Héctor llevaba buscando a Alexandre por meses, era increíble como a pesar de sus grandes esfuerzos no lograba encontrarlo. Su primer intento falló al tratar de acercarse a Alton. Aquel chico estaba saliendo de clases cuando este se le acercó.
― Oye – lo llamó y esté se giró fastidiado – ¿dónde está Alexandre?
― Uhmm – Alton se detuvo pensativo unos segundos – quizás en la ciudad, no – sonrió – en la calle, te – lo miró – en la casa, diré – se giró dispuesto a seguir, pero Héctor lo detuvo –
― Estoy preguntando por las buenas – lo jaló – no creo que quieras que sea por las malas
‒ rio – ¿Crees que me das miedo? – bufó – a menos que me dispares no te diré nada – sonrió – y sé mejor que nadie que no puedes hacerme nada
Héctor lo soltó y Alton rio mientras se alejaba de aquel lugar. El mayor frustrado trató de pensar en otra persona que pudiera conocer el paradero del menor, así llegó a la ciudad de Juwhile donde vivía Kevin.
El pelinegro había averiguado el colegio donde estudiar su hermano menor, demoró 2 semanas en encontrar la información, no obstante, seguía con la esperanza de que, por casualidades del destino, Alexandre estuviera por ahí.
Nada más llegar a la ciudad se dirigió al colegio que Dyland le había dicho, se plantó en la puerta, sacó un cigarro y se sentó a esperar al chico.Una hora después, vio salir a un pequeño de 16 años castaño con un pequeño grupo. Héctor botó el cigarro y se acercó a él siguiéndolo con cautela, lo siguió por 6 cuadras hasta que el chico se despidió de sus amigos y se dispuso a continuar su camino.
Estaba a punto de detenerlo cuando un carro se estacionó frente a ambos y un chico de cabellera larga bajó de este, Kevin se acercó a su hermano dejándolo sorprendido y sin aviso empujó a Héctor apartándolo.
― ¿Qué coño haces aquí? – preguntó furioso –
― Veo que todos están muy a la defensiva
― Es que verte siempre nos malogra el día – se giró a mirar a su hermano menor con seriedad – súbete al carro y mándale mensaje a mamá – el menor asintió e hizo lo que su hermano le indicó –
Héctor miraba los movimientos de ambos chicos y por segundos miraba a su alrededor en busca de su pequeño pelirrojo. Kevin se percató de esto y sonrió de manera burlona.
― Si buscas a Alexandre pierdes tu tiempo – sonrió – aquí no está
― ¿Dónde está?
‒ rio – ¿Qué fue lo que te fumaste? ¿En serio crees que te lo diré?
― Está tu hermano – sonrió – dudo que quieras que vea como te saco la mierda
― Inténtalo – Kevin se acercó amenazante a Héctor – Veamos quién le saca la mierda a quién – sonrió – pero recuerda – se cruzó de brazos – si gano, te alejas definitivamente de Alexandre
Héctor apretó los puños, furioso, y sin aviso lanzó un puñetazo al rostro de Kevin, esté logró esquivarlo, y sin más, el pelinegro se marchó. Estaba harto de que todos consideraran que era la mejor alternativa que se alejará del menor, nunca le dieron una oportunidad y nunca pudo demostrar que de verdad tenía sentimientos por él. No obstante, por como estaban las cosas ahora, ya no importaba.
Héctor volvió a la ciudad principal, había dos personas más que podían tener información de primera mano sobre el paradero de Alexandre. Su primera víctima sería la persona que en su momento logró atemorizar, así que se acercó a aquella casa que conocía a la perfección.
Se quedó sentado en los escalones de la casa de enfrente y cuando vio salir a la pequeña la siguió, era lunes por la mañana, así que sabía que se dirigiría al colegio. Después de seguirla hasta su centro, la espero hasta que sus clases terminaron y la volvió a seguir hasta que ella llegó a su centro deportivo.
Valery practicaba tenis en las tardes todos los lunes y miércoles, Héctor había obtenido esta información desde hace mucho tiempo, sin embargo, era la primera vez que se volvía a aparecer frente a ella. La pequeña salió de su clase dispuesta a cambiarse de ropa, cuando sintió una presencia detrás de ella.
