Mi cara de terror lo hace salir de mí, y mirarme interrogante.
— Por favor, no me vayas a decir que te arrepientes.
Suspiro mientras intento cubrir mi cuerpo desnudo, pero sus manos no me lo permiten, y termina su cuerpo sobre el mío.
— No me arrepiento, bueno sí, pero no es lo que crees, es solo que, no usamos protección, y yo, bueno no me estoy cuidando, porque hace tanto que no estaba con alguien así... Ya sabes.
Mi cara arde, y un hormiguero en mi estómago se hace presente. Una de sus manos me acaricia con ternura.
— Entiendo.
Solo dice eso, así, tan tranquilo, y yo me molestó, salgo como puedo de su agarre y comienzo a vestirme.
— No puedo creer que lo tomes tan tranquilo.
Recojo mis zapatos, e intento salir, pero me toma de la cintura, y me aprisiona contra la pequeña puerta, su aliento chocando en mi espalda produce que mi piel se erise.
— No te irás, sabes que te hice una promesa, y yo cumplo las mías. Así que te follare hasta que no puedas sentarte bien.
— Y luego iremos por una pastilla de emergencia, ¿Entendiste? O quieres que te dé unos azotes en ese lindo culo.
Un jadeo involuntario brota de mi garganta, sin pensarlo volteo encontrandome con su mirada oscura, exitada.
Mi cuerpo arde, lo deseo. Lo necesito, y lo tendré, uno nuestro labios, mi lengua busca desesperada la suya, y cuando estás se encuentran, ambos enloquecemos.
Tomandome de las piernas me alza, nos guía hacia la pequeña cama, y sin delicadeza arroja mi cuerpo sobre ella, me inclino para detallarlo mejor, y no puedo negar que todo lo que veo me encanta.
Su cuerpo desnudo, sudado, ese hermoso cabello desordenado, sus ojos achicados, por la excitación. Y Dios, su pene erguido.
— ¿Te gusta la vista? Pequeña pervertida. – sonríe sexy, y mi entrepierna se moja más.
— Hay mejores. – Le respondo con picardía. No dice nada solo desciende por mi cuerpo dando pequeños lametones, a mis muslos, ingle, abdomen, y por últimos en mis pechos, los succiona y muerde, mientras que sus dedos exploran mi centro.
— Jamás fui territorial, con nadie. Pero contigo... Te quiero solo para mí, eres mía, Moly. ¿Me oyes? Solo mía.
— Tus labios me pertenecen, éstos hermosos pechos, míos. Y esto que estoy tocando, es solo mío, solo yo, te podré saborear. También deseo tú... Corazón.
Solo esa palabra bastó, para que sintiera que mi cuerpo pasaba del calor ardiente, al más cruel frío. Uno que me estaba calando hasta el último hueso.
Sin poder evitarlo me levanto y sin importarme mi desnudes. Salgo de ese lugar.
Por suerte no me cruzo con nadie, hasta que llego a un pequeño, pero lujoso baño.
Y es en esa soledad dónde me permito romperme, Dios, ¿Como le digo, a Ares, que no le puedo dar mi corazón?
Porque ése, no es mío.
¿Cómo le explicó, que es de alguien más? alguien me lo obsequio, y el precio fue su vida.
Suspiro mientras me visto, limpio mi cara. Y cuando estoy por salir, alguien habré la puerta.
Y ahí está él, mirándome, entre enojado y preocupado.
— ¿Que hice, o que dije, para que salieras huyendo? ¡Dios mío! Moly, eres tan complicada.
Pasa sus manos por su cabello, suspira, para luego dar vuelta e irse. Y yo, solo me quedo viendo cómo se aleja, mientras en mi interior algo se oprime.
Pasan algunos minutos, cuando llega Lina, para molestarme con sus tonterías, solo que está vez, ni siquiera puedo molestarme.
Estoy tan ida en mis pensamientos, que solo suspiro mientras ella habla, y habla.
Más tarde estoy por fin en mi departamento, sola, pero por fin puedo respirar tranquila.
Me veo tentada a tomar una copa, pero me repito a mi misma que debo dejar eso, que tengo que ser fuerte y dejar la maldita cobardía.
No puedo explicarle a Ares mis motivos, por el cual reaccione así, no puedo confiarle algo tan mío... Tan personal.
Es por eso que decido dejar que piense lo que quiera, al final de cuentas, solo fue sexo.
Él es mi jefe, y yo soy una mujer que jamás podrá entregar su corazón, a nadie.
Un nuevo día, y unas nuevas ojeras que se notan mucho, maldita sea, no pude dormir nada, solo tengo grabadas sus caricias. Añoro sus besos.
Vamos Moly, deja de pensar estupideces. Me reprendo mentalmente.
Camino apresurada por los pasillos, hasta mi oficina, está vez si e llegado puntual.
Y algo que me extraña mucho, es el hecho de que Lina no está. Ella sí, es bien puntual.
Bueno ya llegará, con su bocota. A amargarme más el día.
Suspiro mientras empiezo mi trabajo.
Media hora después, llega una muy agitada, Lina, con el cabello hecho un nido. Los labios hinchados, y todo su cuerpo grita, sexo.
¡Mierda!
— ¿De dónde vienes? Y ¿Que estabas haciendo? Bueno no hay que ser un genio para saber lo que hacías. Pero la pregunta correcta sería ¿Con quién?
La muy hija de su... Mamá, no me responde solo camina arreglando como puede su aspecto, para luego decirme la agenda de hoy y que en cinco minutos tenemos una junta, para presentar mi nueva propuesta.
Solo que yo, no quiero que me lea la maldita agenda, porque me está matando la curiosidad por saber con quién a tenido sexo salvaje, y digo salvaje, porque su aspecto era como si fuese peleado con mil gatos en celo.
Solo pensarlo hace que suelte una pequeña carcajada. Algo que a mí asistente, la hace endurecer el rostro. Y oh, oh, creo que algo no anda bien.
— ¿Que es tan gracioso, señorita? – Su tono no pasa desapercibido, entonces, sé que algo debió pasarle, aparte del sexo rudo. Involuntariamente vuelvo a reír y ella se enfada más e intenta irse.
— Ya Lina, deja de gruñir como animal salvaje, y dime qué te tiene de mal humor.
— Es gracioso que diga que gruño como animal, cuando usted lo hace todo el día. – Y sí, ahora soy yo quien está molesta.
— ¿Me dirás qué carajos te pasa? o simplemente, trata de no tener cara de querer matar a alguien, sabes que al trabajo no podemos traer nuestras pendejadas.