Leobardo Estaba sentado esperando la salida de nuestro vuelo. Cada cierto tiempo miraba mi teléfono, pues veía si mi madre me mandaba algo. Estaba tentado en llamarla, pero sabía perfectamente que ella podría resolver este problema, o al menos tenía la esperanza de que lo hiciera. Manuel había cometido un error, un gran error, y se que no sería fácil arreglarlo. Siento que alguien toca mi mano volteo y le sonrío, pero sé que mi sonrisa es más una mueca. Ella me ve con los ojos entrecerrados; creo que en este tiempo ha aprendido a conocerme. —¿Te sientes bien? ¿Qué te sucede? Te veo distraído. Yo empiezo a negar. Creo que no sería una buena idea decirle los problemas de mi tío o tal vez cambiar los personajes. Sí, eso es. —No es nada, es una tontería. El amigo de un amigo cometió una e