Sacó su celular y con discreción mando aquel mensaje, luego retomó su camino hasta los baños y, antes de entrar, Héctor la detuvo.
― Cómo has crecido maldita mocosa
― Mientras tú sigues igual de idiota – respondió quedándose frente a él –
― ¿No te enseñaron a respetar a tus mayores?
― Me enseñaron a tratar educadamente a las buenas personas – sonrió – mientras que a los insectos debía matarlos
― Maldita estú…
― ¿Qué pasó? – preguntó sonriendo la pequeña – ¿No sabes más insultos? – rio – siempre me llamas igual
― Yo soy más de golpes – tomó su blusa – creo que así me hago entender mejor
― Somos dos
La pequeña levantó su raqueta golpeando la cabeza del chico y dejándolo aturdido. Entró corriendo al baño y cerró la puerta evitando que aquel hombre pudiera entrar. Héctor estaba molesto y golpeaba la puerta con fuerza, mientras la pequeña trataba de mantener la calma.
Por la mente de Valery pasaban aquellos recuerdos de 5 años atrás, cuando conoció por primera vez al perpetrador de su primo. Mientras se sumía en aquellos recuerdos oscuros su teléfono empezó a sonar, minutos después aquella bulla desapareció y ella respondió la llamada.
― Vale – la voz de su hermano la calmó – Ya estás a salvo, sal, estoy afuera
***
Mike y Aiden se empezaron a llevar bien, el chico cumplía la promesa que le había hecho a su primo, lo cuidaba, sin embargo, se daba cuenta de que a pesar de que el menor tratara de negarlo seguía extrañando a Alexandre.
Aiden volvió a clases como siempre, trató de evitar mejor los golpes de Esteban y de a pocos trató de recuperarse. No tener noticias de Alexandre lo seguía poniendo mal, pero ahora lo podía manejar un poco mejor.
El viernes por la tarde, al salir del colegio, el menor iba caminando a su casa como siempre mientras le escribía un mensaje para aquel chico desaparecido.
Solo me gustaría saber que estás bien, te extraño, gracias por todo lo que me cuidaste. Este es el último mensaje, cuídate Alexandre, espero tener noticias tuyas pronto.
El menor guardó el celular y continuó con su camino, llegó al callejón donde fue su primera conversación fuera del colegio con el mayor y sonrió. Trató de retomar su camino cuando un chico salió y lo jaló a fuerzas hasta aquel lugar, lo empujó contra la pared y lo miró furioso.
― Me vas a decir dónde está Alexandre – demandó Héctor con una voz autoritaria –
― No lo sé – respondió el menor asustado –
― ¡No me mientas! – gritó mientras cogía fuertemente de los brazos al menor –
― ¡No lo sé! – gritó el pequeño asustado –
― Entonces vendrás conmigo – Héctor tomó del brazo al menor jalándolo hasta el fondo del callejón –
― ¡No! ¡Suéltame! – gritó – ¡Ayuda!
― ¡Cállate! – Héctor le dio una fuerte bofetada al menor – ¡Dime dónde está!
― ¡No lo sé! – gritó desesperado el menor –
Héctor sujetó fuertemente de los brazos al menor y lo pegó a la pared haciéndolo gritar de dolor. Su espalda chocó con aquella pared dura y fría, Aiden se sentía confundido y asustado, no entendía por qué aquel chico pensaba que él sabía algo.
― ¡Por tu culpa se largó! ¡Tienes que decirme dónde está! – gritó en el rostro del menor, hablaba tan rápido y fuerte que escupía –
― ¡Déjame! ¡No sé de qué hablas! – Aiden trató de zafarse de aquel agarre, pero Héctor solo apretaba más –
Mike estaba esperando al menor en la puerta del colegio con el carro, sin embargo, al verlo salir, notó que estaba muy concentrado en el celular. Decidió esperarlo a ver si se daba cuenta de su presencia, pero todo cambió cuando no lo volvió a ver. Había quedado para salir, sabía que tenía que escribirle, pero se preocupó por no saber de él.
