Evan Cuando salgo de mi casa, mi corazón se hace pequeño, pues mi hermosa hija llora desconsolada pidiendo que me quede con ella. Pero no puedo hacerlo; tengo que trabajar. A unos les sonará un pretexto muy estúpido, pues soy el dueño de Corporaciones Jackson y nadie manda sobre mí, pero realmente es más complicado que eso. No puedo permanecer mucho tiempo en mi casa, la casa que compartí más de 7 años con mi esposa, la misma que dio su vida a cambio de la de mi hija. Y lo peor de todo es que no dejo de sentirme responsable por eso, pues cuando más me necesitó, no estuve a su lado. Cuando llego a mi empresa y las enormes puertas del elevador se abren, me quedo completamente sorprendido. Empiezo a caminar hacia mi oficina y el montón de mujeres que se encuentran ahí esperando me miran com

