Siento los latidos lentos del corazón de Ares, e llorado hasta sentir mis ojos hinchados.
Ambos estamos como hace unas horas, abrazados, él como si temiera que yo fuese a huir, y yo, aferrandome a él, como si mi vida dependiera de ello.
— ¿Te sientes mejor? – Escucho la voz ronca de Ares, asiendo que cada bello de mi piel se erice.
— Sí, ya estoy bien... ¿Puedes soltarme?
— No, no quiero hacerlo. Pues solo necesito tenerte entre mis brazos. Quiero sentir que no te irás.
— No me iré, lo prometo. – Aseguro. – Pero debemos ir a comer, ya muero de hambre. Mi estómago y, el tuyo, están rugiendo. – Digo, escucho su risa, una qué calma mi ansiedad y acelera mi corazón.
— Moly... ¿Quien era la persona con la que estabas hablando? – Su pregunta hizo que mi cuerpo se tensara. Me alejo de golpe y, salgo de la habitación, pues necesito aire para poder hablar de algo que me asfixia.
La hermosa vista que me brinda el lago, me da tanta tranquilidad... Creo que estoy lista para hablar con Ares, de mis peores temores. También es hora de hablar de lo que estoy dispuesta a dar en una relación, aunque no se que es lo que en realidad tenemos.
Observo a Ares a mi lado, luego veo frente a mí, una bandeja con el desayuno, uno que se ve delicioso.
— Espero te guste... Yo, lo siento. No debí, preguntar de más... – Callo sus palabras, dándole un suave beso en los labios. Intento alejarme pero sus fuertes brazos me lo impiden, Ares profundiza el beso, haciéndome sentir viva.
Nos separamos, sonriendo de lado. — ¿Comemos? – Es lo único que se me ocurre decirle, a lo que él asiente.
Luego de aquel delicioso desayuno y, uno que otro ardiente beso que nos deja jadeantes y con ganas de algo más... Se podría decir que estoy lista para hablar.
— Ares... Necesito decirte muchas cosas, de mi pasado. – Ares intenta decir algo pero lo detengo, pues si no lo hago ahora, dudo mucho que lo haga después. Quiero que él, sepa toda mi verdad, solo así podremos avanzar.
— Desde muy joven, supe que pronto iba a morir, que no tendría una vida normal como los demás y la verdad así fué, estaba enferma del corazón y, la única manera de poder vivir era con un transplante, igual corría el riesgo de morir en quirófano, lo más difícil fue encontar un donante.
Vivía cada día con cuidados exagerados, medicinas y, nada de vida social... Hasta que llegó él, Sury, mi esposo. – Espero la reacción de Ares, pero nada sucede, no luce sorprendido... Está tan absorto en mi historia.
— ¿Estás casada?
— Si, pero él... Murió. Sury decidió mi vida, sobre la de él. Fue mi esposo, quien me donó su corazón, sin que yo supiera nada... Cuándo nos conocimos quise alejarme de él, pues no quería a nadie a mi lado, que me viera con lastima. Tampoco quería dejar a más personas sufriendo por mi muerte. Ya era suficiente con ver, el dolor en los ojos de mis padres, pero Sury, se las arreglo para entrar en mi vida y luego... Ya no pude sacarlo.
— Nos enamoramos como dos dementes... – Sonrió al recordar nuestros bellos momentos. — Luego nos casamos, aunque yo sabía que no contaba con mucho, yo, lo disfrutaba al máximo. Pero luego, él me dejó o, eso fue lo que me hizo creer. Su partida dolió horrores, quise dejar todo... Ya no me importaba retrasar lo inevitable, así que deje los medicamentos... Bueno, en menos de lo que pensé ya estaba en urgencias luchando entre la vida y, la muerte
— Fue hay, dónde milagrosamente, apareció un donante que cumplía con todo. Luego de la intervención, la recuperación fue lenta pero todo resulto un éxito. Tenía un corazón sano, latiendo con fuerza en mi pecho.