Bajó del carro a buscarlo cuando escuchó aquellos gritos, se acercó cauteloso a aquel callejón. Héctor estaba gritándole al menor, su ira era tan palpable que debía actuar rápido.
― ¡Suéltalo! – gritó Mike sorprendiendo al menor –
― Así que te escondías en las sombras – una sonrisa burlona se formó en el rostro de Héctor –
― Si quieres pelear con alguien, aquí estoy
― ¡No! ¡Mike, vete!
― Sabes bien que no busco pelear – sonrió – solo quiero a Alexandre
― Este niño no sabe dónde está
― ¿Cómo puedo estar tan seguro de eso?
― Porque ni yo sé dónde está – aquellas palabras hicieron al menor abrir los ojos de la sorpresa –
― No te lo puedo creer
― ¿Por qué sabrías tú dónde está? – preguntó Aiden aislándose de la situación –
― ¿En serio? – Héctor rio mirando el rostro confuso del menor – ¿No lo sabías?
― Héctor, solo déjalo en paz – suspiró – sabes perfectamente que si lo buscas de esta forma no lo encontrarás como quieres – miró al mayor con fastidio –
― ¡¿De qué estás hablando?! – ahora el menor estaba perdido con lo que hablaban –
― Aiden, por favor, confía en mí
― Claro – Héctor sonrió arrogante – confía en la persona que no te pudo decir que sabía dónde estaba él – el menor lo miró –
― ¿Tú sabes dónde está?
― ¡No! – gritó tratando de ocultar su culpa –
― Vamos, Mike, ¿en serio esperas que te crea?
― No lo hagas, pero eres consciente que sí Alexandre se entera de que te acercaste a mí o tocaste a este chico – sonrió – te arrancará la cabeza, ¿no?
Héctor apretó los dientes, fastidiado, le hervía la sangre el considerar que aquel chico podía significar tanto para “su chico”. Tenía en mente el trato verbal que habían hecho hace unos años, sin embargo, parecía que las cosas habían cambiado y eso lo alteraba de sobre manera.
― No lo hará, – respondió esperando la respuesta del menor – dijo que ese niño le importaba una mierda. – Aiden sintió como su corazón se rompía en ese momento – ¿Por qué crees que se fue sin despedirse? – miró al menor con cierta emoción – Tú solo le dabas pena – una sonrisa ladeada apareció – o quizás… – miró de pies a cabeza al pequeño – solo se divirtió contigo – acercó al menor a su cuerpo – tendré que probarte
― ¡No me toques! – gritó el menor empujándolo sin éxito –
― Que adorable – hizo una voz aguda – Alexandre se debe haber divertido bastante contigo
― ¡Cállate! – gritó dándole una patada en la pierna – ¡Alexandre no es una basura como tú! – los ojos de Mike se abrieron ante tal acto repentino – ¡Alexandre no es como tú dices! ¡Él nunca hubiera hablado así de mí!
― ¡¿Y quién mierda te crees tú para saber más que yo sobre él?! – Héctor tomó con fuerza la muñeca del menor –
― ¡Porque es mi amigo! – gritó –
El rostro de Héctor se enfureció ante tales palabras, empujó al chico contra la pared haciéndolo rebotar y caer de golpe en el suelo. Entonces Mike corrió hasta él dándole una patada en el pecho y empujándolo con fuerza lejos del menor, aquel chico cayó sobre los botes de basura y el mayor se acercó al pequeño tratando de llevárselo.
― ¡Levántate! ¡Rápido! – gritó Mike mientras lo jalaba –
Ambos corrieron fuera del callejón siendo perseguidos por aquel chico, el corazón de Aiden iba a mil del miedo. Era la primera vez que se enfrentaba con alguien mucho mayor que él y no sabía cómo había logrado hacerlo. Llegaron al carro de Mike y esté lo encendió, Héctor llegó a ellos unos segundos después.
