Explicación de lo ocurrido en la escena extra del capítulo anterior:
Alexandre huyó de su familia y empezó a vivir solo, sin contacto con su familia o amigos, llevaba 2 meses en Thasenhot, un pequeño pueblo en las afueras de la ciudad. Esperaba que aquella distancia lo mantuviera a salvo de Héctor, no obstante, las cosas no salieron como él lo esperaba.
Un viernes, regresando a su "hogar", se encontró con el culpable de esta situación tan complicada y este se aprovechó de él. Lo torturó por horas hasta que se cansó y en la noche el menor volvió a trabajar, pasó desapercibido sin inconvenientes, incluso, llegó a encontrarse con uno de sus compañeros de clase para ponerse al día de los trabajos realizados en la mañana.
Aquel chico se llamaba Jack, tenía su edad y le recordaba mucho a Kevin, su comportamiento sobreprotector y sereno era una combinación que le encantaba, lo hacía sentir en casa. Se despidió de su compañero esperando verlo al día siguiente y nada más abrir la puerta de su cuarto de hotel se encontró con su carcelero.
Héctor había observado aquella escena "cariñosa" entre Jack y Alexandre, aquellos simples comentarios o gestos del menor hacía otra persona lo llenaban de celos. El mayor volvió a lastimar al menor y después de dejarlo inconsiente volvió a desaparecer.
A la noche siguiente, Alexandre no salió de casa en todo el día, seguía sintiendo dolor. Permaneció en cama envuelto en sus colchas, hasta que tocaron su puerta. Alerta se acercó y abrió con cautela preparado para enfrentarse a su abusador, no obstante, la aparición de uno de sus compañeros lo dejó helado.
Él hablaba desenfrenadamente, como tratando de explicar algo que no comprendía, hasta que escuchó aquellas palabras.
Jack falleció
***
Alexandre abrió los ojos de golpe, buscó su celular y lo desbloqueo viendo la hora, 8:30 a.m., cogió una almohada y la colocó en su cara quejándose. Por el trabajo él solía levantarse a las 10 a.m., sin embargo, inconscientemente, había logrado despertar temprano.
Dio vueltas en la cama tratando de volver a dormir, no obstante, después de 20 minutos se levantó y se dio un baño. Se alistó y desayunó con pesadez, sacó un pantalón de buzo, un polo manga corta y una polera, metió todo en su mochila y salió de la casa. Prendió un cigarro y caminó hasta el hospital sintiendo una mirada en la espalda.
Héctor había esperado afuera de la casa del menor desde las 8 a.m., era consciente de que aquel chico se levantaría tarde así que fue a comprar una cerveza mientras esperaba. No obstante, cuando regresó, el chico estaba saliendo de casa con su mochila, cosa que se le hizo raro al mayor.
Alexandre continúo su camino tomando algunos desvíos para confundir a su acosador mientras daba las últimas caladas a su cigarro. En un momento tomó un taxi dejando atrás a su no tan agradable acompañante, miró el reloj preocupado de que aquel niño se haya ido. Bajó del taxi y corrió por las escaleras para llegar a la habitación de Aiden.
La enfermera entró a la habitación saludando al menor, este le sonrió y agradeció el desayuno. Unos minutos después, con ayuda de la encargada de turno, bajó de la cama aguantando el dolor que aún existía en sus costillas.
― ¿Está seguro de irse solo? – el menor asintió –
― Voy a estar bien, solo debo cambiarme – sonrió –
― Pero…
― De verdad, voy a estar bien – suspiró – estoy acostumbrado a estar solo
― Pero, en su estado no es seguro
― Voy a estar bien – repitió tratando de convencerse de lo que decía – tengo que estar bien – susurró –
― Niño problemas – Alexandre entró de golpe a la habitación – más te vale que no te hayas ido sin mí
Aiden giró la cabeza encontrándose con aquel chico de ojos azules que sonreía de manera seductora.
“¿De verdad está aquí?”
El corazón del menor saltó de la emoción al verlo, una sonrisa amplia apareció en sus labios y, sin esperar que el mayor comente algo más, se acercó a él con velocidad y lo abrazó.
― ¿Qué pasó? – el mayor correspondió el abrazo del menor con una tierna sonrisa –
― Gracias – susurró el menor contra el pecho del mayor – de verdad, gracias
― ¿En serio pensaste que te iba a dejar solo? – el menor negó –
― No, no eres ese tipo de persona – el mayor se quedó helado con esas palabras –
“¿Qué tipo de persona soy?”
