Laboratorio 🧪

1044 Palabras
El trayecto transcurre en un silencio, voy mirando por la ventana mientras el perfume que Max me puso sigue sin oler a nada. Sin embargo, no dejo de tocarme el cuello, como si esperara encontrar una explicación del porque me arde un poco. Mis hermanos tampoco hablan. Cuando la camioneta se detiene frente al enorme edificio donde trabajan, bajo despacio. El lugar siempre me ha parecido extraño. Demasiado limpio. Demasiado ordenado. Y demasiado silencioso. Ni siquiera escucho el murmullo habitual de las personas. -¿Qué pasa hoy?- pregunto mirando alrededor. Ninguno responde, entramos. Los pasillos están casi vacíos y varias personas caminan con el rostro serio. Algunas incluso tienen los ojos enrojecidos, como si hubieran llorado. Un hombre mayor, de cabello completamente blanco y una bata impecable, se acerca apresurado. -Maximiliano... Cristian... Los dos levantan la vista. El hombre baja la cabeza antes de hablar. -X... murió esta madrugada. Mi corazón da un vuelco ¿De que hablaran? Max aprieta la mandíbula. Cris baja lentamente la mirada. -La enfermedad avanzó demasiado rápido- continúa el hombre con tristeza -No hubo nada que pudiéramos hacer- Por un instante nadie dice una palabra. Hasta que ambos hermanos giran al mismo tiempo para verme. -Delfi- dice Max con calma -Espéranos aquí sentada. -¿Pasó algo? -Solo espera. Asiento Me siento en una de las bancas del pasillo, cruzo los brazos intentando distraerme cuando una voz conocida rompe el silencio. -¡Delfi! Levanto la cabeza. -¡Helen! Mi mejor amiga viene caminando con una carpeta llena de documentos entre los brazos. Nos abrazamos fuerte. -¿Qué haces aquí? -Vine con mis hermanos... ¿y tú? Ella sonríe. -Estoy colaborando en el área de investigación de alimentos. Estamos intentando descubrir por qué apareció este virus y cómo detenerlo. Mis ojos brillan. -Me encantaría trabajar aquí. Helen ríe. -Pues estudia esta carrera. Mi sonrisa desaparece. -No puedo. -¿Por qué? Suspiro. -Mis hermanos no me dejan- Ella hace una mueca. -Son demasiado sobreprotectores contigo. No puedo evitar sonreír. -Sí... demasiado. Antes de seguir hablando noto movimiento al fondo del laboratorio. Cinco hombres con batas blancas nos observan fijamente. No hablan. Solo miran. Siento un escalofrío. -Helen- Ella sigue mi mirada. -Ignóralos. -¿Quiénes son? -Están buscando pruebas. Frunzo el ceño. -¿Pruebas de qué? Helen baja un poco la voz. -Uno de los primeros contagiados murió de una enfermedad muy extraña. Mi respiración se detiene. -¿Qué enfermedad? -No lo saben. Creen que pudo ser una reacción al suero... o algo completamente diferente. Mi estómago comienza a doler. De inmediato recuerdo el accidente de hace cinco años, la sangre, los gritos y aquella sonrisa. Trago saliva. -¿Quién era? Helen abre la carpeta. -Mira. Me entrega un expediente. Mis manos empiezan a temblar antes incluso de abrirlo. Observo la fotografía. El nombre, la fecha. Un dolor insoportable atraviesa mi estómago. Devuelvo el expediente lentamente. -Está... está bien. Helen me observa preocupada. -¿Te sientes bien? Antes de que pueda responder escucho unos pasos apresurados. -Delf. Levanto la vista. Es Cris. Respira más rápido de lo normal. Mira primero a Helen y luego a mí. -¿Por qué no sales a dar una vuelta con Helen? Vayan al jardín de atrás, es loas seguro Parpadeo confundida. -¿Y eso? Él intenta sonreír. -Solo hazlo... por favor. Su voz suena casi como una súplica. Lo observo unos segundos. Asiento -Está bien. Helen y yo salimos del edificio. El aire fresco golpea mi rostro. Caminamos varios minutos hasta llegar a un pequeño jardín con algunas bancas y árboles. Por primera vez en todo el día siento que puedo respirar. Helen rompe el silencio. -Tus hermanos son realmente guapos. La miro de reojo. Ella sigue sonriendo. -Una verdadera lástima. Frunzo el ceño. -¿Por qué? -Porque dicen que ya tienen dueña. Me detengo en seco. -¿Qué? Helen levanta ambas manos. -Solo son rumores. No me mires así. Sigo caminando, aunque algo dentro de mí se siente extraño, ella cambia de tema. -Y tú... ¿cuándo vas a conseguir novio? Suelto una pequeña risa. -No tengo tiempo- Nos sentamos en una banca de piedra. -Además... nadie es mi tipo- Helen cruza las piernas divertida. -A ver... ¿cómo es tu tipo? Pienso unos segundos. Después sonrío. -Alto... Helen asiente. -Hermoso. Ella suelta una carcajada. -Eso era obvio. Yo río también. -Inteligente... que le gusten las mismas cosas que a mí. Que podamos hablar durante horas sin aburrirnos... que quiera a mi pequeña familia- Bajo un poco la voz -Y yo prometo querer a la suya. Helen suspira dramáticamente. -Está difícil. Sonrío. -¿Ves? De pronto... ¡BANG! El estruendo hace temblar el suelo. Las dos nos ponemos de pie de inmediato. -¿Qué fue eso?- grita Helen. Otro disparo. Después otro. Y otro. Los gritos comienzan a llenar el lugar. Personas corren desesperadas. Un hombre cae al suelo. Una enorme mesa metálica sale despedida por el aire y aterriza frente a nosotras con un golpe ensordecedor, las balas golpean la mesa, y gracias a Dios no nos llegan. -¡¿De dónde salió eso?!- grita Helen completamente pálida. Mi corazón golpea con tanta fuerza que siento que va a romperme el pecho. -¡Tenemos que salir de aquí!- Intento correr. Pero alguien aparece detrás de mí. No escuché pasos. No escuché respiración. Nada. Solo siento una mano helada sujetándome con fuerza. Un pañuelo cubre mi nariz y mi boca. Intento apartarlo. No puedo. El mundo comienza a girar. Todo se vuelve borroso. Las voces se distorsionan. Las figuras se mezclan entre sombras. Apenas alcanzo a distinguir a alguien muy alto, que se viene acercando. Completamente vestido de n***o. Se mueve demasiado rápido. Como si el caos no pudiera tocarlo. Como si todos los disparos fueran incapaces de alcanzarlo. El terror me paraliza, las lágrimas llenan mis ojos. -N-no... por favor... Mi voz apenas sale. -No me hagas daño... Siento que me sostiene con facilidad, escucho un crujir tras de mi. Mi cuerpo deja de responder, al sentir en mis pies un cuerpo frío, inmóvil. Entonces una voz grave, profunda y escalofriantemente tranquila susurra junto a mi oído. -Eres mía... Y la oscuridad termina por tragarse todo.
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