― ¡Abre la maldita puerta! ¡Dame a ese estúpido niño! – gritó golpeando la puerta del menor, este temblaba en su asiento –
― ¡Arranca, por favor! – gritó Aiden y Mike pisó el acelerador –
Así ambos lograron escapar de aquel chico, manejaron durante 20 minutos por distintas partes de la ciudad tratando de perder a Héctor y cuando estuvieron seguros estacionaron el carro.
El silencio entre ambos chicos era incómodo, Aiden no podía dejar de darle vueltas a las palabras de Héctor. Mientras Mike estaba concentrado en buscar una salida a las dudas que podría plantearle aquel niño. Después de unos largos minutos que parecieron horas, Aiden por fin habló.
― ¿Cómo conoces a Alexandre? – el menor lo miró –
― Aiden, yo…
― ¿Por qué dices que tú tampoco sabes dónde está?
― Yo… yo
― ¿Cómo sabrías algo de él si ni sabes cómo es? – la insistencia de Aiden hacía sentir demasiado incómodo al mayor –
― Aiden, de verdad yo no… – suspiró – no puedo hablar – apretó su volante con fuerza – lo siento
― ¡Mike! – gritó golpeando el asiento –
― Lo siento, Aiden, de verdad, pero no puedo decirte nada – el menor suspiró –
― Quiero que me lleves a ver a Alexandre – el tono frío del menor sorprendió al mayor –
Mike estaba acostumbrado a que aquel niño lo tratara con cariño y respeto, pero ahora estaba tan frío y distante que se sentía raro. No le gustaba esta situación, sabía que la mejor alternativa era que el causante de esto se lo explique, pero ¿podría su primo hacerse entender con este niño?
― Créeme que me encantaría, pero no puedo
― Si no me llevas con él saldré del carro y me iré con ese chico
― ¿Qué? – Mike miró sorprendido al menor –
― Yo no sé cómo localizarlo, pero parece que él sí – suspiró – si no me llevas tú, me iré con él
― ¿Eres consciente de que te va a lastimar? – el menor asintió – ¿Entonces por qué quieres ir con él?
― Porque quiero ver a Alexandre
― Aiden, esa no es la solución
― ¡Entonces dime cuál es! – gritó desesperado el menor – ¡Llevo 4 meses sin tener respuestas de por qué cojones él se fue! – Mike sintió un nudo en la garganta, lo había visto llorar una infinidad de veces por él – ¡¿Por qué no se despidió?! ¡¿Por qué me abandonó?! – las lágrimas empezaron a caer – ¡Si quería alejarse de mí por qué no solo me lo dijo! ¡¿Por qué tenía que hacerme creer que le importaba para luego irse?! – el menor rompió en llanto –
Mike odiaba ver llorar al menor, solo habían sido 2 ocasiones en las que aquel pequeño le había confesado aquellas agonías internas, pero le partía el corazón verlo así. Suspiró pesadamente maldiciéndose internamente, sabía las consecuencias de llevar al menor, pero ¿qué más podía hacer?
― j***r, niño – apretó el volante con fuerza – vas a hacer que me maten – suspiró – apaga tu celular
Y con esas palabras Mike avanzó, estuvo manejando durante 3 horas sin parar hasta llegar a una pequeña ciudad. Eran las 5 p.m. y aún se sentía calor en aquel lugar, era muy parecido a un pueblo, un poco alejado de la ciudad, pero acogedor.
Mike se estacionó frente a un local de comida el cual atendía 24/7, ambos bajaron del carro, el menor estaba confundido. Aquel lugar parecía sacado de las historias antiguar, pequeñas casas separadas solo por una vaya, antiguos locales de comida acogedores y árboles gigantes que la rodeaban.
“¿Dónde estamos exactamente?”
Mike entró al local acompañado de Aiden, en aquel lugar había 3 camareros y 2 chicas en la caja. El chico se acercó a las cajeras y las saludó amenamente, la verdad el menor no les prestó atención en la conversación hasta que escuchó aquel nombre.
― ¿Saben dónde está Alexandre? – preguntó Mike –
― Salió a fumar – respondió una – creo que es la cuarta vez hoy
― Ese chico nunca deja el vicio – ambas chicas asintieron –
― Que sorpresa verte hoy aquí – sonrió la otra chica – la última vez fue hace tanto…
― Lo siento, chicas, estuve un poco ocupado
Aiden volteó los ojos, fastidiado, aquel chico había venido en otras ocasiones, siempre supo dónde estaba. Suspiró enojado, no podía creer que la persona que había considerado su amigo también le había mentido.
