Leobardo Justo lo que había pensado: vivía en un barrio bastante peligroso y muy pobre. Su casa era muy humilde. Cuando me estacioné fuera de esta, ella suspira y veo cómo limpia una lágrima de su mejilla. Me sonríe, pero su sonrisa apenas es una fina línea en sus labios. —No siempre fue así. Yo frunzo el ceño, confundido, pues no sé a qué se refiere, y antes de que pueda decir algo, ella procede a seguir hablando. —Creo que es justo que, si tú me has contado parte de tu historia, o mejor dicho, la de tu familia, creo que es justo que yo también te cuente un poco de mi vida. No siempre fue así. Cuando mi padre vivía, tenía un pequeño negocio. Vivíamos en un barrio más tranquilo, no como tu casa, llena de lujos ni nada, pero vivíamos bien, no nos faltaba nada. Simplemente, un día nos h

