Capitulo: 15

1266 Palabras
Mierda se qué no debí decir eso, la mirada que me lanza Lina me hace reaccionar. — Oye, lo lamento, sí soy una pésima persona, disculpa por como te hablé, pero solo quiero que me cuentes que ocurre. Lina se lo piensa, hasta que la veo suspirar y sentarse frente a mí. — Folle con alguien, después de tantos años, sin nada de nada, por fin pude hacerlo. Y la verdad me siento fatal, y no porque el sexo fuera malo, no, la verdad estuvo... Ardiente, el punto es que escogi al peor hombre para hacerlo. Sus palabras me dejan un poco confundida, aunque entiendo su punto. — No fue mal cogida, pero si mala elección de polla. – Lina al escucharme voltea de golpe hacia mí como poseída, sonrió pues sé que ella le debe sorprender escucharme hablar así. — ¡Oh! no parece que alguien le an perforado más de un agujero, el papucho debe coger de maravilla, hasta se te olvidó hablar con clase, ahora solo falta que tires pedos. – Lina medio ríe, mientras yo gruño, Dios no se cómo la aguanto. — Deja de voltear las cosas hacia mí. Mejor dime con quién te as acostado. — Lo hice con patán ególatra, mujeriego, idiota, que odio mucho. Suspiro al escuchar sus "halagos" para el hombre que le dió su orgasmo mañanero. — Ya, ya, pero ¿Por qué es tan malo? ya lo hiciste, y si tú cuerpo lo aprobó qué más da. Su quijada cae al piso mientras me mira incrédula. — Demonios, no debí permitir que follaras con Ares, ahora pareces otra, al parecer el Dios griego es muy bueno, y porfa los gemidos que escuche cuando estuve espiandolos... Debe ser un maestro en la cama. Maldita sea, ahora Lina no me dejara en paz nunca. Gruño mientras trato de ignorarla, pues ya ni siquiera me interesa saber con quién follo, solo quiero salir de aquí. Pero sus palabras hacen detener mis pasos. — Acabo de follar con Rodrigo. Mierda, escuchar esa declaración me deja algo perturbada. — ¿Y? No entiendo tu drama. Bueno, yo no quería que tener que imaginarmelos haciendo... Eso, pero si ambos estuvieron consiente de lo que hacían. No entiendo porque estás así. — Bueno estoy así porque él. Es un ¡Puto mujeriego! Y yo, ahora soy una de tantas, a las que se a follado, y luego las desecha. — Y tú no quieres que él... – Me quedo pensativa sin saber que decir. —Ay, no entiendo, tu eres así como tan; liberar y ahora te enrredas porque el tipo te hizo el delicioso... – Escucho el gruñido de Lina. — Tú no entiendes. Él, es mi enemigo, Dios no debí dejarme llevar por las ganas. Pero es que esos ojos. Ese cuerpo. ¡Ah! Estoy loca! – Grita frustrada. — Lina, eso no es algo nuevo. Y lo sabes. Vamos Lina, no me mires así. — Eres pésima amiga. Vengo aquí a contarte la estupidez que hice. Y tú solo... Te burlas. — No me burlo, Lina, solo que creo que exageras. Si tuviste sexo salvaje, con Rodrigo fue porque quisiste, así que deja de lamentarte. — Mejor iré a trabajar, porque ahora mismo quiero ahorcarte, por mala consejera. Y quiero castrarme, por caliente. Sonrió con burla. — Lina, no podrías castrarte ni aunque quisieras. Pues no tienes pelotas. Así qué. — ¡Ya cállate! – y es lo último que dice. Lina sale azotando mi puerta, me recuesto en mi silla, frotando mis sienes por todo el estrés que siento. Justo cuando estaba por ver, qué tomar, para la migraña escucho que alguien toca mi puerta. Dijo un adelanté. Y es, en ese instante, que mi dolor de cabeza aumenta. — Hola, tenemos reunión en cinco minutos. — Sí ya mi secretaria me informo. – es todo lo que digo, camino hacia la salida, pero Ares se interpone en mi camino me toma de las caderas y aparisiona mi cuerpo contra la puerta. Respirando en mi cuello. — Estás hermosa. – Me susurra. — Gracias, ahora déjame salir. Pero Ares párese no oírme, pues solo lo siento presionarse más, a mí, aspira mi olor. Y luego siento su lengua lamer mi cuello. — Ares alejate, ahora. — digo en un susurró, que aunque quise que sonara fuerte, solo salió como un gemido. Mierda. — Tu cuerpo no me dice eso. Nena, deja de resistirte a esto que sentimos. — Solo deja que fluya. Déjame sanar tus heridas, deja que yo cure tu corazón. Déjame entrar aquí. Ares señala mi pecho, y enseguida mi sicatris arde. Como una herida latente, que nunca sanará del todo. Pero tal vez deba intentarlo, tal vez, Ares logré sanarme un poco. Tal vez, él sea el indicado para guiarme a la claridad. Quizás el me enseñe a como vivir con con el corazón remendado. Con ese pensamiento, decido lanzarme a sus brazos y unir nuestros labios en un hambriento beso. Dónde le demuestro todo lo que quiero de el, y lo que nececito. Ambos nos dejamos llevar por este sentimiento que quise frenar, pero fue más fuerte que yo. No digo que lo amare. Hoy... No digo que seré feliz siempre, con él, pero creo que merezco seguir. Merezco valorar el, estar viva. Me separó de Ares e inconscientemente acaricio mi cicatriz a través de mi camisa. Levanto la mirada y puedo ver ese gris que tanto amé, y que ahora me encanta. Sé, que son diferentes ojos, pero su color es único. Sonrió le doy un pico, y salgo de la oficina con una sonrisa de esperanza. Tengo fé en que podré salir de la oscuridad. Y volver a brillar por él. Y por mí. La reunión estuvo estresante, y debo decir que me siento mal, no e dormido bien, tengo migraña. Y debo seguir trabajando, pero lo único que me emociona, y aleja toda amargura de mí, es leer el mensaje que me llegó hace un momento. Lo e leído una y otra vez, solo para sentir ese calorcito en mi helado corazón. Ares... Jefe hijo del mal: Sí, así es como lo tengo de contacto. Siempre me gustó el mar, siempre, soñé con vivir frente a el. Así que cuando te veo a los ojos es como hacer mi sueño realidad. Te veo hoy después del trabajo. PD: no es una pregunta es una orden. ? Así que solo deseo salir rápido de aquí. Antes de que asesine a Lina. Que viene gritando mi nombre como loca. Díos necesito pasiencia. — Moly ¿Por que caminas así? — ¿Así como? — No te hagas, a si, pues. Cómo si nadie más existiera, acaso te sucedió algo importante que aún no me dices. Y en eso, mi vista, que es tan curiosa, ve el mensaje en mi teléfono, y cuando intento reaccionar, ya ella tiene mi teléfono. Luego sus ojos brillan, y su sonrisa es como la del gato de Alicia. Genial, ahora esto me da miedo. Trato de huir de ella. Pero no doy ni un paso cuando la escucho por milésima vez, gritarme. — ¿¡Estás saliendo por fin con él!? Lanza su primera pregunta. — ¡No! Claro que no. — No me mientas. Moly. — Está bien, – Digo resignada. — Es algo complicado, ni siquiera hemos hablado bien, solo que nos volvimos a besar. — Y... Pues, no lo sé, ya veremos qué pasa, ahora dame mi teléfono, y deja de molestarme. Si no, yo también, empezaré a hablar de un chico, con nombre Rodrigo.
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