― Jovencito, no debe hacer eso – la enfermera regañó al menor – debe tener cuidado
― Lo siento – se disculpó apartándose del mayor –
― Bueno – sonrió – ¿puede ayudarlo? – el mayor la miró confundido – Cuando esté listo baje para realizar el trámite de salida – el menor asintió y la enfermera se marchó –
― ¿Tengo que ayudarte a cambiar? – preguntó el mayor con una sonrisa pícara en los labios –
― Idiota – el menor desvió la mirada tratando de ocultar el leve sonrojo que apareció en sus mejillas – espérame afuera, me cambio y salgo
― Va, pero – caminó hasta la cama y sacó la ropa que estaba en su mochila – te pondrás esto
― Pero… pero eso no es mío
― Lo sé, es mío – suspiró – pero no puedes ir con la ropa ensangrentada a la calle
― Pero… – el mayor volteo los ojos –
― Me llevo esto – Alexandre recogió la ropa del menor y la colocó dentro de la mochila – y aunque reclames no te la daré – el mayor salió del cuarto dejando al menor con las palabras en la boca –
Alexandre se apoyó en la pared con los brazos cruzados esperando a Aiden, algunas enfermeras que pasaban por ahí le saludaban o sonreían. Era un chico alto y atractivo ante los ojos de las chicas, sin embargo, él las ignoró, se notaba que no estaba interesado en ninguna.
Unos minutos después el menor abrió la puerta, el mayor lo miró detenidamente, su pantalón de buzo le quedaba grande y el polo le quedaba suelto. El menor se sintió incómodo con la mirada del mayor y regresó a la habitación a recoger su mochila, sin embargo, su acto fue detenido por Alexandre.
― Yo llevo tu mochila, tú solo caminarás – decretó el mayor –
― Pero si puedo cargar mi mochila
― La laptop pesa
― No tanto…
― Aiden…
― Pero… – el menor hizo un puchero –
― Vamos – el mayor cargó ambas mochilas –
Alexandre y él salieron de la habitación camino al ascensor, esperaron a que llegara hasta su piso y luego subieron.
― Aguanta un poco, quizá te duela
― No te preocupes – sonrió –
El ascensor comenzó su trayecto, pero era lento, estaba haciendo paradas en todos los pisos. Aiden sostuvo su lado izquierdo cerrando los ojos, cada parada ocasionaba cierto dolor en él. Alexandre se percató del rostro de dolor del menor y se acercó a él, colocó su mano en el hombro del niño.
― ¿Te encuentras bien? – el menor asintió – aguanta un poco, ya estamos por llegar
― No te preocupes – Aiden sonrió con ternura tratando de ocultar su dolor –
El mayor continuó pendiente al menor hasta llegar al primer piso, cuando se escuchó el sonido de las puertas abriéndose ambos pudieron respirar tranquilos. Alexandre estaba preocupado por el menor, no quería que sus dolores aumentaran.
Ambos chicos caminaron hasta la recepción para hacer el trámite para que el menor se pudiera retirar sin problemas y 30 minutos después lograron terminar los trámites para salir del hospital. Aiden agradecía internamente que aquel chico hubiera estado con él, después de estar tanto tiempo de pie, ya le volvían a doler las costillas.
― Descansa un poco – Alexandre habló llamando la atención del menor –
― No es necesario – sonrió – llegando a casa puedo descansar
― Aiden, siéntate un rato, – suspiró – por favor
Aiden se quedó helado al escuchar esas palabras, Alexandre no era el tipo de chico que hablara amablemente, sin embargo, se notaba realmente preocupado por él además lo había ayudado sin obligación.
― Está bien – suspiró resignado –
Aiden se sentó en los asientos durante unos minutos, mientras el mayor revisaba su celular como si estuviera preocupado por algo. Alexandre suspiró pesadamente y se sentó al lado del menor, este lo miró.
― Si debes irte, no hay problema – sonrió – ya me ayudaste mucho
― No es eso, niño, – suspiró – no es nada importante – guardó el celular – ¿Tienes alguien en casa que te pueda cuidar? – preguntó –
― Vivo solo – contestó desviando la mirada –
― ¿Eres consciente de que aún tienes que cuidarte? – el menor asintió –
― Prometo que solo estaré acostado, no te preocupes
― Vale, aceptaré que te quedes en tu casa – se levantó – pero sin hacer peso – el menor asintió –
― No hay problema – sonrió –
― Eso incluye en el colegio – el menor lo miró interrogante –
― Pero… la laptop – el mayor negó –
― No
― Pero…
― Yo terminaré el trabajo, no te preocupes por eso
― Eso no es justo, ya has hecho mucho por mí – el menor se sentía mal por dejarle todo el trabajo al mayor –
— Aiden, el trabajo está casi terminado, no te preocupes
— No tienes que preocuparte tanto por mí – susurró el menor mirando sus manos – no quiero ser una molestia
― Niño tonto – respondió el mayor revolviendo su cabello – no digas idioteces
― Es que… – el menor cerró los ojos –
Aiden no quería ser una carga para él como lo era para su padre, él siempre le decía que cuidarlo y estar pendiente de todo lo relacionado con “su hijo” era una pérdida de tiempo. Siempre terminaba haciéndolo enojar y de a pocos se cansaba de él, no quería que Alexandre se cansara también de él.
― Aiden – Alexandre se agachó para estar a su altura – ¿qué tienes?
― No quiero que te canses de mí – susurró – siempre me cuidas y estás ahí cuando nadie más lo está. – su voz era débil – No quiero que te canses de mí por ser una carga.