― Mike – dijo uno de los chicos – tu primo ya va a entrar
“¿Primo?”
Aiden sintió como una corriente de aire entraba por su espalda, se giró a mirar a Mike el cual le sonrió como pidiendo disculpas.
― No te muevas hasta que te diga – el menor asintió nervioso –
Alexandre entró al local aún con su cigarro en la mano, lo tiró al suelo apagándolo y lo botó a la basura. Sintió las miradas encima y levantó la cabeza buscando al responsable de aquel suceso. Su rostro cambió al ver a su querido primo acercarse a él con una sonrisa forzada en los labios.
― ¿Qué mierda haces aquí? Te dije que no debías volver – Alexandre empujó a su primo apartándolo y caminó hacia las mesas a terminar de limpiar –
― Solo quería hacerle una visita a mi primo favorito, ¿ahora no puedo?
― Pensé que había sido claro la última vez
― Sí, pero esta vez no pude evitar venir
― Eso dices siempre – suspiró frustrado - ¿Quién te mandó está vez? ¿Isi? ¿Vale? ¿El fantasma de papá?
― Pues… la verdad no tan así
― ¿Entonces? – preguntó girándose para verlo –
Aiden había escuchado la pequeña conversación entre aquellos chicos y ahora los nervios lo habían invadido. Las ganas de ver a Alexandre ahora estaban llenas de miedos e inseguridades.
“¿Si él no quiere verme? ¿Si está mejor así? ¿Si no me extrañó?”
El rubio sentía sus manos sudorosas y como su pierna se movía de manera rápida, su pecho se estaba cerrando. El miedo que sentía por esta situación era casi patente, aquellas chicas lo miraran preocupado y trataban de hablarle, pero él no escuchaba.
“Será mejor que me vaya…”
El menor tomó sus cosas y caminó hasta la puerta sin decir ninguna palabra, su mirada estaba clavada en el suelo mientras trataba de controlar las lágrimas. Con oír la voz del mayor se podía conformar, estaba bien y para él era lo importante.
Continuó su camino hasta la puerta, pero se chocó con un chico haciéndolo botar los platos que llevaba consigo.
― ¡Niño tonto! – gritó – ¡Por qué no miras por dónde vas!
― Lo siento – susurró el menor tratando de alejarse de aquel lugar –
― ¡Tú no te vas! – aquel chico lo tomó del brazo – ¿Quién pagará por esto?
Aquel escándalo distrajo a ambos chicos que se encontraban conversando en una esquina del local. Alexandre sentía que conocía a aquel chico que estaba en problemas, sin embargo, el brillo del sol que se reflejaba por la ventana le impedía ver correctamente.
― ¡Suéltame, por favor, duele! – aquel chico tenía sujeto al menor en el mismo lugar donde Héctor horas antes lo había lastimado –
― ¡Qué pagues! – gritó el chico –
― ¡Por favor, para! ¡Duele! – gritó el menor alterando a todos los trabajadores –
Alexandre abrió los ojos de la sorpresa al escuchar aquella voz, el tono suave y dulce que siempre pedía ayuda en clase. Esa voz para él era inconfundible, la había extrañado durante tanto tiempo que era imposible que se equivocara.
Caminó hasta aquellos chicos ignorando a su primo y al llegar frente al sujeto que tenía detenido al menor, habló.
― Yo pagaré los platos rotos – suspiró – así que suéltalo
― ¿Ha-hablas en serio? – preguntó el chico sorprendido –
― Sí, – su mirada fría alteró el ambiente – así que suéltalo – Alexandre recalcó la última palabra –
― De acuerdo – el chico soltó a Aiden y el menor mantuvo su mirada en el suelo –
― Espérenme en mi cuarto – Alexandre miró a su primo – pediré permiso
― Alexandre, yo…
― ¡Ahora, Mike! – aquel chico asintió y tomando del brazo al menor salieron del local –
Mike caminó con Aiden hasta el hotel donde se estaba quedando el chico. El menor se desvió dirigiéndose hasta el carro, su miedo era mucho mayor a sus ganas de hablar. El mayor miró como aquel rubio estaba perdiendo el valor que meses antes había juntado.
