En medio de las risas, después de conversar un rato con Hall, la puerta de su habitación se cerró de golpe; Stefan entraba con cara de pocos amigos. Su mirada se clavó en mi con cierto disgusto, supongo que no le gustaba como ignoraba sus mensajes e invitaciones.
─ Stefan, amigo. ─ Saludó Hall de modo afectuoso, dándole la mano y con un abrazo.
─ Hey, cariño. ─ Saludé, levantando mi barbilla en un movimiento rápido.
Stefan entrecerró los ojos, sabía que había venido a Dubái con Gwen.
─ Gwen. ─ Susurró Stefan.
“Idiota”, pensé sin dejar de sonreír por todo el berrinche que estaba armando.
─ Habla ya, Hall, ¿qué pasa? ─ Instó Stefan.
Hall disfrutaba el espectáculo de celos por Stefan, y sentía como mis mejillas se sonrojaban ligeramente cuando me miró negando con la cabeza, pero sin dejar de sonreír. Sabía que me estaba regañando a su manera, evité su mirada pero podía seguir sintiéndola sobre mí. Hall suspiró sonoramente, caminó hasta la pequeña nevera para sacar una botella, él tenía ese hábito de enfriar sus licores para beberlos y Stefan empezó a seguirle el paso. Se sirvieron algo que no lograba distinguir, de color azul, en pequeños vasos de vidrio.
─ Nayla necesitará ayuda en la fiesta. ─ Explicó Hall después de dar un trago a su bebida.
Stefan volteó a verme, y sonrió con un poco de disgusto.
─ ¿Qué pasa, nena? ¿Engordaste y el vestido te queda ajustado? ─ Soltó sarcástico. Hall puso los ojos en blanco, y caminó hacia la ventana de la habitación.
─ Quiero seguir pasando desapercibida, pero como ya no será así, quiero ver a Luke. Terry me da igual, pero necesito que las personas a las que mis padres les quedaron debiendo, no interrumpan mi conversación con el maldito Luke. ─ Expliqué sin mirarlo.
─ ¿Lo vas a matar? ─ Preguntó con seriedad.
─ No, sólo hablar un poco con él. ─ Aseguré, pero no me sentía segura del todo sabiendo que Luke y Terry me querían muerta.
─ Nena, si hubieras… ─ Hall suspiró. ─ Si por una vez hubieras seguido nuestras indicaciones, no estarías tan tensa. Pensando en lidiar con los hermanos McCray. ─ Dijo, tratando de mantener su particular calma.
─ Nadie le pidió esa visita exprés en mi casa, buscando alguna pista para dar con la gema. ─ Murmuré, molesta.
Hall caminó hacia mi pisando fuerte, sabía lo que podía provocar con mis comentarios. Pero Hall estaba bastante estresado últimamente, y no necesitaba lidiar con mi mal carácter.
─ No lo vas a matar, no vas a amenazar, no harás nada sin consultar conmigo y con Mirka, ¿entendido? ─ Recriminó Hall.
─ Está bien. ─ Vacilé.
Stefan mantuvo su silencio y la vista apartada. Así debía ser. Nadie podía meterse en un regaño de Hall, más que su edad, su corpulencia y su temperamento, era su autoridad la que le otorgaba un lugar al que nosotros aspirábamos algún día, pero era lejano, el día y el puesto. Hall había escalado con uñas, sudor y sangre, hasta la cima. Era como el guía de muchos en este mundo, y un hermano mayor para mí, pues se había quedado cuando sentí que era mi fin.
Hall suspiró cansado, pasó su mano por su cara, colocó el vaso sobre una mesita. La habitación era grande, con hermosas decoraciones blancas y doradas. Se acercó a mí, inclinándose.
─ Nayla, por favor, ve y disfruta la fiesta. Reafirma tu lealtad a algunos de esos bastardos, bebe y baila un poco, planea próximos pagos con quienes tienes deudas y exige sin peleas el dinero que te deban a ti. ─ Pidió con calma. Hall me miró, acarició mi cabello con cuidado de no enredar sus anillos de oro entre mi corto cabello. ─ Hazlo por mí, por Mirka, por entretenerte con esa pelirroja por una noche, ¿bien? Sólo… ─ tragó saliva, clavó sus intensos ojos marrones en mis ojos azules, ─ quédate lejos del peligro por una noche.
Asentí sin ánimos, pero contagiándome de la calma que emanaba Hall. Una última ligera caricia recorrió mi cabello, respiré profundo y miré a Hall, quien me sonreía sin mostrar sus perfectos dientes, su tez canela tenía algunas cicatrices, pero pasaban desapercibidas en su gran musculatura. Colocó su mano sobre mi hombro, lo apretó un poco, y se alejó para volver a su vaso.