la hizo temblar. Disfruté la imagen de su cuerpo, no pude evitar relamer mis labios.
Se alejó de mí como pudo, pues notaba que debatió un poco el soltarme en ese momento. Tomó un vaso y sirvió el licor con agilidad. Me quité los zapatos, las medias y el pantalón, quedé en ropa interior, Gwen me acercó el vaso y lo acepté, dando un trago, dejando que calentara mi garganta. Me acomodé en la cama, recostando mi espalda de la pared. El cuarto se veía oscuro, las luces exteriores se colaba entre la ventana por la cortina, había suficiente claridad para notar que el rostro de Gwen estaba un poco sonrojado, su cabello se veía un poco despeinado; se había quedado apoyada contra la mesita donde tenía la botella por la mitad. Se veía sensual en lencería negra, no podía negar que mis pensamientos empezaban a mezclarse mientras seguía mirando sus dulces pechos, su hermoso abdomen y sus largas piernas.
─ ¿Qué hiciste mientras no estaba? ─ Pregunté, volví a beber.
─ No mucho, vi televisión, me asomé por la ventana, me quedé aquí, ya sabes… ─ Bajó la mirada, observó el suelo mientras se abrazaba, lo cual subía un poco sus pecho. ─ Esperé por ti. Me quedé pensando en lo que me dijiste.
─ ¿El qué? ─ Sonreí socarrona. ─ ¿Qué soy bisexual y disfruto la compañía de quien esté en mi cama? ─ Reí, lo cual logró que apretará más los brazos y sus pechos se tensaran con el agarre. ─ Pues sí, preciosa, es así de simple.
─ ¿Yo… yo podría gustarte? ─ Preguntó sin mirarme.
Le sonreí abiertamente y le pedí que se sentara conmigo, coloqué el vaso junto al suyo en la mesita de noche. La hice sentarse en mis piernas, su cara estaba justo delante de la mía, pero bajaba la mirada con timidez.
─ Puedes generarme interés, puedes gustarme, Gwen. ─ Respondí con tranquilidad, mientras acariciaba su espalda. ─ Eres realmente hermosa. Te vi, y un ligero impulso de codicia me hizo sacarte de ese lugar. No quería dejarte allí, te quería para mí. ─ Admití.
Gwen era un poco más pequeña que yo, pero pude meter mi cara entre sus pechos sin problema, besándolos por encima de la tela de encaje negra.
─ Pero, Nayla… ─ Jadeó con mis besos y lamidas.
La hice callar con un beso, tomé su rostro para acercarla más a mí, no lo impidió y pegó más su cuerpo contra mí, moví mis dedos con agilidad y desabroché el sostén, dejando libre sus pechos del encaje que me impedía saborear sus pechos a gusto.
─ Sólo esta noche olvida quienes somos, entrégate a mí, preciosa. ─ Susurré, lamí su cuello y su piel se erizó.
Tomé uno de sus senos con mi mano para acariciarlo, lo metí en mi boca para chuparlo y jugar con su pezón. Con mi mano libre pellizcaba su nalga, lo que la hizo saltar un poco sobre mí sin dejar de gemir por el placer que le causaba con mi boca y mi lengua. Mordisqueé juguetona su pezón, lo halé y gimió sin poder contenerse.
─ Está bien, esta noche somos sólo tú y yo. ─ Concedió Gwen, tomó mi rostro y me besó con pasión.
Disfrutaba el beso, no dejaba de acariciar sus nalgas con lujuria, algo húmedo cayó sobre mis piernas, y entendía que Gwen estaba mojándose con cada caricia y beso. Apreté un poco más sus nalgas para apretarla contra mi cuerpo, mordí con cuidado su labio, moví mis manos con agilidad y tomé su seno para apretar su pezón izquierdo entre mis dedos, lo apretaba, halaba y retorcía poco a poco, sus gemidos se escuchaban en toda la habitación.
Con un movimiento pude levantarla y acostarla sobre la cama, Gwen no se sorprendía pues seguía el juego sin decir una palabra, sólo gemía y jadeaba. Su panty de hilo estaba húmeda cuando pasé mis dedos por encima de la tela, la miré mientras seguía acariciando de arriba abajo su humedad, la vi asentir sorprendida, pues le asombraba que pedía permiso antes de mover el hilo y hundir mis dedos en sus jugos. Gimió, un “sí” salió de sus labios, su cara estaba totalmente roja, me coloqué entre sus piernas. Besé y mordí sus muslos, llegué al centro entre sus deliciosas piernas.
Soplé entre sus piernas, su espalda se arqueó.
─ Más, más. ─ Suplicaba Gwen, aferrando sus manos entre las sabanas.
─ A tus órdenes, preciosa. ─ Murmuré sobre su monte de Venus, la piel de su abdomen se erizó.
Me acomodé bien entre sus piernas, las mantuvo bien abiertas para mí temblando un poco por la excitación. Volví a soplar, moví mis dedos dentro de su humedad, acariciaba la parte rugosa dentro de su deliciosa v****a que se volvía cada vez más jugosa.
Lamí sus labios hinchados, subí y bajé, no detenía el movimiento de mis dedos y ella no paraba de gemir. Me detuve, saqué los dedos, apoyé mi cabeza contra una de sus piernas, pasé mis manos sobre su abdomen y sus ojos me miraron suplicantes.
─ ¿Qué mas deseas, preciosa? ─ Pregunté juguetona. Entendió que quería verla rogándome por su placer.
─ Cómeme, devórame, Nayla, por favor. ─ Rogó, sus ojos verdes se veían extasiados. Sentía el calor abrasando entre mis piernas, me calentaba mucho verla así.