― Creo que es mejor que me vaya – Aiden sentía su corazón muy lastimado como para hacerle frente al mayor –
― Tú querías verlo, ¿Por qué ahora te quieres ir?
― Porque lo estoy molestando – Mike se apoyó en el capó del carro –
― Tú le dijiste a aquel chico que lo conocías mejor que él – Aiden asintió – ¿De verdad consideras que lo estás molestando?
― No lo sé – suspiró – moría por verlo y ahora solo…
― Te asusta – el menor asintió – ¿Por qué no intentas resolver tus preguntas? – suspiró – Si te vas ahora quién sabe si lo volverás a ver
― ¿Y si es mejor así?
― ¿Consideras que fue lo mejor que te deje sin decir nada? – negó – ¿Entonces? ¿Por qué te haces tanto problema? – Aiden suspiró aún confundido –
Veinte minutos más tarde, Alexandre llegó al lugar, sin decir nada, subió las escaleras hasta el 3 piso y sus dos amigos lo siguieron. Al llegar a la habitación abrió la puerta y se alejó permitiendo el pase de sus acompañantes. Apenas cerró la puerta, el ambiente entre Mike y Alexandre cambió, la tensión la podían cortar con un cuchillo.
― Me podrías explicar por qué cojones lo trajiste – preguntó enojado –
― Creo que es una pregunta que mejor te la contesta él…
― ¡Mike! – gritó furioso –
― Va, va, va – suspiró – se encontró con Héctor – Alexandre miró confundido a su primo –
― ¿Qué? – el semblante serio y enojado del mayor cambió radicalmente a uno de preocupación – ¿Estás bien? – el menor asintió sin mirarlo – ¿Por qué se le acercó?
― Quería encontrarte
― ¡Se suponía que lo ibas a cuidar! – gritó desaforado –
― ¡Y lo he estado haciendo! – respondió – ¡Pero no soy su niñero! ¡No lo puedo vigilar 24/7!
― ¡Ese era tu trabajo!
― ¡Idiota! ¡¿Crees que no lo intenté?!
― ¡Si fuera así él no se hubiera acercado a Aiden!
― ¡Si tú hubieras estado ahí lo habrías podido impedir!
― ¡Mike!
― ¡Alexandre, no puedes culparme por esto! ¡Eres consciente de que hice lo mejor que pude!
― ¡Mike, no me jodas! ¡Ese idiota se le acercó! ¡Se suponía que tenías que evitarlo!
― ¡Lo intenté! ¡j***r! ¡De verdad lo intenté!
― ¡¿Y por qué cojones lo trajiste?! ¡Sabes que lo has expuesto!
― ¡Alexandre, coño, por una puta vez escúchame! ¡Yo solo…!
― ¡No me importa!
― ¡Basta! – gritó el menor – ¡Yo le pedí venir! – Aiden aún no podía mirar al mayor –
Alexandre se quedó callado mirando un punto en blanco, el ambiente cargado ahora era incómodo. Ninguno de los tres se atrevía a hablar, Alexandre seguía enojado con su primo y Aiden no se atrevía a encarar la situación.
El menor había esperado tanto el momento de volver a ver al mayor, sin embargo, todo lo que había pasado en esas horas era muy complicado de procesar. Miles de preguntas se le venían a la cabeza, pero ninguna era capaz de emitir.
Alexandre por ratos miraba al menor, el uniforme como siempre lo tenía desarreglado, un poco de polvo y tierra en la camisa. Su mejilla tenía una marca roja que lo hacía sentirse una mierda, si hubiera estado ahí hubiera podido impedir que lo lastime.
El silencio era sepulcral e incómodo entre los dos, Mike sabía que el enojo de su primo no era eso, sino miedo. Nunca había sido buscado por otra personal adicional a él, sin embargo, el hecho de que Aiden se haya arriesgado tanto por él le creaba una duda interna.
