Capitulo 18 La melodía del corazón.
Despierto en sus brazos, sonrió al recordar la noche que tuvimos, como nos entregamos el uno, al otro... Después de tanto tiempo por fin logré volver a abrir mis sentimientos a alguien.
Estoy empezando a sentirme feliz a su lado, aunque eso me da un poco de miedo.
Pero también me da gusto saber que después de todo si pude seguir.
Intento levantarme, pero sus brazos me tienen aprisionada, no quiero despertarlo, se ve tan sereno, tan... Sexy mientras duerme.
Algunos mechones de cabello cubren su rostro. Sonrió viendo cómo frunce el seño, entonces acaricio su mejilla, suspirando deseando que todo esto no sea un sueño, y si lo es, no quiero despertar.
Cómo puedo me salgo de sus brazos, camino hacia el baño pues siento que mi vejiga va a explotar.
Luego de ducharme, me coloco su camisa, que me llega hasta los muslos. Busco mi celular viendo en la pantalla que tengo varias llamadas perdidas.
Mis manos comienzas a temblar involuntariamente, cuando veo quien me llama con tanta insistencia.
Entonces la culpa llega a mí, al recordar que hoy cumple tres años, de haber partido para siempre, el amor de mi vida.
Nunca había olvidado está fecha hasta hoy, no puedo creer que por estar con Ares lo haya hecho... Me siento como una basura, como es posible que de un segundo, a otro todo cambie tan drásticamente.
Suspiro un par de veces para; prepararme, para lo que viene, pues la madre de Sury cada año, justo en este día ella me llama para recordarme que es mi culpa que él, ya no esté.
— Hola... – Contesto, con nudo en la garganta, tengo tantas ganas de llorar.
— ¿Como estás? La escucho preguntarme, pero la verdad no logro responder nada.
— Imagino que bien, pues estás viva, con un corazón sano... Uno que no pertenece, dime algo, ¿Que se siente ser la causante de que una vida se extinguiera? ¿Que sientes al saber, qué el hombre, que decías amar murió por tu culpa?
Sollozo en silencio, solo me dedico a escucharla, dejo que se desahogue, pues sé, que yo soy la causante de su dolor.
Pero me preguntó, quien entiende el mío.
Siempre me llama un día como hoy para recordarme que yo me adueñe de algo que no era mío, mientras yo solo escucho atentamente.
— Es tu culpa que hoy esté sintiendo este dolor, es tu culpa que hoy esté en este lugar, trayendole flores a la tumba de mi amado hijo.
— Espero, que algún día puedas sentir este dolor en el pecho, ese día comprenderás lo que es estar muerta en vida.
— Te llevaste a mi único hijo, ¿Fue así como le pagaste tanto amor?
— Sabes algo, mi hijo era feliz antes de conocerte, él era un espíritu libre, aventurero, pero cuando tú llegaste, todo cambio.
Su felicidad, se convirtió en tristeza, ya no reía como antes, y solo vivía para tí... Cuánto me arrepiento de no hacer intentado alejarlo de tí, cuando pude.
— Pero me dabas tanta lastima, solo que jamás imaginé que lo perdería a él.
— Eras tú quien debía morir, ese era tú destino.
— Ahora tú vivirás la vida que debió tener mi hijo, te volverás a enamorar, y lo olvidarás, mientras que él, lo entrego todo.
La escucho llorar desconsolada, yo solo reprimo el llanto asiendo que mi pecho duela.
Solo digo lo único que puedo. — Yo, lo siento... Perdón, ¡Por favor!
— ¡Jamás te perdonaré! Jamás... Solo el día que seas madre, y alguien te arrebate su vida, ese día, por fin estaré en paz.
Y así, termina la llamada mis piernas tiemblan, y el llanto sale con fuerza sacudiendo mi cuerpo, entonces unos brazos me toman, logrando que busque consuelo en ellos.
Aunque, creo que no lo merezco. — Tranquila... Hermosa mírame. – La voz de Ares, es único que me mantiene cuerda.
— ¿Que ocurre? ¿Te sientes mal? Que idiota soy claro que te sientes mal. – Niego repetidas veces, aunque tiene razón me siento fatal.
— Puedes contar con mi hombro, cuando lo necesites, puedes contar con mis brazos, cuando necesites refugio en ellos. Todo yo, soy tuyo.
— También estaré para tí, cuando quieras hablar, desahogar todo ese peso que llevas.
Escucho atenta a sus palabras y decido que debo hacerlo, quiero contarle mi verdad, refugiarme en él, quiero que sepa todo.
Para así estar por fin sin tanto tormento, confiaré en él y espero no arrepentirme.