─ ¿Y luego, preciosa, qué puedo hacer después de comerte? ─ Pregunté con una voz demandante, pero sin dejar de sonreír ladina.
Gwen acarició sus senos, entre sus piernas seguía escurriéndose todos sus fluidos. Sonrió y pasó su dedo sobre su humedad, luego, con ese mismo dedo, delineó mis labios y lo metió coqueta dentro de mi boca, no pude evitar chuparlo y saborearla.
─ Luego, por favor, bébete todo mi orgasmo. ─ Susurró, sacó el dedo de mi boca y lo empezó a chupar, para colocar esa saliva sobre sus senos.
Le quité el hilo de un jalón, metí la cabeza entre sus piernas y empecé a chuparla con codicia.
─ ¡Sí, Nayla! ─ Gritó, empujando con sus largos dedos mi cabeza contra su clítoris.
Pasé mi lengua sobre su clítoris, soplé y volví a atacarlo con lujuria. Frotaba su clítoris con dulzura, pero no podía evitar presionarlo para que gimiera y me pidiera más, arqueaba su espalda y apretaba sus senos, eso logró que me mojara aún más. Su jugo caía por mi barbilla, frotaba cada vez más rápido su clítoris, metí mis dedos para que Gwen gritara por más, todo su cuerpo ardía, la noche caía, y Gwen también cayó lentamente en el placer. Su orgasmo llegó explotando desde el centro de su ser mientras se aferraba a las sabanas, apretaba con sus piernas mi cabeza, yo no dejaba de frotar su clítoris con mi lengua para alargar el clímax en el que había entrado.
Me encantaba, Gwen sencillamente se veía deliciosa mientras sus piernas se estiraban sobre la cama, alejé mi lengua de su clítoris dándole una última lamida que la hizo temblar, saqué mis dedos con cuidado y los pasé entre sus labios hinchados, estaba muy sensible y la caricia logró erizar toda su piel. Se veía muy hermosa, quería volver a comérmela y a penas estaba terminando de saborear sus fluidos.
Gwen volvió a acariciar sus pechos, me coloqué a su lado y halé sus pezones, la manera en que sus labios soltaron un gemido erizó mis pezones, Gwen lo notó y empezó a acariciarlos, me miraba con sus hermosos ojos verdes muy abiertos.
─ Tus ojos son como el mar, Nayla. ─ Susurró, le sonreí y me besó, bajó a mi cuello, presionaba su lengua contra mi cuello, lo cual me hizo gemir. ─ Eres hermosa, sensual, poderosa, excitante…
Se colocó sobre mí, besaba mi cuello, bajó mi sostén, acariciaba uno de mis senos y frotaba mi panty contra mi humedad. Me miró, pidiendo permiso para moverla, asentí y me la quité yo misma.
─ Eres tan, tan sexy, Nayla… ─ Susurró cerca de mi oído.
Empezó a bajar, dejando besos sobre mis senos, me quité el sostén y metió uno en su boca, siguió frotando mi v****a, que ya estaba escurriendo por las ganas que tenía y ella disfrutaba hacerlo lento pero fuerte. Mordió mis senos con cuidado, los chupaba y los seguía moviendo con sus manos. Jadeaba por lo bien que se sentía cada movimiento de sus manos y su lengua. Dejó mis pezones llenos de saliva, abrí las piernas, se colocó en el medio. Con su índice y su pulgar halaba mis pezones, lo cual me hacía gemir por el gustito que recorría mi cuerpo con cada pellizco, bajaba y dejaba besos sobre mi abdomen, hasta que llegó a mi v****a y la contempló con ojos ávidos. Sujetó mis piernas, se acomodó delante de mis v****a, con la abrió con el índice y el dedo medio, metió su lengua, yo no pude evitarlo más, gemí de lo bien que se sentía. Pude sentir la sonrisa que se formaba en los labios de Gwen mientras seguía lamiendo de arriba abajo, cada lengüetazo, me soltaba un gemido desde lo profundo de mi ser y ella lo disfrutaba.
Su lengua no se detenía, mi clítoris lo estaba disfrutando, su masaje era sexy y rudo, me ponía mucho y no podía ocultarlo. Estaba muy mojada, Gwen chupaba todos mis fluidos sin contenerse ni un poco. Chupaba, lamía y frotaba mi clítoris, hasta que su lengua dio con el lugar justo que me hizo arquear mi espalda.
─ Justo así, preciosa. ─ Gemí.
Gwen presionó su lengua otra vez en el mismo punto, escurría aún más y empezó a frotarlo con sus dedos, se sentía tan bien que no quería contenerme.
─ ¡No te detengas, preciosa, sigue así! ─ Le exigí, sintiendo todo el placer recorrer mi cuerpo de pies a cabeza.
Siguió y siguió con sus dedos presionando mi clítoris, levanté mi pelvis y metió sus dedos dentro de mí, apreté las piernas soltando un gran gemido cuando llegué al orgasmo. Gwen sonreía complacida, siguió frotando mi clítoris y sacó sus dedos para empezar a chupar mis fluidos con su lengua. Se levantó y se colocó sobre mí, empezó a besarme. Nuestras bocas sabían a los fluidos de la otra, tomé su rostro y profundicé el beso sin contenerme, Gwen se frotaba contra mí, la giré y empujé contra la cama. Cayó mirándome con sus hermosos ojos verdes, los rizos rojos se desplegaban sobre la almohada, mis ojos no se alejaban ni un poco de ella.
─ Eres deliciosa, mi preciosa Gwen. ─ Dije, sus mejillas volvieron a tornarse rojas y se acercó para besarme.
─ Me encantas, Nayla. ─ Murmuró, alejando un poco sus labios de los míos.