Además, de lo poco que conocía al menor, era consciente que necesitaba aclarar sus dudas con él. Todavía recordaba sus largas charlas donde aquel pequeño lloraba y maldecía por no entender la situación.
Sin embargo, ahora que ambos estaban en el mismo lugar ninguno se atrevía a hablar. Mike suspiró cansado y miró la hora, cuarto para las 8, habían estado en silencio durante tanto tiempo que este había pasado volando.
Mike caminó hasta la cama donde se encontraba Aiden y tomó sus cosas dejando sorprendido a ambos. Alexandre miraba a su primo con detenimiento, mientras el menor seguía con la mirada en sus manos.
― Separé otra habitación para mí, me voy – Mike le dio un apretón en el hombro al menor en señal de fuerza –
― Pero ¿qué…?
― Basta los dos, se están comportando como niños – suspiró – esto es algo que deben hablarlo – los miró serios – así que ninguno se irá de aquí hasta que lo hayan hablado, mientras, iré a mi habitación – salió cerrando la puerta con fuerza –
Durante varios minutos ambos chicos se quedaron en silencio, Aiden estaba sentado en la cama mientras Alexandre estaba en el suelo. No se miraban, ninguno se atrevía a iniciar la conversación que tenían pendiente.
― Lo siento – susurró el menor – fue un error venir, no volverá a pasar – se levantó de la cama y trató de abrir la puerta, pero Alexandre lo detuvo de la muñeca –
Se levantó de la cama y trató de abrir la puerta, pero Alexandre lo detuvo de la muñeca. El mayor se quería golpear por estarse comportando como un idiota, había extrañado a aquel niño y ahora que lo tenía en frente no quería dejarlo ir.
― ¡No! – gritó tratando de soltarse del mayor –
― Déjame ver – Alexandre miró al menor – pareces lastimado – el menor negó –
― No es importante – el mayor suspiró –
Alexandre desabotonó la manga del menor y la levantó encontrándose con las marcas de los dedos de Héctor. Aiden mordió su labio inferior evitando hablar, el mayor levantó más la manga encontrándose con otras marcas en su brazo. Tomó el otro brazo del menor e hizo lo mismo encontrándose aquellas mismas marcas.
El mayor podría reconocer aquellos golpes dónde fuera, el mismo las había tenido en algún momento. Apretó el puño con fuerza, se levantó de golpe y salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí. Aiden no sabía si debía irse o quedarse, se sentía aturdido.
El menor se volvió a sentar en la cama mientras esperaba que aquel chico volviera, unos 10 minutos después la puerta de aquella habitación se abrió mostrando a un Alexandre con un semblante enojado y una bolsa en las manos.
― ¿Me permites curarte? – aquella pregunta tímida y formal del mayor calmó un poco al niño y este asintió – ¿Solo te lastimó aquí? – el menor recordó el golpe en la pared y mordió su labio inseguro – Por favor, dime para curarte
― Creo… creo que también en la espalda – susurró –
Alexandre apretó con fuerza su puño y lo soltó asintiendo, el mayor aplicó la crema en la muñeca del menor y en los brazos. Después el menor se giró quitándose la camisa y permitiendo que el mayor observe su espalda.
Aiden tenía algunos pequeños moretones que Alexandre suponía que eran de los golpes de Esteban, sin embargo, el más grande se encontraba en el centro. Podía reconocer aquel golpe en cualquier lugar, era su forma clásica de intimidación de aquel idiota.
― Esto dolerá un poco – susurró y el menor asintió –
Aiden mordió su labio inferior cuando el mayor aplicó la crema, sin embargo, a pesar del poco dolor que sentía, estaba cómodo. Aquel chico que había extrañado durante los 4 meses anteriores ahora estaba cuidándolo y no podía evitar sentirse feliz por eso.
Cuando Alexandre terminó ambos se volvieron a sentar en la cama, incómodos, era consciente de que necesita impulsar esto para saber que ocurría con él. Sin embargo, le asustaba lo que tuviera por decir y no sabía si debía ayudarlo para empezar a hablar.