Alexandre levantó al menor de la silla con cuidado y tomó su rostro para poder mirarlo a los ojos. Aiden sollozó en silencio, sus mejillas estaban mojadas y sus ojos rojos. El mayor le secó las pequeñas lágrimas con el pulgar y acercó su pequeño cuerpo al suyo, abrazándolo. El menor escondió su cabeza en el pecho del mayor y este acarició su cabello calmándolo.
― Niño tonto – susurró – eres muy llorón – el menor sonrió con la cabeza aún escondida –
Aquel simple acto de cariño y aquellas palabras, que para cualquier otra persona podrían no significar nada, para él lo eran todo. Estar en los brazos de aquel chico y esas palabras frías llenaban aquel vacío que tenía el pequeño en su corazón. Después de aquel momento ambos chicos salieron camino a la casa del menor, sin embargo, el clima había cambiado radicalmente, ahora corría aire.
― ¿Tienes frío? – preguntó el mayor mirando preocupado al niño –
― No
Alexandre miró atentamente al menor, a pesar de decir que no, se notaba que estaba con frío. Aiden sobó sus brazos tratando de entrar en calor y evitando que el mayor lo viera, no quería preocuparlo. El pelirrojo bajó la mochila del menor y levantó la suya, sacó la polera que había guardado en caso de emergencia y volvió a cargar ambas mochilas.
― Aiden – esté giró para verlo y el mayor le entregó la polera – póntela
― N-no es necesario
― Si no te la pones tú, te la pondré yo
― Alexandre, de verdad, no…
Alexandre caminó hasta él y le colocó la polera de sorpresa, esta era de algodón lo que hacía que fuera suave y abrigada. Aiden levantó la mirada encontrándose con el rostro del mayor muy cerca al suyo, el pelirrojo le acomodó el gorro y sonrió con ternura. El rubio sintió como su corazón daba un salto al ver aquella curva en los labios del mayor y no pudo evitar devolver aquella sonrisa tímida.
― Eres un enano, te queda gigante – rio –
― Ca-cállate – respondió el menor apartando el rostro –
***
Héctor llegó a aquel lugar y se quedó en la esquina esperando que “su chico” saliera, no obstante, lo que observó lo llenó de rabia. Alexandre estaba comportándose de manera muy cariñosa con aquel chico raro.
Héctor odiaba que “su chico” tratara de esa manera a una persona que no fuera él. Él sabía a la perfección que Alexandre no lo trataba así y nunca lo había hecho, aquello le molestaba demasiado. No entendía por qué aquel chico había logrado tan extraño comportamiento por parte de su ex pareja, apretó los puños con fuerza y se dispuso a acercarse, sin embargo, su amigo lo detuvo del brazo frenando su absurdo comportamiento.
― Suéltame – demandó, pero Dylan apretó más el agarre –
― ¿Sabes qué pasará si Alexandre te ve?
― ¡Me importa una mierda! – exclamó furioso – ¡Alexandre es mío y ese idiota lo está tocando!
― ¡Héctor! – gritó Dylan – si intentas algo frente a ese chico las cosas van a terminar mal – suspiró – sabes mejor que nadie que Alexandre sabe cómo defenderse
― Lo sé, pero…
― Sabes muy bien que ya no es el mismo niño asustadizo. – suspiró – Si te acercas, Alexandre se va a enfrentar a ti, – Héctor suspiró pesadamente – no lo podrás controlar
― ¡Mierda! – gritó soltándose de su amigo –
― Además, el jefe te matará si vuelves a prisión – suspiró – le costó mucho sacarte la última vez, no te lo perdonará. Menos si es de nuevo por culpa de Alexandre.
― Vale – sacó un cigarro – esperaré a que esté solo – lo prendió y le dio una calada –
― ¿Crees que son algo? – preguntó su amigo sentándose a su lado –
― Alexandre sabe que no debe tener nada con nadie – apretó los puños –
― Pero, ¿si se enamora de él? – Héctor lo miró furioso – No parece incómodo con la presencia del niño – una sonrisa burlona apareció en su rostro – más bien, parece agradarle
Héctor prendió otro cigarro y le dio una falda rápida, movió su pierna con nerviosismo sintiéndose frustrado por el comentario de su amigo.
― Creo que tendré que encargarme – una sonrisa maliciosa apareció en su rostro –
***
Alexandre tomó un taxi y subió al menor en el asiento de adelante. Antes de subir al asiento trasero levantó la vista cruzándose con aquellos ojos verdes.
"¿Qué mierda hace aquí?"
Subió al carro y este avanzó, Aiden miraba preocupado al mayor, él estaba apoyado en la puerta mirando la ventana con el rostro serio.
"¿Habrá visto a Aiden? ¿Estará en peligro? ¿Cómo nos encontró?"
Nota de autor:
¡Hola a todos!
¿Qué les pareció el capítulo de hoy? ¿Qué creen que hará Héctor?
Me gustaría leer sus comentarios, ¡gracias por seguir la lectura !