— Desperté, cuando supe que estaba bien... Estube tan feliz, por fin podría vivir como siempre quise, sin depender de medicinas, podía correr viajar y, hacer mi vida como siempre lo imaginé. Luego pensé en buscarlo, pues yo sabía, que Sury, me había dejado porque no soportaba la idea de saber que pronto moriría.
— Pero a los días fuí por él, solo que jamás espere enterarme que él, había muerto... Sury se suicidó. – Siento mis mejillas mojadas. Y es que, recordar aún duele. — Dejo su última voluntad, que su corazón fuera donado... A mí.
— Me entrego su vida, su amor, no me parecía justo, yo di tan poco, no merecía lo que él me obsequio.
— Quise morir en el primer instante que lo supe, pero Sury, se aseguro de dejarme unas cartas, donde me dejaba plasmadas tantas cosas... Que yo jamás, pude quitarme la nueva vida que tenía gracias a él.
— Tiempo después, descubrí que cuando me hicieron el transplante, estaba... Embarazada. Ellos decidieron por mí, me arrancaron del vientre, lo único que me podía unir de por vida a él. De la nada lo perdí todo. – Lloro en silencio, sintiendo como duele mi corazón.
Ares intenta acercarse pero lo detengo. — Deambule por mucho tiempo, caí tan bajo, lo único que apaciguaba mi dolor era el alcohol... Ese fue mi refugio, de echo, hasta hace poco, recurría a el para poder callar la culpa y, consegir dormir.
— ¿Aún lo haces...? Digo, ¿Todavía tomas? – Me pregunta, cauteloso.
— No, decidí que debía valorar, está nueva oportunidad que él me dió. Tarde mucho tiempo en darme cuenta, pero por fin lo hice, se que la culpa no desaparecerá, siempre me preguntaré como sería mi vida y la suya si yo me fuese alegado de él... Bueno, yo estaría muerta, lo sé. Pero Sury, seguiría con vida.
Ares se acerca, y está ves si se lo permito, limpia mis lágrimas, unas que fluyen solas, duele mucho rememorar todo, pero se que es necesario si en verdad quiero avanzar.
— Hermosa, mírame. – Ares me habla con ternura. — Tú, no sabías nada, no debes culparte por algo que no estaba en tus manos. Él, tomo esa decisión. Y... ¿Sabes que lo hizo por amor?
— Sí, claro que lo sé, pero eso no cambia el hecho de que por mi culpa, no solo yo sufrí por esa decisión. También sus padres, yo debí alejarme de Sury, tenía que seguir manteniendome lejos de todos, así fuese evitado todo esto.
— Poco tiempo después de la muerte de Sury, murió su papá. No soporto el dolor de perder a su único hijo, su mamá a tenido que cargar con eso sola, yo no merezco... Todo fue mi culpa – Me quedó callada, pues el nudo en mi garganta no me permite seguir.
— Moly, no digas eso, ¿Crees que el lo hizo para que estuvieras lamentandote su muerte? ¿Culpandote por ello? Amor... ¿No crees que es hora de dejarlo ir? Aprende a ser feliz y, valora ese hermoso regalo que él, te dió. El estar viva ahora.
Escucho las palabras de Ares, sintiendo que tiene razón, yo debo valorar el estar aquí, todo gracias a él.
— Quiero que sepas, que yo puedo estar aquí para tí, enseñarte lo que se siente ser feliz de nuevo. Yo puedo hacerlo, si me dejas entrar en tu vida. – Sus palabras me llenan en alma, sintiendo un calorcito en mi pecho.
Miro a Ares detenidamente, hasta que respondo lo que me dicta el corazón. — Sí, si quiero. No será fácil, aún tengo miedos y demonios que me atormentan... Tal vez no sea buena idea, pero... – Ares calla mis palabras con sus labios, me estrecha entre sus brazos y, es así como comenzamos algo nuestro.
¡HOLA! E VUELTO, ESPERO AUN HAYAN LECTORAS POR AQUÍ.
¿SI LAS HAY?